Artículos de investigación

 Oficios concejiles privativos de los caballeros hijosdalgo en el siglo XVII (I)

Los caballeros hijosdalgo de Cuéllar y su Tierra, eran los descendientes de aquellos primeros repobladores que en los documentos medievales aparecen nombrados como “Caballeros, escuderos, dueñas e doncellas”, es decir la clase alta de la villa, una especie de nobleza sin título. Estaban organizados en ocho linajes, divididos a su vez en dos partidas: La de Arriba, formada por los linajes de los Oyados, los Concejales, el de Ortún Velasco y el de Pedro Puerco; y la de Abajo, por el linaje de Sancho Vela, el de Hernán Gómez, el del Obispo y el de Don Fernando.
Algunos oficios de regidores, escribanos y procuradores generales estaban reservados exclusivamente para ellos, se heredaban dentro de las mismas familias, aunque con frecuencia el “propietario” se lo cedía a otra persona del mismo linaje, suponemos que previo pago pues nadie renuncia gratuitamente a una fuente de ingresos como la que suponía cualquiera de esos cargos.

Trámite, previo, para ocupar una vacante de escribano del estado de los hijosdalgo en el Cuéllar del siglo XVII

Cuando uno de ellos moría se solía hacer una información sobre su defunción, antes de que el sucesor ocupara su puesto. Este es el caso del documento que resumimos y transcribimos a continuación:
El 14 de marzo de 1661, Juan Antonio de Santillana se presenta ante el licenciado Francisco de Adrada Torquemada, corregidor en Cuéllar y su Tierra, para pedirle que se haga una información del fallecimiento en Valladolid, en junio de 1660, de García Álvarez de la Vega, escribano por el linaje de los Oyados; el corregidor ordena al escribano Ángel de Burgos que haga la información solicitada.
A continuación, Juan Antonio de Santillana, presenta los testigos a quienes se toma juramento y se les pregunta lo que saben acerca del tema. El primero en declarar es Pedro García de la Vega, de 60 años de edad, vecino de Cogeces del Monte y hermano del fallecido, quien declara que su hermano murió, de muerte natural, en el convento de San Juan de la Penitencia de Valladolid y que fue enterrado en su iglesia.
Seguidamente declara García de Vallejo, de 40 años, vecino de Cuéllar, quien dijo que García Álvarez de la Vega murió en Valladolid en junio de 1660 en el convento de San Juan de la Penitencia, y lo sabe porque concertó los derechos de su entierro y asistió a él.
Finalmente se interroga a Gregorio Ramírez de Cañizares, de 38 años, vecino de Cuéllar, quien declaró que estando en Valladolid, por San Juan de junio, fue a ver a García Álvarez de la Vega, que estaba enfermo en el convento de San Juan de la Penitencia de Valladolid, preguntó por él y un religioso le dijo que había muerto y que García de Vallejo y Antolín de Cuadrillos habían concertado el entierro.
Una vez hecha la información, Santillana se la presenta al corregidor pidiéndole que mandase al escribano que le diese una copia, y solicitó al escribano Ángel de Burgos que le diera una fe, con transcripción, de uno de los acuerdos tomados en el regimiento extraordinario del domingo 5 de febrero de 1651, en el cual García Álvarez de la Vega presentó un título de escribano del linaje de los Oyados, otorgado por el duque de Alburquerque, oficio que había quedado libre por la muerte de Luis González y no haberse presentado ningún pariente a reclamarlo en los 30 días siguientes al fallecimiento; en ese momento hizo el juramento preceptivo sobre la vara del corregidor y dio las “propinas” inherentes al cargo. (El corregidor o el alcalde mayor eran la máxima autoridad judicial a nivel local, portaban la vara como símbolo de justicia, y así se llamaba “Vara de justicia”, que pervive hasta la actualidad en el bastón de mando de los actuales alcaldes).

Transcripción del documento

Información de la muerte de Garçía Áluarez


 1r. Juan Antonio de Santillana, beçino desta uilla, ante buestra merced parezco y digo que a mi derecho conbiene azer ynformaçión como Garçía Álbarez de la Uega, escribano que fue del número y ayuntamiento desta uilla, es muerto y pasado desta presente bida y que murió en la çiudad de Balladolid por un día del mes de junio que pasó del año de seysçientos y sesenta, a buestra merced suplico la mande reçibir y echa me de un tanto della con la solesnidad nezesaria, que en ello pido justiçia. Juan Antonio de Santillana.
(Al margen) Auto.
Que de la informaçión y dada se hayga ante su merced para probeer justiçia y comisión al presente escribano, lo probeyó su merced el señor lizenciado Don Francisco de Adrada Torquemada, correjidor en esta uilla de Cuéllar y su tierra, en ella a catorce de março de mill y seiscientos y sesenta y un años. El licenciado Adrada. Ante mi, Ángel de Burgos.
(Al margen) Ynformación
En la dicha uilla de Cuéllar dicho día, mes y año dichos, el dicho Juan Antonio de Santillana, para su ynformazión, presentó por testigo a Garçía Áluarez de la Uega (debe ser Pedro, no García), beçino de Cogezes del Monte, del qual yo, el escribano, reçibí juramento por Dios y a una cruz. en forma de derecho, el que le yço bien y cunplidamente y prometió de deçir berdad y preguntado dijo que lo que saue es que un día del mes de junio del año pasado de seisçientos y sesenta Garçía Álbarez de la Uega, su ermano, escribano que fue de esta dicha uilla, murió naturalmente en el conbento de San Juan de la Penitençia de la çiudad de Balladolid y fue enterrado en la iglesia de dicho conbento y eso es público y notorio y la uerdad, so cargo del juramento fecho en que se afirmó y rratificó y lo firmó y dijo ser de sesenta años, poco más o menos, y se alló este testigo a su entierro.

1v. Pedro Álbarez de la Uega. Ante mi, Ánjel de Burgos.

(Al margen) Testigo.
En la dicha uilla dicho día, mes y año dichos, la dicha parte presentó por testigo a don Garçía de Ballejo, beçino desta uilla del qual yo, el escribano, rreçibí juramento por Dios y a una cruz en forma de derecho, el qual le yço bien y cunplidamente y prometió deçir berdad y preguntado dijo que saue que Garçía Álbarez de la Uega, escribano que fue del número y ayuntamiento desta billa, es muerto y pasado desta presente bida y murió en la çiudad de Balladolid, en el conbento de San Juan de la Penitençia de la dicha çiudad y fue por uno de los días del mes de junio que pasó del año de sesenta y vno y eso lo saue por auer conzertado los derechos del entierro y auerse allado a él y esto es público y notorio y la berdad, so cargo del juramento fecho en que se afirmó y rratificó y lo firmó y dijo ser de edad de quarenta años, poco más o menos. Don Garçía de Ballejo. Ante mi, Ánjel de Burgos.
(Al margen) Testigo.
En la dicha uilla el dicho día, mes y año dichos, la dicha parte para su ynformación presentó por testigo a Don Gregorio Rramírez de Cañizares, vecino desta uilla, del qual yo, el escribano, tomé y rreçibí juramento por Dios y a una cruz, en forma de derecho, el qual echo bien y cunplidamente y prometió de deçir la uerdad y preguntado dijo que lo que saue es que estando en la çiudad de Balladolid fue a ber a Garçía Álbarez de la Uega, escribano que fue desta uilla que estaua enfermo en el conbento de San Juan de la Penitençia y preguntando por él le dijo un rrelijioso que ya abía espirado dicho Garçía Álbarez y que Don Garçía de Ballejo y Antolín de Quadrillos abían conzertado el entierro y esto fue por San Juan de junio que paso deste año de sesenta y es público y notorio y la uerdad, so cargo del juramento fecho en que se afirmó y rratificó y lo firmó de su nombre y dijo ser de treinta y ocho años, poco más o menos. Don Gregorio Ramírez de Cañizares. Ante mi, Ánjel de Burgos.
(Al margen) Petición.
Juan Antonio de Santillana, bezino desta uilla de Cuéllar

2r. ante vuestra merced parezco y digo que yo tengo echa la informazión ofreçida conforme a mi pedimiento atento lo qual a buestra merced suplico mande que el presente escribano me de un tanto de ella para en guarda de mi derecho para presentarla a donde conbenga que es justicia que pido. Juan Antonio de Santillana.
(Al margen) Auto
por presentada y bista por su merced mandó se le lleben los autos para probeer justiçia y abiéndolos bisto dijo que mandaua y mandó que el presente escribano le entregase un tanto de la dicha informaçión y signado y firmado en pública forma y en manera que aga fee que al dicho traslado y a su original interponía e interpuso su autoridad y decreto judiçial en forma para que balga y aga fee en juycio y fuera del y la presente a donde conbenga, lo probeyó su merced del señor licenciado Don Francisco de Adrada Torquemada, correjidor en esta uilla de Cuéllar y su tierra en ella a catorze de março de mill y seisçientos y sesenta y un años y lo firmó. El licenciado Adrada. Ante mi, Ánjel de Burgos. E yo, el dicho Ánjel de Vurgos, escribano del ayuntamiento y número desta uilla de Cuéllar y su tierra presente fui a lo que de mi se hace mención y concuerda con la información y demás autos orexinales que en mi poder quedan a que me rrefiero en el sello quarto y lo signé y firmé día del auto de arriua.
En testimonio. Rúbrica. de verdad.
Ánjel de Burgos.
Información de la muerte de Garçía Álbarez de la Vega, escribano que fue de el número de Cuéllar.

Yo, Ánjel de Burgos, escribano público, uno de los del número y ayuntamiento desta uilla de Cuéllar y su tierra, aprobado por el rrey nuestro señor, doy fee y testimonio de berdad a los que el presente bieren como en el rrejimiento que yço la justiçia y rrejimiento traordinario del domingo çinco de ebrero de año pasado de mill y seiscientos y çinquenta y uno entre los acuerdos que se yçieron pareçe uno del tenor siguiente;
Este día presentó un título de escribano de los Oyados, partida de arriba, Garçía Álbarez de la Uega en que su excelencia el Duque, mi señor, le açía merced por los días y bida del suso dicho por fin y muerte de Don Luis González, por no se aber presentado en los treynta días el pariente que le tocaua y bisto por sus mercedes le obedeçieron y ordenaron que yçiese el juramento neçesrio y se le admitió sin perjuizio de terzero que mejor derecho tenga del dicho oficio, el qual yzo el juramento en forma en la uara del corregidor de azer bien y fielmente el dicho ofiçio de tal escribano y que diese las propinas como se acostunbra y manda en el dicho título y las dio en dicha conformidad.
Lo qual consta más largamente de el dicho acuerdo y queda escrito en el libro de los Acuerdos del dicho año y queda en las casas y archibo de su ayuntamiento y para que dello conste de pedimiento de Juan Antonio de Santillana di el presente en esta uilla a catorze de março de mill y seiscientos y sesenta y un años. Y en fee dello lo signé y firmé. En testimonio. Rúbrica. de verdad.
Ánjel de Burgos.
  
Texto, transcripción y fotografías: Julia María Montalvillo García


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El Entierro de Cristo y la ceremonia del Descendimiento en Cuéllar
Por Xurde Smith
Una de las imágenes más características de la Semana Santa en Cuéllar es la que conocemos popularmente en nuestra villa como el Cristo Yacente o Cristo de la Urna, que representa el Entierro de Cristo. Con ella las cofradías de la Cruz y de la Soledad llevaron a cabo en nuestra villa la escenificación de la ceremonia del Descendimiento, al menos desde el siglo XVII hasta el último tercio del siglo XIX.


En las siguientes líneas intentaremos profundizar tanto en la propia imagen, como en las características generales de dicha escenificación y en las particularidades con las que se celebraba en Cuéllar, aprovechando que es la imagen elegida para el cartel oficial de la Semana Santa de este año.

Imagen del Entierro de Cristo
El cronista oficial de nuestra villa se aventuró erróneamente en su Historia de Cuéllar a atribuir la pertenencia de esta imagen a la capilla familiar de los Rojas en el monasterio de san Francisco. Este error fue debido a una mala lectura del documento en el que apoyó su afirmación: la bula de indulgencia expedida en 1578 por Gregorio XIII, que la familia consiguió para las misas que se dijeran en el altar de su capilla, dedicado a Nuestra Señora, y no a Nuestro Señor, como creyó leer Balbino Velasco. El documento dice textualmente:
«... que con cada missa que se dixere y çelebrare en el altar de la ymbocaçion de Nuestra Señora questa sixto en la capilla de los Rojas questa en la yglesia y monasterio de San Francisco [...] de la villa de Cuéllar [...] la anima por quien se dixere consiga del Thesoro de la Yglesia yndulgençia [...] y sea libre de las penas del purgatorio».

Confirma que esta imagen no pertenece a la capilla de los Rojas la declaración de fray Francisco Calderón quien, en 1679, escribe que «no debe pasarse en silencio la capilla de los Velázquez, que llaman del entierro de Christo, por tener una santísima y muy devota imagen de Nuestro Señor en el sepulcro». Esta noticia invalida la afirmación hecha por Balbino Velasco y pone de manifiesto su verdadero origen.


Una vez aclarada su procedencia, podemos detenernos en su datación. Se trata de una talla barroca correspondiente al siglo XVII, y que fue fechada por Juan José Martín González en la última década de dicho siglo[1]. El testimonio de fray Francisco Calderón nos confirma que es anterior a 1679, pues ya entonces tenía una gran devoción, y debe existir un margen cronológico anterior en el que surgiese dicha devoción; por ello, podríamos situarla su realización a mediados del siglo XVII sin incurrir  en error.

Tampoco se ha esclarecido nada sobre su autoría. Ha sido adjudicada a la escuela del escultor Gregorio Fernández, máximo representante de la escuela de escultura barroca castellana, famoso en la imaginería procesional por sus obras referentes al entierro de Cristo, como por ejemplo el existente en la iglesia de San Miguel y San Julián, el de San Pablo, o el que regaló Felipe IV al monasterio de san Joaquín y Santa Ana (actualmente en el Museo Nacional de Escultura), todos en Valladolid. También son obra suya el que se conserva en El Pardo y el de la catedral de Segovia. 

Sabemos que su taller realizó un gran número de copias a lo largo del siglo XVII. Curiosamente uno de sus discípulos fue Alonso de Mondrevilla, a quien encontramos avecindado en Cuéllar en el año 1600, realizando una talla de san Roque para la parroquia de Piñel de Abajo (Valladolid). ¿Fue Alonso de Mondrevilla el autor del “Cristo Yacente” de Cuéllar? Por el momento no existen datos que puedan ratificar esta hipótesis y adjudicarle su autoría, pero merece la pena puntualizarlo por si en un futuro puede ayudar a confirmar o desmentir esta hipótesis. Sobre este escultor, nacido posiblemente en Medina del Campo hacia 1560, sabemos que trabajó en el retablo mayor de la catedral de Plasencia (Cáceres), y que es obra suya la Virgen del Rosario de Ciruelos de Coca (Segovia), fechada en 1590. 

La imagen que nos ocupa, el Cristo Yacente, representa el cuerpo inerte de Jesucristo una vez descendido de la cruz, con las heridas provocadas por los soldados, que pretenden hacer un llamamiento al llanto y el dolor de los penitentes, tendencia marcada en el Siglo de Oro e influida por el espíritu de la Contrarreforma, que fue muy reflejada por la escuela castellana.







En origen fue una imagen articulada, con el fin de recrear la ceremonia del desenclavo o descendimiento, pues su postura nos indica claramente que fue realizado para verle crucificado, como se puede apreciar en la rigidez del paño de pureza,
 




la postura de los pies, uno sobre otro, como si aún estuviera en a cruz, la posición de la cabeza sobre el pecho

 y los dedos de las manos que se doblan hacia las palmas. 

 


Lamentablemente, durante una restauración, los brazos fueron inmovilizados por lo que en la actualidad no es posible extenderle los brazos. 






 Sabemos, además, que estaba ubicado en un altar dentro de su capilla, como se desprende del testamento de Jerónimo Senovilla, vecino de Cuéllar, otorgado en esta villa en 1742 ante el escribano Antonio de Figueroa; entre otras mandas, el otorgante, ordenó que dijeran varias misas en dicho altar, refiriéndose a él como “El Entierro de Cristo”.


La ceremonia del Descendimiento
Las representaciones del nacimiento, pasión y muerte de Jesucristo están íntimamente ligadas a san Francisco de Asís y a su orden. Al propio santo se le debe la instalación del primer belén o nacimiento del que se tiene noticia, en una cueva próxima a la ermita de Greccio (Italia) en la Nochebuena de 1223. Por ello, la escenificación de la ceremonia del Descendimiento de Cristo, conocida en algunos lugares como «el desenclavo» también tiene origen franciscano, originalmente con personas que hacían de actores, hasta la llegada del Concilio de Trento que, en 1563, promulgó la necesidad de catequizar a los fieles mediante imágenes, proliferando las esculturas procesionales para las cofradías.

Sobre esta ceremonia y su modo de ejecución nos aporta la conservadora Ruth Fernández González, en su tesis doctoral, lo siguiente:
«El auto sacramental se representa estructurado en varias escenas. La primera de ellas, la Adoratio Crucis, la adoración de la cruz, se representaba después de las tres de la tarde, hora de la muerte de Cristo, en el interior de la iglesia. Dos diáconos sacaban el crucifijo en procesión cubierta con una tela que se retiraba una vez acabados los cánticos de arrepentimiento. Adoraban la cruz y besaban los pies de la imagen. La Depositio crucis era la escena del descendimiento, la escenificación de bajar a Cristo muerto de la Cruz y el Santo Entierro de la imagen. La última escenificación del Viernes Santo era la Visitatio Sepulcri. En ella las tres marías acuden a visitar la tumba de Jesús. Finalmente es la Elevatio, el Domingo de Resurrección, Cristo volvía de nuevo al altar mayor».

Esta representación es muy característica de los franciscanos, muy especialmente dada en Castilla, aunque se da también en Extremadura, Aragón, Galicia y otros puntos de la geografía española. Una de las pocas obras pictóricas que plasman esta representación se conserva en Medina del Campo (Valladolid), en un cuadro fechado en 1722 que ilustra estas líneas. 


 El Descendimiento en Cuéllar
Los franciscanos de Cuéllar participaron de las mismas tradiciones que el resto de la orden y, si ya en el siglo XVII contaban con un misterio para representar el Nacimiento de Jesucristo, no iban a ser menos a la hora de hacerlo con su Pasión y Muerte. La ceremonia del descendimiento se representó en Cuéllar al menos desde el año 1684, primero en el que aparecen en los inventarios de alhajas y ornamentos los anjeos (un tipo de lienzo basto)[2] con los que era colgada la imagen de Cristo en la capilla mayor.
Suponemos que se custodiaba en su altar dentro del sepulcro durante todo el año, y el día de Jueves Santo era colgado en la capilla mayor. Nos atrevemos a imaginamos la escena visible ese día de Jueves Santo a partir de las noticias que tenemos:
«En una atmósfera casi mágica dentro de la iglesia franciscana, ese azul que tanto llama la atención de día pierde ahora protagonismo en la noche frente al dorado del techo de la nave central, con un brillo especial acentuado con infinidad de velas por las que gotean devoción y promesas. Los altares están cubiertos con velos, y al levantar la vista en tan grande lugar nos encontramos con Cristo ya muerto, colgado en medio de la capilla mayor, icónicamente esperando el momento. Desde dentro se escucha un leve murmullo en la calle, al salir a la puerta vemos el motivo de tal: ya se ve doblar la esquina de la huerta de santa Ana a la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, que un año más lleva a cabo su tradición y baja a su imagen titular en andas desde la iglesia de san Martín. Es de noche, siempre de noche, se escucha cómo sus nazarenos golpean sus cruces de madera al andar. Iluminan el camino las velas que acompañan el cortejo, y de pronto, la Madre alcanza la puerta. Una escena que aunque esperada sigue siendo desgarradora: la Madre contempla el triste final del Hijo, muerto en la cruz… y cuando el gentío regresa a casa allí se queda ella, con toda una noche que compartir con el cuerpo finado de su vástago».

Aunque con dramatismo, este relato envuelve muchos datos históricos reales: los colores del templo, la bajada de la Soledad desde san Martín, de noche, con nazarenos portando cruces y velas, la iglesia colgada[3]…Esta impactante imagen lleva sin repetirse en Cuéllar posiblemente desde el último tercio del siglo XIX, cuando las imágenes son trasladadas a la parroquia de san Miguel, y este tipo de manifestaciones desaparecen en tantos lugares.

Al día siguiente, Viernes Santo, tenía lugar el Sermón del Descendimiento (también conocido como Sermón de las Siete Palabras), que tenía a cargo la cofradía de la Soledad. Se celebra a las seis de la tarde, y en él, el oficiante narra las siete palabras que, según el Evangelio, Jesús pronunció en la cruz: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen», junto a otras citas bíblicas. Acabado el sermón, se reza una oración a la Virgen, y ante ella comienza el descendimiento del cuerpo inerte de Jesucristo, y una vez introducido en el sepulcro, se inicia la procesión. En Cuéllar se llamaba la procesión del Entierro de Cristo, y participaban la cofradía de la Cruz y la de la Soledad, que era la encargada de portar las insignias de la pasión.
En otros municipios cercanos como Olmedo (Valladolid) conservaron la tradición hasta la década de 1940, mientras que Peñafiel aún la conmemora. En la actualidad son numerosos los municipios que continúan celebrando esta escenificación, entre los que destaca Bercianos de Aliste, en la provincia de Zamora, donde se remonta a 1615. Por su parte, aquellos que la perdieron en el devenir de los tiempos tratan de recuperarla, como lo hiciera en el año 2012 la cofradía de la Soledad de Cáceres, tras dos siglos en el olvido.




[1] “Escultura barroca castellana”, 1959, tomo I, p. 106
[2] El Diccionario de Autoridades lo define como “Lienzo de estópa, ò lino basto y grosséro, que se trahe de fuera de estos Réinos, y comunmente de la Provincia de Anjou en Francia, por cuya razón se llama Angéo.
[3] Es posible que en la velación de las imágenes sobreviva el velo de Cuaresma, mencionado ya en el siglo XI y que al empezar este período litúrgico se suspendía delante del altar mayor. Thurston  relaciona el origen del velo cuaresmal con la antigua disciplina de la penitencia: así como los penitentes públicos eran expulsados del templo, de un modo análogo los otros fieles, que recibiendo la ceniza al principio de la Cuaresma se declaraban penitentes voluntarios, veíanse privados al menos de la vista del santuario, del altar.”

Parientes, criados y allegados de un señor de la 

Tierra de Campos: 

El testamento de Fernán Gutiérrez de Vega, 

señor de Grajal de Campos (1435)

Víctor Muñoz Gómez

Instituto Universitario de Estudios Medievales y Renacentistas. Universidad de La Laguna

Probablemente existen pocos documentos más ricos que los testamentos para estudiar las formas de sociabilidad que afectaban a la aristocracia en el Occidente del final de la Edad Media y, más en concreto, a la de este cuerpo social en la Corona de Castilla durante esta época. En este sentido, la casa era el marco preferente para el desarrollo de esas relaciones sobre las que se sostenía su poder. Hemos de entender por casa, dentro de los diversos sentidos con los que este término se usaba en la Baja Edad Media en los medios aristocráticos, el conjunto de personas ligadas al servicio de un señor y situadas en condición de dependencia respecto a éste. Un entorno humano vinculado en términos de dependencia, cohabitación, patronazgo, servicio y retribución a la autoridad de un señor y que, en esta época, podía reunir, dependiendo del rango y calidad social de tal señor a un número variable aunque siempre importante de parientes, dependientes y allegados. Éstos a menudo son referidos por las fuentes con términos como criados, vasallos, hombres de, acostados, etc., dependiendo de las relaciones de parentesco y clientela que compartieran con su señor.
Los fondos del Archivo de la Casa Ducal de Alburquerque albergan no pocas piezas de extraordinario valor para el conocimiento de este personal integrado en las parentelas y casas de la aristocracia de la Castilla bajomedieval y que nos ayudan a comprender mejor el funcionamiento de estas estos entornos de relación. Buen ejemplo de ello son los propios testamentos e inventarios de la casa de don Beltrán de la Cueva sus descendientes. Sin embargo, en esta ocasión nos ocuparemos de una pieza documental de notable valor en tal sentido, que nos sitúa en las primeras décadas del siglo XV en el territorio de la Tierra de Campos. Se trata del testamento de Fernán Gutiérrez de Vega, señor de Grajal de Campos, en la provincia de León, un personaje de notable relevancia en su época en el reino y, de hecho, fundador del linaje de los condes de Grajal, título que terminaría incorporándose con su patrimonio y archivos a los de la casa de los duques de Alburquerque.
Concesión de la villa de Grajal

Fernán Gutiérrez de Vega, fue un personaje perteneciente a familia aristocrática de rango medio de la zona occidental de la Tierra de Campos. Su fama y fortuna está ligada a su condición como uno de los individuos de mayor confianza de la casa del infante Fernando “el de Antequera”, hermano del rey Enrique III y tío, tutor y regente de su sobrino, el rey Juan II, durante su minoría de edad. Fernán Gutiérrez sucedió a su padre Lope Fernández de Vega, a su muerte, como repostero mayor del infante Fernando y desde entonces su carrera al servicio de su señor muestra su notable influencia en torno a éste.

Así, Fernán Gutiérrez fue uno de los principales agentes del infante en los negocios que lo llevaron hasta el trono de la Corona de Aragón entre 1410 y 1412, ejerciendo como emisario ante el parlamento de Cataluña y ante los compromisarios reunidos en Caspe para dirimir la sucesión del rey Martín el Humano. 

Como recompensa a su buen hacer en Castilla y en la Corona de Aragón, a comienzos de 1413 el ya rey Fernando I le hizo merced de la villa de Grajal de Campos, cabeza del señorío que consolidarían sus descendientes. Fernán Gutiérrez, en efecto, siguió a su señor a la Corona de Aragón, convirtiéndose en ujier de armas de la casa del rey y miembro de su Consejo Real. Ese mismo año fue nombrado nada menos que maestre portulano del reino de Sicilia, pasando en 1414 a la isla en el ejercicio de su oficio como uno de los vicerrengentes para el gobierno de este reino junto con el doctor Martín de Torres, el maestre de Montesa, el perpiñanés Llorenç Redó y el cuellarano Fernán Velázquez de Cuéllar, canciller del rey y maestre secreto del reino de Sicilia. Allí permaneció hasta la muerte del rey, ejerciendo también como castellano de la estratégica fortaleza de la ciudad de Catania y sirviendo al infante Juan de Aragón desde 1415, cuando éste se trasladó a Sicilia para ejercer como regente de este reino y se intentó sellar, infructuosamente, su matrimonio con la reina de Nápoles.
Tras estos años, en 1416, fallecido Fernando de Antequera, Fernán Gutiérrez de Vega regresó, como buen número de los castellanos que habían acompañado a aquél a la Corona de Aragón, a Castilla. Allí se ocupó de administrar y seguir ampliando su patrimonio señorial en la zona occidental de la Tierra de Campos, en torno a la villa de Grajal aunque residiendo habitualmente a caballo entre sus dominios, las villas de Mayorga y Villalón y la corte del infante Juan de Aragón. Precisamente, hasta 1430 siguió al servicio del infante Juan, rey de Navarra desde 1425 gracias a su matrimonio con la heredera de este reino, Blanca de Navarra. Hay que recordar que don Juan había sido principal heredero del rey Fernando I de Aragón en Castilla, como señor de Lara, duque de Peñafiel y conde de Mayorga, entre otros títulos, siendo Fernán Gutiérrez de Vega su canciller y alcaide del alcázar de Mayorga. Tras la derrota de los “infantes de Aragón” en la guerra que los enfrentó contra el rey Juan II y el partido liderado por el valido Álvaro de Luna, Fernán Gutiérrez de Vega y su esposa María Rodríguez de Escobar fueron capaces de mantener su posición, fieles al rey de Castilla, ampliando aún más sus bienes en el valle del río Valderaduey hasta la muerte de Fernán Gutiérrez en 1435.
No corresponde aquí tratar sobre los bienes reunidos por la pareja desde los últimos años del siglo XIV – asunto, por otro lado, tratado por el profesor Alfonso Franco Silva en una meritoria monografía –sino que nos centraremos en analizar el testamento otorgado en 1435 para disponer de las últimas voluntades espirituales y materiales de Fernán Gutiérrez de Vega y, más específicamente, a partir de él, ese entorno de parientes, criados y personas afines ligadas a su casa. 
El documento, conservado en el fondo Grajal del Archivo de la Casa Ducal de Alburquerque (Cª. 196, leg. 4, nº. 3), consta de 5 pliegos en papel y fue otorgado por los testamentarios de Fernán Gutiérrez, previsiblemente ante el mal estado de salud de éste como para hacerse cargo de este último negocio jurídico. Su datación concreta ha de situarse en 1435, no más tarde del 21 de septiembre de 1435, pues en esa fecha se confeccionó un inventario post mortem de las joyas que habían pertenecido a su viuda, María Rodríguez de Escobar, mencionada como viva en el testamento y que, como puede verse, siguió poco después a su esposo a la tumba (Este inventario se conserva en el Archivo Municipal de Mayorga, Cª. 469, Carp. 8).
Considerando ya, pues, a las personas citadas en ese testamento de Fernán Gutiérrez de Vega y que pueden vincularse a su entorno, encontramos recogidos un número no desdeñable de individuos. Por una parte, hasta 11 parientes consanguíneos. Por la otra, más de 21 criados pero también amigos, aliados y compañeros u otro vinculados. Ciertamente, no se trata de la totalidad de su casa pero no son escasos datos, teniendo en cuenta la naturaleza del documento, su extensión y la categoría social de Fernán Gutiérrez, un señor laico de un nivel intermedio para los parámetros de la época en que vivió. En efecto, aquí hallaremos significados a los personajes más directamente ligados con el señor, aquéllos de mayor confianza, con los que se reconocían los lazos más estrechos o mayor convivencia se había tenido. Eso afectaba a que fueran rememorados en estos momentos postreros, claves para la representación del poder de los miembros de la aristocracia de la Baja Edad Media, para la perpetuación de su memoria y para la transmisión de su legado.
Monasterio de San Pedro de la Santa Espina
Así, entre sus parientes encontramos nombrados tanto a vivos como a difuntos. Primeramente, entre estos últimos se nos habla de su padre Lope Fernández de Vega, de Marina Íñiguez, su madre, y de María Íñiguez, su hermana, y Juan de Vega, su hermano, a cuenta de su entierro en la capilla que mandaba realizar para sí y sus ancestros en el monasterio de San Pedro de la Espina. Por otro lado, entre los vivos se recoge 7 personas: su esposa María Rodríguez de Escobar, sus hijos Lope de Vega y Fernando de Vega y sus hijas, María, mujer de Rodrigo de Prado, Brianda, mujer de Nuño Cabeza de Vaca, y Leonor, aún soltera. Por fin, también se refiere a su tía Urraca Fernández. Un entorno parentelar relativamente estrecho, alejado de la perspectiva amplia que podríamos manejar del linaje y que nos aproxima más a una cierta idea de familia nuclear a la que se suman un número muy restringido de colaterales próximos, en la que aparecen la viuda, los vástagos del testador y unos pocos parientes de éstos. 


 



En cualquier caso, las referencias al entierro en un panteón familiar que va a fundarse de los padres y hermanos de Fernán Gutiérrez de Vega y las referencias a los mayorazgos con que se había dotado a Lope y Fernando de Vega sí nos muestra algunos indicios de interés sobre el afán de Fernán Gutiérrez de establecer las bases que fijasen el fundamento del linaje que en torno a él y el señorío de Grajal pretendía establecer.
Por lo que toca a los criados y otras personas afines, nos encontramos con el siguiente listado, 21 personas aparecen reflejadas por sus nombres, más otras tantas más que son recogidas de forma genérica. Los motivos para ello son diversos pero pueden sintetizarse en el ejercicio como testamentarios del difunto, su condición como beneficiarios de mandas señaladas por su señor o la de acreedores suyos a los cuales se ordenaba satisfacer las deudas pendientes. Se trata de:
Alfonso de Urueña, abad de San Pedro de la Espina, testamentario.

Gonzalo Muñoz de Madrigal, vecino de Mayorga, su criado, testamentario.

Alfonso Iuan, vecino de Robladilla.

Fernán González de Villapadierna, su criado, testamentario.

Rodrigo de Vega, escudero suyo.

Rodrigo de Vega, escudero suyo.

Juan de San Pedro, su criado.

Perico de Escobar, su criado y paje.

Pedro de Campuzano
Lope Ardín


Juan de Sahagún, su criado.Nuño de Mata.


Abraham Abogado, judío, vecino de Grajal, mayordomo de Fernán Gutiérrez.

Juan de Nuceda, escudero que fue de Fernán Gutiérrez.

Pedro Triguero, su criado.

Juan Vaquero el mozo.

María Juan de Valverde.

Álvar Rodríguez de Escobar.

Pedro de Caduérniga.

El abad de Sandoval.

Alfonso Martínez y Fernán Pérez, tenderos, vecinos de Villalón.

De forma mucho más genéricas, este elenco se amplía gracias a otras noticias recogidas en el testamento. Por una parte, la existencia de otras más deudas que pudiera haber y que afectarían por tanto a otras personas no mencionadas, de las cuales sí se reconocen al menos una de 3.300 maravedís con varios individuos no individualizados. Por otra parte, los … escuderos de tierra, con escuderos de quitaçiones, con omes de pie, acemileros, collaços, rapaçes e esclaruos… que estaban o vivían con el señor en el momento de su finamiento, normalmente para que se cumpla con el pago de lo que se les debiera hasta la fecha o bien para que los testamentarios y el principal heredero del señor tomaran cargo de estos hombres dependientes. Así pues, nos encontramos con un entorno social de relación en el que hallamos hasta 28 individuos vivos, entre parientes y otros personajes dependientes o con los que se había establecido tratos duraderos en el tiempo, si bien es evidente que esa red de relaciones de Fernán Gutiérrez de Vega circunscrita a su casa era mucho más extensa, tanto por lo que tocaba a sus yernos – aliados por matrimonio de sus hijos –, criados no específicamente nombrados y las distintas personas que a todos ellos se podían ligar.
Entrando a valorar la importancia de todas estas relaciones recogidas en el testamento de Fernán Gutiérrez de Vega, destaca la presencia de la viuda. Lo hace, especialmente, ligada al reconocimiento de sus derechos sobre sus propios bienes aportados al matrimonio y sobre los gananciales adquiridos por la pareja durante su vida en común. Una muestra, si se quiere indirecta, de ello puede localizarse en el inventario de las joyas que pertenecieron a María Rodríguez de Escobar, viuda de Fernán Gutiérrez de Vega, realizado tras su muerte en 1435, poco después de la de su esposa, y que recoge toda una serie de alhajas y otras piezas en metales preciosos. En el testamento de su marido se recogen de forma detallada los ajuares de cámara y de mesa, ropas de cama, mantelerías, mobiliario doméstico y revestimientos para las cámaras, equipamientos de cocina y también las piezas de vajilla de plata, de uso común por la familia señorial pero que son comprendidos claramente como un patrimonio a gestionar por el señor. También aparecen, por otro lado, los bienes particulares de Fernán Gutiérrez de Vega, entendidos como tales sus monturas – caballos y mulas – bestias de carga y las armas ofensivas y defensivas de la armería señorial – no todas usadas por él mismo, como veremos –, además de algunas joyas como collares, cuentas de oro, piedras preciosas o perlas. Efectivamente, lo que no aparece en el testamento en ningún caso son los bienes privativos de la esposa del señor y que ella gestionaba particularmente, entre los cuales han de considerarse justamente también sus vestidos o sus joyas.

 Entre los criados destacan escuderos, pajes, mozos y servidores o incluso vasallos y oficiales señoriales como Abraham Abogado, judío, vecino de Grajal, mayordomo de Fernán Gutiérrez de Vega. A ellos se les reconoce el pago de retribuciones adeudadas pero también la entrega de determinados bienes del testador en recompensa por la continuidad del servicio a él prestado y de cara a su establecimiento futuro tras la muerte de su señor. Incluso, la influencia de algunos de esos criados y vasallos dentro de la estructura de ejercicio del poder señorial, en paralelo a la de los parientes consanguíneos, queda remarcado con el nombramiento de los testamentarios. En este caso, fueron designados Gonzalo Muñoz de Madrigal, vecino de Mayorga, y Fernán González de Villapadierna, criados de Fernán Gutiérrez de Vega, junto con don Alfonso de Urueña, abad del monasterio de San Pedro de la Espina. A ellos se otorgó carta de poder de su señor para poder disponer su testamento, dejándose en este caso de lado a cualquier pariente, incluida su mujer o sus dos hijos mayores, Lope de Vega y Fernando de Vega, para los cuales se habían formado sendos mayorazgos.
Inventario de las joyas de María Rodríguez de Escobar
(1435-IX-21, Mayorga)
- 1 caja pintada en que yacían 19 tocas y 1 franja y 6 piezas de guarnición de adaraga doradas y un sello de plata de las armas de mosén Fernando con otras cosas menudas.
- 1 caja de cuchillos
- Otra caja negra con 8 peines.
- Otra caja con 4 madejuelas de filo de oro y 2 dedales y 1 tornillo y un ganchete y una bolsa.
- 4 copas con sus sobrecopas doradas y esmaltadas.
- 5 copas de pies llanas.
- 1 aguamanil dorado y esmaltado y un jarro blanco y un plato de plata grande y una taza pequeña; abollones en el fondón.
- 22 cucharas de planta en una caja.
- En una arca con un pedazo de leche de Santa María
- Una cinta de caderas y un petral de 48 esslauones y 12 cencerros de plata dorados y un peso con su mazo.
- 1 frutero bosslado
- 1 çinta negra de cuero con se ferilla de oro e con 58 chatones de oro sin cabo.
- Otra cinta de un texillo negro guarnida de plata dorada.
- Una bolsa negra de seda con 3 doblas de la Banda y 1 nobre de Ingraterra y 1 real
- 1 hilo de corales gruesos en que hay 130 piezas.
- 1 tajuela en que yace un firmalle (joya en forma de broche) de oro que hay dos balajes y un diamante pequeño y dos perlas y una vánora de nácar guarnida de oro con siete perlas.
- 1 arquilla de hueso donde yacen (9) "sortijas", 1 cornalina, 1 turquesa, 1 esmeralda
y 2 çafyles y 2 diamantes y 1 verga de oro y otras de plata.
- 1 cruz pequeña negra guarnida de oro y 1 de oro.
- 3 pedazos de cornalinas.
- 1 filo de patresnostres de oro en que hay 25 patresnostres gruesos y 26 menores.
- 1 guirnalda de plata dorada en que hay 16 rosas guarnidas de perlas y de piedras salvo la una que falleçe una piedra.
- 1 haua de cristal guarnida de oro.
- 1 pedazo de coral guarnido en plata.
- 1 filo de paternostres de coral y de oro en que hay 57 corales y 75 paternostres de oro.
- 1 almohanaca de aljófar toda cumplida.
- 1 aluanega (un tipo de cofia) de oro y de aljofar toda cumplida.
- 1 alfaite de aljófar con 6 alcorçíes y 6 rosquelas.
- Otro alfaite de aljófar en que hay 9 alcorcíes
- 1 red de aljófar y otro aljófar menudo que pesa todo con el paño en que está envuelto 1 marco y tres onzas poco más o menos.
- Otro hilo de corales en que hay 172 corales y 23 sartas de plata doradas.
- Unos paternostres negros en que hay 92 cuentas de oro.
- 15 firmalles guarnidos de piedras de vidrio y de perlas según por ellas parecía.
- 1 cinta de texillo negro guarnida de plata dorada con cabo y fonilla.
- 1 canotillos de plata dorados en un paño ¿dorado?
- 2 mangos de ¿caniuedes? de cornalinas.
- 2 ¿biochaditras? de plata doradas en que hay 67 botones menudillos


Dentro de estas recompensas, cabe decir que su naturaleza era sumamente variada, tocando a patrimonios y derechos señoriales y cantidades de dinero en metálico de una cierta cuantía pero que, en la mayoría de los casos, era modesta. Hablamos de cantidades de dinero líquido entre los 5.000 y unos pocos cientos de maravedís, de cabalgaduras, armas y piezas de arnés defensivo o incluso, más raramente, alguna prenda de vestir que pertenecía a la cámara de su señor. Respecto al armamento citado, cabe señalar, además, que en muchos casos estos criados ya estaban utilizándolo en vida de su señor pese a que esos objetos perteneciesen a éste, como se detalla con la entrega de caballos, cotas, bacinetes, brazales, manoplas y fojas a algunos de estos hombres.
Ejemplos de mandas a criados y otros afines de Fernán Gutiérrez de Vega
o        Rodrigo de Vega, escudero suyo, el potro rucio en que andaba y las armas que tenía de su señor afuera de la cota.

o        Perico de Escobar, su criado y paje, el potro morcillo que compró en Medina de Rioseco, armas para su cuerpo las que hubiere menester, una cota y 1.000 mrs. para vestir

o        Juan de Sahagún, su criado, 1.000 mrs. y que devuelva la cota que de él tiene.

o        Se hagan cuentas con los escuderos de tierra, con escuderos de quitaciones, con hombres de pie, acemileros, collazos, rapaces y esclaruos que tenía Fernán Gutiérrez a su finamiento para cumplir lo que se les debía.
o        Juan de Nuceda, escudero que fue de Fernán Gutiérrez, 300 mrs. por cargo del tiempo en que venía él.


·         Deudas con un Juan Vaquero el mozo, por las yeguas que su padre dejó y le tomó Fernán Gutiérrez.


·         Se destinen para casar 7 mozas de sus lugares de Torre, Castrillo, Villalinvierno, Valverde y Robladilla, 600 mrs., a cada y 5 varas de paño a 30 mrs. la vara, que sean honestas, virginales y de nombre María – si no las hubiera, de otro nombre –, en devoción a la Virgen.



Por fin, merecen la pena reconocer que, para el cumplimiento del testamento, también se requiere a los testamentarios que cobren deudas que otras personas y colectivos tenían contraídas con Fernán Gutiérrez de Vega. Por esta vía también es posible reconocer algunos otros lazos de relación con otros allegados a su casa. Así, algunas de ellas podían resultar más moderadas, como las de Pedro de Cabuérniga, de 4.000 maravedís, o la del abad de Sandoval, de 5.000 maravedís. Sin embargo, en otros casos eran mucho más severas. Otro señor de la misma comarca terracampina y relevancia pareja a Fernán Gutiérrez de Vega, con el cual, además, se hallaba emparentado, Álvar Rodríguez de Escobar, le debía 300 florines de Aragón y 120 doblas baladís mientras que Alfonso Martínez y Fernán Pérez, tenderos, vecinos de Villalón, adeudaban al señor de Grajal hasta 100.000 maravedíes. Estos ejemplos nos muestran la propia riqueza en capital líquido que un señor de la influencia que podía ejercer Fernán Gutiérrez de Vega, un señor que había prosperado a la sombra de los principales parientes del rey de Castilla de su tiempo, Fernando de Antequera y luego el infante Juan de Aragón.
Estos últimos ejemplos nos permiten recapitular sobre cómo también la riqueza – igual que el resto de derechos y bienes señoriales – que se traducían para los miembros de la aristocracia bajomedieval en Castilla en capacidad para atraer y movilizar en su entorno de relaciones al mayor número posible de parientes, criados y allegados posibles. El testamento de Fernán Gutiérrez de Vega es viva muestra de ello, de cómo se levaban a la práctica estos tratos sociales y de cómo sirvieron para consolidar el poder señorial de los señores de Grajal en el área circundante a su señorío en la Tierra de Campos occidental a principios del siglo XV.
BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA
BRESC, Henri, Un monde méditerranéen. Économie et société en Sicile 1300-1450, Roma, 1986, Vol II, pp. 763-766, 849-850.
Corrao, Pietro, Governare un regno. Potere, società e istituzioni in Sicilia fra Trecento e Quattrocento, Nápoles, 1991.
FRANCO SILVA, Alfonso, Grajal de Campos: un señorío leonés en la Baja Edad Media, Cádiz, 2001.
GARCÍA FLORES, Antonio, RUIZ SOUZA, Juan Carlos, “La capilla de los Vega en el monasterio de San Pedro de la Espina (Siglos XV-XVII)”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, 9, 1999, pp. 77-92.
MUÑOZ GÓMEZ, Víctor, “Una aproximación a la presencia castellana en el gobierno de la Corona de Aragón durante el reinado de Fernando”, en FALCÓN, María Isabel (coord.), El Compromiso de Caspe (1412), cambios dinásticos y constitucionalismo en la Corona de Aragón, Zaragoza, 2013, pp. 548-559.
MUÑOZ GÓMEZ, Víctor, “La candidatura al trono del infante Fernando de Antequera y la intervención castellana en la Corona de Aragón durante el Interregno”, en FERRER I MALLOL, Maria Teresa (ed.), Martí lHumà, El darrer rei de la dinastía de Barcelona (1396-1410). L'interregne i el Compromís de Casp, Barcelona, 2015, pp. 1.113-1.161.
MUÑOZ GÓMEZ, Víctor, “Vida material y sociabilidad de casa entre los grupos aristocráticos de la Castilla bajomedieval. Una aproximación a partir de la documentación testamentaria (fin. s. XIV-princ. s. XV)”, en PUIG I AMAT, Neus, VIADER I CROUS, Monte (eds.), La vida quotidiana a l’Edat Mitjana. Actes del IV Seminari d’Estudis Medievals d’Hostalric (20-21 de novembre de 2014, Hostalric), Hostalri, 2015, pp. 199-210.
MUÑOZ GÓMEZ, Víctor, Corona, señoríos y redes clientelares en la Castilla Bajomedieval (ss. XIV-XV). El Estado señorial y la Casa de Fernando de Antequera y Leonor de Alburquerque, infantes de Castilla y reyes de Aragón (1376-1435), tesis doctoral inédita defendida en la Universidad de Valladolid bajo la dirección del profesor Dr. D. Pascual Martínez Sopena, 2015.
Víctor Muñoz Gómez es Doctor en Historia Medieval por la Universidad de Valladolid. Actualmente es investigador miembro del Instituto Universitario de Estudios Medievales y Renacentistas de la Universidad de La Laguna y profesor del Lycée Français “Jules Verne” de Santa Cruza de Tenerife.


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El 1 y el 6 de enero
LA FIESTA DEL NIÑO JESÚS DE LA BOLA
La historia comenzó nada menos que en el siglo XVII. El libro de actas que se conserva en el archivo parroquial se inicia en el año 1.679 y cierra en 1.891. No sabemos qué ocurrió hasta 1.912 en que se inicia otro libro hasta 1.949; otro libro desde 1.950 hasta la actualidad. Pero debemos hacer una observación: no se conoce el libro fundacional, es decir, aquel en que se señalarían los objetivos que pretende la Cofradía, por lo que debemos señalar como muy posible que la fundación tuviera lugar antes de esa fecha indicada de 1.679.
 Imagen del Niño en sus andas procesionales dieciochescas

La propia talla del Niño Jesús es típicamente barroca y fechable en torno a esos años. Últimamente se ha recogido la tradición oral de que la imagen del Niño procediera de Nueva España (México), rasgos que se pueden apreciar en las facciones del rostro, a sabiendas de que ha habido dos Duques de Alburquerque que fueron Virreyes de aquel territorio entonces español.
Es natural el caso de que durante tantos años de vigencia, la Cofradía haya variado de estructuras y de organización. En este sentido señalo que sus primeros cien años las estructuras estuvieron sujetas a la de la propia sociedad estamental del Antiguo Régimen Señorial, por ello no es de extrañar el hecho de que en sus orígenes se contemplara para los cofrades la distinción en dos estamentos, el de los nobles y el del pueblo llano o gentil, diferencias que fueron desapareciendo hasta que en 1.779 se constata en los libros de actas la igualdad de los cofrades.
De forma general los cargos que se establecían entre los cofrades eran los siguientes:

  • El abad: era el párroco de San Esteban. Con la unificación de las parroquias a mediados del siglo XIX, es el de San Miguel. Hoy día cualquiera de los sacerdotes de la parroquia o quien deleguen los mismos.
  • El Mayordomo, que curiosamente tenía que pertenecer al estado llano.
  • Los Regidores: dos hasta 1.779 y cuatro desde ahí en adelante. A veces se constata que eran ellos con el Mayordomo quienes sufragaban los gastos de las celebraciones.
  • Las Varas perpetuas que se constatan en lo que parece que fue una refundación a partir de 1.912. Eran cinco y como su propio nombre indica, no se sometían a sorteo, en todo caso delegaban anualmente el cargo a quien quisieren. Con el tiempo han desaparecido, aunque estaban vigentes hasta los años ochenta del siglo XX.
  • El Notario, al principio ajeno a la Cofradía, luego se le hizo pertenecer a la misma. Se encargaba de redactar las actas. Hoy día este cargo no existe y se encargan los hermanos de su cometido.
  • El Alguacil. Se encargaban de notificar a los hermanos los días y horas de las celebraciones. Hoy día no existe el cargo y su cometido lo hacen los hermanos.
  • Los Danzantes, que eran ocho, aunque tan sólo dos de ellos eran hermanos; los hermanos solían delegar su puesto en otros. Se sorteaban los puestos para la danza.
  • Los portadores de las Varas, en un principio eran los Regidores y el Mayordomo, después los hermanos de la Varas perpetuas y más adelante los hermanos o aquellos en quien deleguen.

Otros cargos fueron el de Guión, portador del estandarte Real que abría la procesión, los portadores de los estandartes de la cofradía, y otros de menor importancia.
Costumbres curiosas que han desaparecido eran, por ejemplo, la visita que hacían los hermanos al Mayordomo la víspera del día uno por la tarde-noche: el Mayordomo encendía una hoguera a la puerta de su casa y ofrecía vino y pastas.
Otra que ha perdurado hasta hace pocos años eran las visitas al Mayordomo después de la Misa matinal y sermón del Niño Jesús para tomar el llamado “Refresco” en el que tan sólo el señor cura tenía derecho a “chocolate”. El rito se celebraba igualmente por la tarde tras la procesión.
Quedaron atrás también las concurridas “novenas” en que los niños no se cansaban de cantar villancicos y tocar las típicas “castañuelas cuellaranas” (también denominadas tejoletas).
Algunos devotos danzando y tocando castñuelas y tejoletas
El recorrido de las dos procesiones y el horario han variado, aunque es prácticamente el mismo, salvo la entrada y la salida puesto que por el estado en que se encontraba la iglesia de San Esteban, ahora ya rehabilitada pero sin culto, estos se trasladaron a la de San Miguel y de allí salen y entran las procesiones así como las Misas matutinas, haciéndose una parada y visita a la iglesia de San Esteban al paso de la procesión por la misma.

El Niño de la Bola a su llegada a la iglesia de San Esteban

 Desaparecieron, de forma extraña, los trajes de los danzantes que procedían de la cofradía de las Candelas de la vecina parroquia de San Andrés: Los del Niño debían de ser parecidos, y se perdieron, según tradición oral, en un incendio en la casa de un Mayordomo.
Dejaron de celebrarse los bailes en la Plaza del Estudio o en la del Mercado del Pan tras el término de las procesiones, y la costumbre de llevar una cántara de vino a los presos de la cercana cárcel pública.
La Procesión bajo las murallas de la ciudadela de la Villa
Debía de ser muy emocionante la costumbre de la Danza a la salida y a la llegada de la procesión. En un caso y en otro los danzantes esperaban arrodillados para al término de la música de la marcha real, iniciar la danza de la Entradilla. Al finalizar los danzantes seguían tras las “andas” del Niño hasta el altar mayor, danzando y haciendo genuflexiones.
La Coral Cuellarana hace unos años se hizo eco del delicado Villancico al Niño de la Bola, que posiblemente, por su melodía y letra, sea de principios del siglo XX y ha estado a punto de caer en el olvido:
Adiós Niño Cariñoso
Adiós Niño muy querido
Adiós capullo nacido
del más cándido rosal.
Al irme de tu presencia
te consagro mi cariño
bendíceme dulce Niño
que desde hoy te quiero amar,
bendíceme dulce Niño
que desde hoy te quiero amar.
Adiós dulce Niño, Adiós tierno Infante
Adiós dulce amante, Adiós, Adiós, Adiós.
Es tal tu hermosura,
es tal tu candor
que el alma me roba,
que el alma me roba,
que el alma me roba,
me roba el amor.

Desde los años setenta del pasado siglo, el Ayuntamiento, siendo alcalde Rafael de las Heras, dada la popular devoción al Niño de la Bola y su centenaria tradición, para evitar la posible desaparición de estos festejos navideños, decidió costear a su costa los emolumentos de los dulzaineros, claves ellos en el mantenimiento de la tradición de pasacalles por la mañana y procesión vistosa y devocional de los danzantes por la tarde, que durante horas danzan al son de piezas musicales propias del Niño y de las más antiguas del cancionero popular de Castilla, a las que asisten dulzaineros de los de mayor raigambre y buena ejecución de Cuéllar y de la provincia.
Dulzaineros y danzantes durante el recorrido de la procesión
 A la Cofradía, en la actualidad, pueden pertenecer las personas que lo deseen, así como ostentar el cargo de Mayordomo, que según costumbre, se suele delegar en los niños de las familias de los cofrades.
JUAN CARLOS LLORENTE MÍNGUEZ
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LA JUDERÍA DE CUÉLLAR A TRAVÉS DE LOS DOCUMENTOS DE LOS ARCHIVOS DE LA VILLA

En este artículo trataremos de situar la judería dentro del entramado urbano de Cuéllar guiándonos por los diferentes documentos medievales que conservamos. 

Tomaremos como punto de partida para definir sus límites el arco de la Judería, un pequeño portillo situado en la muralla de la ciudadela, a través de él entramos en la calle del mismo nombre, ésta nos lleva hasta la calle San Esteban, que bordea la iglesia del mismo nombre, y que antes era conocida como la calle La Nusa[1], llega por un lado hasta el Arco de San Andrés, una de las puertas de la muralla de la villa, y por el otro la Plaza del Mercado del Pan y, desde allí, hasta la calle de la Magdalena, que acaba en el citado arco.

Arco de la Judería visto desde la Plaza de San Gil









Arco de la Judería visto desde la calle del mismo nombre.

Foto antigua del Arco, por ella nos podemos hacer una idea de lo que sería su acceso en la Edad Media


 Calle de la Judería vista desde el Arco
Calle de la Judería, al fondo la torre de la iglesia de San Esteban, colación a la que pertenecían sus habitantes
Confluencia de las calles La Judería y San Esteban
Calle San Esteban hacia el Mercado del Pan
Calle San Esteban hacia el Arco de San Andrés
Calle de La Magdalena desde el Arco de San Andrés
Plaza del Mercado del Pan, marcaría uno de los límites de la Judería
Calle El Estudio, desde el Mercado del Pan hasta la iglesia de San Esteban, que vemos al fondo, marcaría otro de los límites de la Judería.

Entre los documentos del Archivo Histórico Municipal de Cuéllar, encontramos una serie de escrituras que hablan de la judería, fechadas el 26 y el 27 de abril de 1447, en ellas el hospital de Santa María Magdalena da en censo enfitéutico[2] varias de casas de su propiedad a algunos judíos. En la primera Ça Moratón adquiere “…un par de casas que el dicho hospital tiene en esta dicha villa que son çerca del dicho hospital, de que son lynderos de la una parte casas de Johán Alvarez del Olmo, e de la otra parte la calle pública, e de la otra parte casas del dicho hospital que tomó en ençense Habrahán Leví, su yerno…”, el texto no parece que nos de muchas pistas y por el contrario plantea muchas dudas: ¿a qué se refiere al decir “un par de casas”?, seguramente no se refiere a dos casas diferentes, puede ser que la casa tuviera dos pisos o que “pares” sea una abreviatura de paredes. Evidentemente los nombres de los propietarios o moradores de las otras viviendas no nos sirven de mucho a la hora de situar los edificios, sin embargo nos dice que estaban “cerca” del hospital, pero ¿cómo de cerca?, no parece que fuera en el mismo lado de la calle, porque en él está la muralla y tanto la capilla como el hospital se construyen sobre ella, mediante expreso privilegio dado por Juan de Navarra, siendo señor de Cuéllar en 1427, al arcediano Gómez González; en él ordena al concejo que le permita levantar el edificio que destina a hospital de pobres, aunque le construya encima de la muralla e incluso la sobrepase “por encima y fuera de la barrera”, con la condición de que tendrá que dejar paso libre para la ronda de la muralla, además de comprometerse a derribarlo en caso de que obstaculizara la defensa de la villa. No hay constancia de que tal privilegio se extendiera a ningún cuellarano más.
La siguiente escritura nos da una pista nueva, en este caso el hospital da a los judíos Mayr de Vides, Abrahám Leví y Yudá “tres pares de casas que el dicho hospital ha e tiene en esta dicha villa a la judería, con sus corrales e solares que llegan fasta las casas que tomó Muñino a encense del dicho hospital, que son en surco[3] de la una parte casas del dicho don Mayr de Vides e de la otra parte casas e corral de Juan Álvarez, fijo de Gonzalo Álvarez e por en somo[4] la calle real desta dicha villa”. Dos cosas destacan en el documento, la primera es que, pese a decir que las casas están en la judería, lindan con las de un cristiano, Juan Álvarez, y la segunda que por encima de las casas pasaba la calle real, pero ¿cuál era la calle real? ¿la actual calle Magdalena o la calle San Esteban?, si tenemos en cuenta que se llamaba calle real a toda calle cuya salida fuera una vía de comunicación importante, la calle Magdalena cumple los dos requisitos imprescindibles para ser llamada así, parte de una plaza, la del Mercado del Pan, y desemboca en la salida hacia Valladolid por el arco de San Andrés. En otra escritura da en censo enfitéutico a “… Habrahán Muñino, e a vos, doña Hurudueña, vuestra muger… e a Iaco e Santo, vuestros fijos, e a Abrahán, vuestro yerno, judíos, vecinos de la dicha villa… dos pares de casas que el dicho hospital ha e tyene en esta dicha villa que son a la judería, de que son surqueros de la una parte casas de don Mayr de Vides e otrosí casas e solares que el dicho Mayr de Vides e David de Aça tomaron a encense del dicho hospital, e casas e corrales de Iohán Alvarez, e de la otra parte casas del dicho hospital.”, este Iohán Alvarez es el Juan Álvarez de la escritura anterior y, puesto que las casas están juntas, éstas han de situarse en dirección al arco de San Andrés. También dan a “… Abrahán Leví e Yudá, vuestro yerno, judíos, vecinos de la dicha villa de Cuéllar… tres pares de casas que el dicho hospital ha e tiene en esta dicha villa que son a la judería, de que son surqueros de la una parte casas de Juan Álvarez del Olmo e de la otra parte casas del dicho hospital que tomó a ençense Ça Moratón, judío, e de la otra parte la calle pública…”, nuevamente nos encontramos un cristiano como lindero de las casas situadas en la judería, lo mismo ocurre en la escritura de censo enfitéutico otorgada el 27 de abril, por la cual el concejo, en nombre del hospital de Santa María Magdalena, da a “… Ysaque, pelligero, fijo de Salamón, pelligero, commo principal deudor e a vos, Juan González de Valladolid, commo su fiador … vecinos de la villa de Cuéllar… dos pares de casas que el dicho hospital ha e tyene… que son a la judería e que son en surco de la una parte casas del dicho hospital en que mora la muger de Juan Alfonso del Astilero e de la otra parte casas del dicho hospital que tomó en ençense Muñino, judío…”, esta vez no solamente lindan con casas ocupadas por una cristiana, sino que quien avala al judío es un cristiano. Aquí ya solo caben las suposiciones, por ejemplo que las casas de los cristianos estaban junto a la plaza del Mercado del Pan y las casas de toman los judíos van en dirección a los arcos de San Andrés y la Judería. 
Restos de un antiguo batán situado en las cercanías de la iglesia de San Esteban
Podemos concluir que la judería de Cuéllar no fuera un espacio cerrado habitado solo por judíos hasta poco antes de que se produjera la expulsión, convivirían en el mismo espacio urbano tanto hebreos como cristianos, como podemos corroborar en una carta de “trueque y cambio” de 1481 cuando el concejo de Cuéllar, en nombre  del hospital de la Magdalena cambia con Isaac de Aça, judío, zapatero de profesión, unas casas del hospital en la judería, que tenía en censo Fernán García Sevillano, por otras de Isaac en la colación de San Esteban, que tenía dadas a censo a Moisés de Aça, pellejero.
Un elemento de suma importancia en este “barrio” era la SINAGOGA, que estaba situada entre las calles de la Magdalena y San Esteban, frente al arco de San Andrés.
Confluencia de las calles San Esteban y La Magdalena
Lateral del edificio en la calle La Magdalena

así lo deducimos de una carta de venta fechada el martes 17 de agosto de 1518, por la cual Catalina García, viuda de Diego de León, que fue herrero, y su hijo Diego de León, cerrajero, venden a Cristóbal Núñez, recaudador del duque “unas casas tejadas con su corral… situadas en el Barrio Nuevo, en la bela de la puerta del Barrio Nuevo[5], que tiene por linderos de una parte casas de Pedro Gil Sánchez e de la otra parte casa de Rodrigo Herrero e la caballeriza vieja que SOLÍA SER SINAGOGA y por delante la calle pública”, es decir que estaba situada frente al arco, pues de haber estado al lado, uno de los linderos hubiera sido la muralla, además, los vecinos que nos da son cuatro.

Respecto a la población judía, en los archivos de Cuéllar, encontramos varios documentos, la mayor parte de los cuales fueron publicados en 2010 en la “Colección Documental de Cuéllar” y nos proporcionan información sobre ellos y sus relaciones con los cuellaranos cristianos y con los señores de la villa.
1411, junio, 3. VALLADOLID[6]. El infante D. Fernando de Antequera, pide a la aljama de los judíos de Cuéllar una aportación extraordinaria de 6.100 maravedís, que le han de entregar en el plazo de 40 días, pues tenía dificultades financieras debido a los gastos que tenía en la sucesión de la corona de Aragón y la compra de Alba de Tormes.
Hasta 1384, Cuéllar había sido villa de realengo, ese año, pese a las peticiones del concejo, Juan I se la da a su segunda esposa, Beatriz de Portugal; en su testamento se la deja a su hijo Fernando “el de Antequera”; cuando murió el rey de Aragón, sin dejar  herederos legítimos, se presentaron varios candidatos a ocupar el trono, que en el compromiso de Caspe le fue adjudicado a Don Fernando; indudablemente ese proceso requirió mucho gasto por su parte, dejemos que él mismo nos lo cuente: “De mi, el infante don Fernando…, al aljama de los judíos de la mi villa de Cuéllar… para proseguir la subzeçión de Aragón por la determinación que se ha de fazer en los dichos reynos me han rrecreçido e rrecreçen grandes costas e espensas, asy para enbajadores commo en los muchos gastos e costas que para el tal negocio rrequieren e otrosy para la conpra de Alva de Tormes… la qual me costó una gand quantya de maravedís. E porque todas cosas non las puedo yo comprar syn vuestra ayuda, considerados los grandes gastos cotidianos que de cada día yo fago, asi en la guerra de los moros commo en el regimiento del reyno…”. No nos consta que exigiera ninguna derrama a los cristianos de la villa.
1420, junio, 10. VALLADOLID. El miércoles 5 de junio, el concejo de Cuéllar dio carta de poder a los regidores Gil González, Juan Álvarez, Gonzalo Velázquez y  Gonzalo Fernández, para que pidieran al infante Juan de Aragón[7] que, como señor de Cuéllar, confirmase a la villa todos sus privilegios, cartas y fueros, usos y costumbres, oficios, franquezas  libertades. Una vez que el infante hubo jurado que los respetaría y confirmaría, los representantes villanos le hacen pleito homenaje por sí “e en nombre del dicho conçejo e justiçia e regidores e caballeros e escuderos e omes buenos, así christianos commo judíos e moros”. Pese a profesar diferente religión, los judíos eran considerados como parte de los vecinos y moradores de la villa y por tanto se les incluye en el pleito homenaje.
1442, junio, 16, lunes. CUÉLLAR. Alfonso García, arcediano de Cuéllar, pronuncia sentencia en el pleito que había entre los clérigos beneficiados de la iglesia de San Esteban de Cuéllar, de una parte, y don Moisés, hijo de Bello Cid, judío vecino de la villa, sobre el carnero que, según costumbre antigua, éste tenía que pagarles con motivo del casamiento de su hijo y que no les había entregado. Mateo Sánchez, Iohán López y García Fernández, reclaman el carnero diciendo “de poco tiempo acá el dicho don Mosé avia casado un fijo suyo e por razón del dicho casamiento e aver casado en la collaçion de la dicha iglesia de Sanct Estevan, que les era obligado a dar un carnero bueno o su valía, segund costumbre antigua…”, pero el judío no ha entregado y en sus alegaciones “les negava el ser obligado a les dar el dicho carnero, nin ser la tal costumbre antigua commo ellos dezian” y razón no le faltaba, puede que la casa del judío perteneciera a la colación de San Esteban, pero la boda no fue por el rito cristiano, sino por el hebreo, por tanto ¿porqué tenía que entregar nada a los clérigos?; éstos pidieron al arcediano que les dejase probar la antigüedad de esa costumbre, a lo que, evidentemente accedió, llegados a este punto el judío es consciente de que a él no le van a dejar probar lo contrario, sabe que los testimonios que puede aportar son los de otros hebreos y en un juicio su palabra no vale lo mismo que la de un cristiano, por lo tanto da marcha atrás y se aviene al pago diciendo “que en satisfaçion del dicho carnero que les quería dar un buen par de ansarones”, el arcediano le dio tres días para que entregase las aves o su valor en dinero.
1466, enero, 27 – junio, 2. CUÉLLAR. Enrique IV ordenó a los concejos de Roa, Cuéllar y La Adrada, que eran de Beltrán de la Cueva, que consintieran que Pedro de Toledo, vecino de Toledo, pudiera arrendar en su nombre las alcabalas[8] y tercias[9] de esas villas y sus tierras por tres años (1466, 1467 y 1468), debía rematarlas en almoneda pública durante nueve días, pero no acude en persona, delega en Diego Álvarez de Haza, vecino de Cuéllar, para que en su nombre pudiera hacerlo en esta villa.
Diego Álvarez de Haza o Daza, el 27 de enero “mandó apregonar a altas bozes” al pregonero Johán Corregidor, de la siguiente manera:
“Sepan todos los vezinos e moradores desta dicha villa de Cuéllar e su tierra e otras personas qualesquier, quel rrey, nuestro señor, manda arrendar las rrentas de las alcaualas e terçias desta dicha villa de Cuéllar e su tierra deste año en que estamos del Señor de mill e quatroçientos e sesenta e seys años, e de los años syguientes venideros de mill e quatroçientos e sesenta e syete años e de mill e quatroçientos e sesenta e ocho años, e de cada vno dellos, segund e con las condiçiones de los años pasados. ¿Ay quién las ponga en presçio?”. Dio el pregón tres veces en la plaza y apareció “Dauí d’Aça, judío, vezino de la dicha villa de Cuéllar” que ofreció 250.000 maravedís “A lo qual todo fueron presentes por testigos: Lope de Rrojas e Pero Gonçález de Çibdad Rrodrigo e Johán de la Basa, vezinos de la dicha villa de Cuéllar, e otras asaz grandes della”. Ese “asaz grandes” nos indica que acudió mucha gente a oír el pregón, era un tema que les interesaba mucho, pues ellos tendrían que pagar el equivalente a la cantidad en que se rematase.
El pregón se repite los días 28, 29, 30 y 31 de enero y el 1 y 2 de febrero sin que se presentase nadie que diera más de los 250.000 maravedís; sin embargo el día 3 aparece Francisco Daza, vecino de Cuéllar y ofrece 300.000. El día 4 se da el noveno pregón “diziendo a altas bozes: “trezientas mill maravedís dan por las alcaualas e terçias de la villa de Cuéllar e su tierra, de cada vno de los dichos años … e de cada vno dellos, … ¿ay quién da más por estas dichas alcaualas e terçias?” y se presentó Yuçé Castellano, judío vecino de Cuéllar,          quien ofreció 350.000 maravedís, Diego Álvarez dijo que se le habían adjudicado y que tenía que presentar las fianzas y avales pertinentes, cosa que hizo el día 2 de junio.
1407, junio, 17, viernes. CUÉLLAR. Carta de pago otorgada por Juan González, hijo de Gil González, vecino de Cuéllar, por sí y en nombre de Velasco Jiménez, Gil Sánchez, don Jacob y don Mayr, judíos, todos vecinos de Cuéllar, arrendadores de la alcabala del pan del año 1406, reconociendo de haber recibido de Pedro Martínez, procurador de los pecheros de la villa, 2.000 maravedís que les tenía que pagar como resultado del pleito que habían sostenido sobre el pan[10]. Poca información más nos proporciona este documento, pero es interesante ver como cristianos y judíos hacían negocios juntos, sin que la religión fuera un obstáculo.
Entre los documentos que hacen referencia a judíos, conservados en los archivos de Cuéllar, hay dos que nos proporcionan algunas noticias importantes sobre ellos y su relación con la población cristiana.
1402 a 1425. Cuaderno de vecinos del adra de San Pedro de Cuéllar. El adra era  una de las divisiones del vecindario de un pueblo, en Cuéllar cada adra constaba de cuatro cuartos, cada uno de ellos articulado en torno a una iglesia; por el texto podemos deducir que Cuéllar estaba dividida en cuatro adras pues, cada cuatro años, le toca a la de San Pedro desempeñar los oficios “… que pertenecían a los dichos caualleros e escuderos fijos dalgo, ansy de la seña e señorío de los judíos commo de las tablas e sellos del dicho conçejo”, los cuartos eran el de San Pedro, el de San Miguel, el de Santa Marina y el de Santo Tomé.
El domingo, 4 de enero de 1405, los caballeros y escuderos del adra de San Pedro se reúnen en la casa de García López, hijo de Ruy González para poner “por rrenta por almoneda entre sy e finieron apregonar a Pedro Fernández, andador, que quien daría más por los derechos que pertenecían a la seña e señorío (de los judíos)”.
En 1409, les toca otra vez, el domingo 6 de enero se reúnen en la misma casa y el señorío de los judíos se adjudica a Gómez Fernández por 160 maravedís. En 1413, se reúnen el 4 de enero en la huerta de Alfonso Velázquez, la seña y el señorío se adjudicaron a García López por 350 maravedís. En 1417, se juntan en casa de Nuño Sánchez, alguacil, el domingo 10 de enero, la renta del señorío se la quedó García Álvarez por 60 maravedís. El sábado 4 de enero de 1421 se reúnen en la casa de Alvar López de Segovia, en la puja Sancho Sánchez, regidor, se quedó con la renta del señorío de los judíos por 140 maravedís. Finalmente, el 5 de enero de 1425, se juntaron en casa de Nuño Sánchez, y la seña y el señorío de los judíos se adjudicó a Ruy Sánchez en 295 maravedís.



Nuño Rodríguez, tesorero mayor de de la reina Isabel, madre de Isabel la Católica, representado por Lope Vázquez de Sanabria, otorga una escritura de arrendamiento de la recaudación de las alcabalas y tercias de Cuéllar a Juan López, Ferrán Gutiérrez Sevillano, Diego Rodríguez, Juan López de la Plaza y Salamón Nájera, judío, vecinos todos ellos de Cuéllar, éstos entregarán 300.000 maravedís, la forma de pago será la siguiente: 115.000 maravedís en octubre, 115.000 en enero, que son los pagos por las alcabalas y 60.000 por las tercias, que se pagarán por mitad el día de San Juan y el día de San Miguel, además se obligan a dar “e pagar a la señora rreyna e a los dichos tesoreros… dies e ocho mill e ochoçientos maravedís de la moneda por rrason de los pechos e derechos pertenecientes a la ynfante doña Ysabel, nuestra señora, en la dicha villa de Cuéllar de este dicho presente año”, estos 18.800 maravedís los pagarán por tercios y el dinero se lo entregarán en Arévalo o en Madrigal, salvo que la reina no estuviera en ninguno de esos dos lugares, en tal caso ella tendría que enviar a alguien a Cuéllar para recogerlo. Como curiosidad hay que apuntar que al final de la carta no aparece el nombre del judío, quizás fue un olvido del escribano a la hora de hacer la copia para los interesados.


En los Acuerdos del Regimiento de 1484 a 1490 encontramos menciones a judíos. En el regimiento  del viernes 27 de enero de 1486, en el consistorio presidido por el alcalde, el licenciado de Alba, “mandaron dar a Huda Rojas seisçientas e seys maravedís que deben de una obligación que sobre Françisco Nunnes el Maçío tenien”. El 1 de febrero de ese año “…mandaron dar dos oyos de carbón de cándalo a Rabinçe Meme”; el 6 de junio dieron licencia a Mayr Sormaga, judío, para que pudiera sacar fuera del término de la comunidad de villa y tierra cuarenta fanegas de trigo sin que se le pusiera ninguna multa, a condición de meter quinientas fanegas de tierra de Íscar en el plazo de 3 meses.

En 1487, el 23 de febrero, ordenan que el mayordomo del hospital de la Magdalena reciba 12.000 maravedís de Yhudá Rojas y le de carta de pago, incluyo todo el texto para que ustedes mismos comprueben lo enrevesado que es “Este día los dichos sennores mandaron quel mayordomo del hospital tome e reciba en pago a Yhuda Rojas de la renta del Alcaçaren dies mill e doscientos maravedís e que le de carta de pago dellos por quanto Diego Alvares Daça, regidor, salvo por los pagar por pedir de los quales devia al dicho Yhuda Rojas e a las pagar en esta manera, luego dos mill maravedís e en el terçio segundo deste anno los ocho mill e doscientos por los quales se obligó el dicho Diego Alvares”. El 3 de agosto se presenta en el consistorio Rabí Yucé Memé, para entregarles dos cartas de don Beltrán de la Cueva; el día 23 ordenaban que los maravedís que el duque de Alburquerque mandó dar al concejo de la pena de la rubia, que Rabí Yucé Memé se los entregue a Pedro Sánchez, quien dará cuenta de ellos al concejo. El 20 de febrero de 1489, este mismo judío, se presenta llevando una carta del duque de Alburquerque dando órdenes sobre los caminos por donde han de entrar los ganados sin parar a ordeñar, sestear, esquilar o dormir estando vedados los cotos.

Beltrán de la Cueva empleó a su servicio a judíos de Cuéllar, el más famoso de ellos fue su médico, Rabí Simuel, un intelectual de gran categoría cuyos sermones en la sinagoga de Cuéllar eran tan famosos que incluso los cristianos de la villa iban a escucharle. Su mayordomo era, como hemos visto en los acuerdos del regimiento, Rabí Yucé Memé y su recaudador mayor Iuzá Hadida.
 
A través de estos documentos podemos hacernos una idea que quienes y cómo eran esos hombres y mujeres que vivieron en nuestra villa durante unos cuantos siglos, de esos cuellaranos que profesaban una religión diferente y que, ante la disyuntiva de convertirse a cristianismo o seguir fieles a sus creencias, prefirieron abandonar su tierra a abandonar su fe, algunos no soportaron vivir lejos y volvieron, como Francisco Sánchez de la Cueva, Fernán Gómez de la Cueva, Pedro de León, María Gómez, María Díez y otros.





[1] Es un nombre extraño, tras consultar algunos diccionarios no encontré esa palabra, sin embargo en un diccionario de griego clásico la encontré y su tradución es VALLA, este significado se acomoda plenamente a esa calle, pues uno de sus lados lo forma el muro, casi una muralla, que bordea la iglesia de San Esteban.
[2] Un censo era una obligación o carga sobre alguna propiedad por la cual el que la disfruta tiene que pagar cierta cantidad en reconocimiento del dominio del propietario sobre la finca. Un censo enfitéutico sería la cesión perpetuo o por un espacio largo de tiempo del dominio útil sobre una finca o un inmueble, mediante el pago anual de un canon al que hace la cesión, que conserva el dominio directo sobre ella.
[3] Estaban juntas, sin ningún espacio de separación entre ellas y compartiendo paredes laterales
[4] Encima
[5] Tras la expulsión de los judíos su barrio tomó el nombre de Barrio Nuevo, pues sus casas pasaron a ser ocupadas por cristianos, esta puerta “del Barrio Nuevo”, es el arco de San Andrés.
[6] Utilizaremos la fecha diplomática: año, mes, día del mes, día de la semana (si aparece en la data) y finalmente el lugar donde fue otorgado el documento.
[7] Padre de Fernando el Católico.
[8] Tributo del 10 por ciento en los contratos de compraventa y de permuta.
[9] Renta de la hacienda real castellana consistente en la percepción de dos novenos de los diezmos eclesiásticos.
[10] Pan en este caso no se refiere al pan cocido, sino a los cereales en general: trigo, cebada, avena y centeno
[11] El regimiento o concejo, en Cuéllar se reunía todos los viernes, salvo en verano, que se hacía cada dos semanas para no entorpecer las labores agrícolas de los representantes de la Comunidad de Villa y Tierra en el regimiento.


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ALTAR DE LA VIRGEN DE LA IGLESIA DE SAN ESTEBAN
 DE CUÉLLAR
D. Juan Carlos Llorente Mínguez
En la iglesia de San Esteban de Cuéllar (popular del Niño de la Bola), en la nave lateral derecha, se ubica un retablo conformado por ocho pinturas sobre tabla, seis de tema mariano de pasajes de la vida de la Virgen, y dos dedicadas, una a San Antonio Abad y otra a la Misa de San Gregorio.

En el ático, bajo tres escudos , dos con armas de los Herrera y uno, sobre ellos, de los Cueva, Duques de Alburquerque, la tabla de la izquierda hace referencia a la historia de San Joaquín y Santa Ana, los padres de la Virgen María; este episodio en concreto narra el encuentro de los dos cuando se comprometen en matrimonio, ante una de las puertas de Jerusalén, la Puerta Dorada. Los progenitores aparecen abrazados y besándose, momento en el cual se consideraba que Santa Ana concibió a la Virgen, ya que según la Iglesia, María había sido concebida sin pecado. Acompañan a San Joaquín y Santa Ana varios personajes, dos damas y un pastor con un cordero al hombro, en clara referencia al Buen Pastor.
La tabla central representa a la Virgen como "concebida sin pecado original…" La Virgen está representada como una bella joven de cabellos rubios y posada sobre la Luna. Al fondo se representa la Jerusalén celestial y otros motivos…barco, palmera, espejo, pozo, fuente…hacen referencia a las loas a la Virgen.

   

La tabla de la derecha representa el nacimiento de la Virgen; postrada en cama bajo dosel, Santa Ana es atendida por una dama; en primer término otra dama lleva entre sus brazos a la recién nacida, mientras que otra trajina con un paño en las labores del parto, una tercera dama acompaña la escena mientras otra al fondo observa el acontecimiento desde una ventana.







En la calle central, la tabla de la izquierda personifica la presentación de la Virgen al Templo. San Joaquín y Santa Ana observan la escena en que la Virgen (no tan niña como la iconografía la suele representar) sube unas escaleras hacia el Templo donde la espera el Sumo Sacerdote. Desde el interior del Templo cuatro jóvenes contemplan a la que iba a ser, por un tiempo, su nueva compañera en el estudio de las Sagradas Escrituras. Al fondo, desde una arquitectura renacentista, otros personajes completan el escenario.



 

En el centro hay una hornacina que albergaba la imagen gótica de la Virgen Digna, cuya cofradía tuvo una impronta muy fuerte en el panorama religioso de Cuéllar, durante siglos; la imagen está custodiada en dependencias parroquiales.


La tabla de la derecha representa los Desposorios de la Virgen y San José. Ante la puerta de un templo de marcada arquitectura renacentista, la joven Virgen María y el ya hombre maduro San José participan en la ceremonia de los Desposorios. Al pie de la escena observan San Joaquín y Santa Ana. A los lados, invitados a la boda: los de la derecha portan varas que hacen referencia a la leyenda de que al terminar las jóvenes su estancia en el templo, los sumos sacerdotes convocaban a hombres de la Casa de David para que optaran a ellas…en este caso, la vara de San José floreció como signo de ser elegido; en el resto se percibe el malestar por el hecho.
  En la predela del altar, tres tablas cierran el conjunto.

La de la izquierda representa a San Antonio Abad y la simbología de sus "tentaciones".
Con el toque de la minuciosidad de la pintura flamenca, las tentaciones de San Antón o Antonio abad de múltiples versiones a lo largo de los siglos, nos ofrecen numerosos detalles:
Las tres damas representan la riqueza, que ofrece una bolsa de monedas, la lujuria es la mujer central (con cuernos en la cabeza, pues era el demonio disfrazado) y la gula es la de la derecha que ofrece un plato de viandas; la riqueza y la gula tienen sobre sus cabezas máscaras de calavera. A los pies de San Antonio, un jabalí (porque curó a una jabalina y por eso siempre siguió al Santo (también representa la sumisión de la impureza, pues los cerdos en Egipto se consideraban animales impuros...). Sobre el tejadillo de la iglesia hay un demonio comenzando a volar; en el suelo otro toca una trompeta, y otro parece abrazar una guadaña. 
En la mesa del Santo hay un candelabro que remata en la forma de la letra griega Tau (el Santo era egipcio y allí este símbolo ha sido tenido por milagroso y curativo); al lado un demonio vestido de fraile (con cuernos) lee, y otro revolotea detrás de él. La iglesia es del estilo de las del norte de Europa. Al fondo se adivina un castillo; sobre la mesa un libro porque el Santo no sabía leer pero recibió esa gracia desde el Cielo.
 
La tabla central, representaba la Anunciación, pero ha llegado a nosotros cercenada, pues cobijó un sagrario para lo que se reaprovechó.



La tabla de la derecha representa la misa de San Gregorio, en que el Papa, cuya mitra aparece sobre el altar, eleva la Sagrada Forma en el momento en que Cristo aparece como saliendo del sepulcro, portando una cruz y sangrando por el costado. Según la leyenda, uno de los asistentes a la Misa había dudado de la presencia de Cristo en la Eucaristía y por ello se obró el milagro. El papa está tocado de bella dalmática así como los dos ayudantes, el uno tocando la esquila y el otro moviendo el incensario. Acompañan varios clérigos más. Llama la atención el pavimento de la estancia de bellos trazos que buscan el punto de fuga de la  escena.
La cartela sobre la mesa del altar reza así:
" Este retablo dejaron hecho de tabla los honrados señores Francisco Gómez y Lucía de Herrera su mujer. Hízole pintar Juan Gómez de Herrera, su hijo. A.1546."
De él dice el catedrático Collar de Cáceres, especialista en la pintura entre 1.500 y 1.631 en la Diócesis de Segovia:
" …Las pinturas son de un artista provinciano que se sirve de estampas germánicas y de otras fuentes figurativas (Durero, Coecke).En los modelos femeninos cabe advertir cierta proximidad al repertorio figurativo de Antonio Vázquez".
La mazonería del conjunto es típica del plateresco de mediados del siglo XVI.
Recientemente restaurado, el altar se suma al notable conjunto de obras de arte que alberga esta iglesia de San Esteban.
Juan Carlos Llorente Mínguez.
BBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
PINTURA DE LA ANTIGUA DIÓCESIS DE SEGOVIA 1500-1631. FERNANDO COLLAR DE CÁCERES. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE SEGOVIA.1989.
HISTORIA DE CUÉLLAR. BALBINO VELASCO. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE SEGOVIA.1981.
ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS. JUAN FERRANDO ROIG. EDICIONES OMEGA. 1991.
 Juan Carlos Llorente Mínguez. Profesor emérito de Historia del I.E.S. "Duque de Alburquerque". Historiador especialista en Historia del Arte.

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"EL FUERO DE LA EXTREMADURA CASTELLANA"

Transcripción y fotografías de Julia Montalvillo García

El lunes, 14 de febrero de 1289, estando en Palencia, Sancho IV de Castilla, marido de Doña María de Molina, confirma el privilegio de Alfonso X el Sabio, su padre, fechado en Sevilla a 29 de abril de 1264, por el cual concedió a los concejos de la “Extremadura” (territorios situados al sur del río Duero) privilegio general y les confirmó el “Libro del Fuero”. Era aplicable solamente a los lugares de realengo, no a las ciudades, villas y lugares cuyo señorío era eclesiástico, monacal, orden militar o nobiliario. Cuéllar hasta finales del siglo XIV era una villa perteneciente a la corona, por lo tanto se beneficia de todo lo contenido en el documento.
Hemos de tener en cuenta que en Castilla en el siglo XIII se utilizaba para fechar la era hispánica, que va 38 años por delante del Año del Señor, por ello uno está fechado en la era de 1327 y otro en la de 1302. Además, ambos reyes, añaden el año de su reinado, el quinto en el caso de Sancho IV y el duodécimo en el de Alfonso X.
De este tipo de documentos que avalan fueros, privilegios y libertades, solían hacerse copias para preservar el original de "qualquier caso fortuyto de agua, fuego..."; este es el caso que nos ocupa, hacia 1350 el escribano de Cuéllar, Sancho García, escribano de Cuéllar, hace un traslado que hemos conservado junto al original de la confirmación; desgraciadamente el "caso fortuyto" debió producirse, pues no conservamos el documento de 1264.

  1289, febrero, 14, lunes. Palencia.



(Cristo. Alfa y omega) En el nonbre de Dios Padre e Fijo e Spíiritu Sancto, que son tres personas e un Dios, e a onrra e a seruicio de Sancta María, su madre, que nos tenemos por señora e por auogada en todos nuestros fechos. Porque es natural cosa que todo omne que bien faze quiere que ge lo lieuen adelante, e que se non oluide nin se pierda, que comoquier que can/sse e mingüe el cursso de la uida deste mundo aquello es lo que finca en remenbrança por él al mundo, e este bien es guiador de la su alma ante Dios, e por non caer en oluido lo mandaron los rreyes poner en escripto en sus priuilegios, porque los reyes que regnassen depués dellos e touiessen el so logar fu/3essen tenudos de guardar aquello, e de lo leuar adelante, confirmándolo por sos priuilegios. Por ende nos, catando esto, queremos que sepan por este nuestro priuilegio, los que agora son e serán daquí adelante, cómo nos, don Sancho, por la gracia de Dios rrey de Castiella, de Toledo, de León, de Gallizia, / de Seuilla, de Córdoua, de Murcia, de Jahén e del Algarue, viemos priuilegio del rrey don Alffonso, nuestro padre, fecho en esta guisa:
            Porque entre todas las cosas que los rreyes deuen a fazer, señaladamente estas dos les conuienen mucho, la una de dar gualardon a los que bien e lealmente los siruieron; la otra que mager / los omnes sean adebdados con ellos por naturaleza e por señorío de les fazer seruiçio, adebdarlos aún más faziéndo­les bien e merçet, porque cabodelante ayan mayor uoluntad de los seruir e de los amar. Por ende nos, don Alffonso, por la gracia de Dios rrey de Castiella, de Toledo, de León, de Galli­zia, de Seuilla, de Córdoua, de /6 Murcia, de Jahén e del Al­garue, como todos los conceios de Estremadura enuiassen caua­lleros e omes bonos de los pueblos con quien enuiaron pedir merced a la rreyna doña Yolant, mi mugier, que nos rogasse por ellos que les tolliéssemos algunos agrauiamientos que dizíen que auíen, e que les fiziéssemos bien e onrra por gualardonarles el seruicio que fizieron aquéllos onde / ellos uienen a los de nuestro linage, e ellos otrossí a nos; e porque daquí adelante ouiessen mayor uoluntad de nos seruir e lo podiessen meior fazer, nos, por ruego de la rreyna e con conseio del arçobispo de Seuilla e de los obispos e de los rricos omes e de los maes­tros e de los otros omes de Orden que connusco eran, fazemos estas mercedes e estas onrras que son escriptas en este priuile­gio, / a uos, los caualleros e al conceio de Cuéllar:
§ De lo que nos mostraron uuestros caualleros en razón de los diezmos, que no osáuades coger uuestros panes en las eras ni encerrarlos fata que tañíen la canpana, e por este logar que perdíedes muchos dellos e uos era grande daño, tenemos por bien e mandamos que coiades uuestros panes cada que quisiéredes, e que uos non fagan ý otra /9 premia ni agrauiamien­to ninguno. E uos dar uuestros diezmos bien e derechamientre, sin escatima, assí como deuedes; e los clérigos recíbanlos. E si algunos omnes ý ouiere que non quisieren dar los diez­mos assí commo deuen, el obispo o los clérigos que los ha de auer, muéstrenlo a la justiçia, e él fágagelos dar, si el obispo o los clérigos los quisieren auer por él.
§ Otrossí de lo que nos / dixeron que uos agrauiáuades que los arrendadores e los que recabdauan aquella parte que a nos dan de las terçias, que uos fazíen muchas escatima en ellas e que uos non queríen tomar el pan e el vino e los corderos e las otras cosas quando el obispo e los clerigos tomauan su parte, e que lo demandauan quando ellos se queríen, e si alguna cosa minguaua o se perdíe o se podrecíe, que lo fazíen pechar a los ter/ce­ros, en manera que se uos tornaua en grande daño, nos, por uos fazer bien e merçed, tenemos por bien e mandamos que los nuestros arrendadores, o los que ouieren a recabdar aquella nuestra parte de las tercias que dan a nos, que pongan en cada un de los logares quien lo recabde e lo tome por ellos, a la sazón que el obispo e los clérigos tomaren su parte. E si lo non fizieren assí, que les non recudan por los daños /12 que acae­ciere por culpa de los arrendadores, o de los que lo ouieren a recabdar. E si los terceros les quisieren guardar su pan e su uino e los otros derechos que los arrendadores deuieren auer, que les den las cuestas e las missiones que ý fizieren, segunt fuere razón e guisado. E mandamos que los nuestros arrendadores o los que ouie­ren a recabdar esta parte de las tercias que a nos dan, que non tomen / ninguna cosa de la tercia que fica en las eglisias; e que fique su parte quita a la eglisia. E si cuestas e missiones fizieren los terceros por guardar o allegar las tercias, que esto que salga todo del alffolí comu­nalmientre, ante que ninguna cosa se parta ende. E de lo que nos dixieron que uos fazíen traer el pan por fuerça de las aldeas a la villa e de unos logares a otros, man/da­mos que los que recabdaren la nuestra parte de las tercias, que tomen el pan e el uino e las otras cosas en aquellos logares o fuere e les cayere; e que non les fagan otro agrauiamiento nin otra fuerça por traerlo.
§ E porque nos mostraron que uos era agrauiamiento en ra­zón de la tregua del omne que non auíe ualía de cient maravedís, que diesse fiador raygado por la tre/15gua de quantía de cient maravedís, a esto tenemos por bien que dé fiador en quanto que ha; e si non ouiere nada o fuere sospechoso e mal enfamado, que los alcaldes e la justiçia quel eche de la villa e del término, e quel den plazo a que pueda salir de la tierra; e si depués del plazo le fallaren, quel recabden e que nos lo enuíen dezir. E si el omne fuere atal que non sea sospechoso, mager / non aya nada, esté sobre su tregua.
§ E de lo que nos pidieron merced que los caualleros ouiésse­des paniguados, assí como fijos e hermanos e sobrinos, que fues­sen escusados, nos por uos fazer bien e merced mandamos que sean escusados fata el tienpo de la edat que manda el libro del fuero a que pueden demandar sus bienes; e dent adelante, si non touieren cauallos e armas, que / non sean escusados.
§ Otrossí de lo que nos dixieron que uos agraviáuades por­que las mugieres bibdas e las donzellas que non auíen caloña ninguna en el fuero por el denosteo, o por otra desonra que les fiziessen, e que las casadas auíen trezientos sueldos, e nos pi­dieron merced que ouiessen alguna caloña las bibdas e las don­zellas, tenémoslo por bien e mandamos /18 que la mugier casa­da aya los trezientos sueldos, assí como el fuero dize; e la bibda, dozientos sueldos; e la donzella en cabello, cient sueldos.
§ De lo ál que nos pidieron merced, que quando el cauallero enbibdasse, que el cauallo e las armas que ouiesse que ficassen al cauallero; e los fijos nin los parientes de la mugier que non partiessen ende ninguna cosa. E otrossí cuando el cauallero / finasse, que ficassen el cauallo e las armas al fijo mayor, tené­moslo por bien e mandamos que quando el cauallero finare, que fiquen el cauallo e las armas en el fijo mayor; e que non entren en partición de la mugier nin de los otros fijos, mas que fique al fijo mayor. E si este ouiere armas de suyo, que fiquen a otro fijo que ouiere çerca del mayor. E si mas armas oui/ere el padre sacado ende armas con­plidas de caualleros, las otras que las metan en partición; e esto mismo sea quando finare la mugier del cauallero, que fiquen las armas conplidas al marido e non partan en ellas los parientes della nin los fijos, mas que fiquen en él e depués en el fijo, assí como sobredicho es. E si más armas ý ouiere de cunplimiento para cauallero, entren /21 en partición; e si non ouiere fijo, que fiquen al pariente más propinco que las non ouiere.
§ E otrossí de lo que nos pidieron en razón de los escusados que solíen auer quando yvan en hueste, nos por fazerles bien e merced, mandamos que los ayan assí como los solíen auer.
§ E de lo que nos mostraron, que en el priuilegio que nos diemos a las bibdas que fuessen escusadas, que no dize ý / de las bibdas que enbibdaron ante que les nos fiziéssemos esta franqueza, e nos pidieron merced que fuessen aquellas bibdas escusadas assí commo eran las otras, nos, por fazerles bien e merced, mandamos que las bibdas que eran ante que nos diésse­mos el nuestro priuilegio a las que enbibdaron depués que las que fueron mugieres de caualleros que teníen cauallos e armas e eran escusados / sus maridos a la sazón que finaron, que sean escusadas, assí las de ante commo las de depués, e que ayan aque­lla franqueza que dize en el nuestro priuilegio, que nos diemos sobresta razón.
§ E porque nos pidíen merced que las caloñas que fazen los que entran los exidos de conceio, que uos las diéssemos pora pro de uuestro conceio, nos, por fazeruos bien e merced, catando que los muros de la villa e otrossí las /24 puentes que auedes mucho mester son a pro e a guarda de uos, e que son cosas de que uos auedes mucho a seruir, e que non podedes escusar, tenemos por bien que las caloñas que fueren por razón de los exidos que sean para estas cosas sobredichas. E que dedes dos omes bonos que lo recabden, e estos que lo metan en labrar los muros e las puentes, e que den cuenta cada año a la justicia e al escriua/no de conceio que nos pusiemos, porque sepan en qué entra e nos den recabdo quando ge lo demandáremos.
§ E de lo que nos mostraron que uos agrauiáuades que los omes de nuestra casa aplazauan a algunos de uos por querellas que auíen, que les uiniéssedes responder ante nos, non uos deman­dando ante por el fuero, esto non queremos que sea. E tenemos por bien e mandamos que si el nuestro omne ouiere / querella de alguno de uos, o uos dél, si el ouiere casas o heredamiento o otra cosa e fuere uezino en el logar, o fuere el demandado, que responda antel fuero, él o el que touiere lo suyo por él; e qui del juizio se agrauiare, álçese a nos assí como deue.
§ E sobre todas estas cosas sobredichas que los caualleros nos pidieron e les fiziemos por ruego de la rreyna, aun por fazer­les más onrra /27 e bien e merced, tenemos por bien que el caua­llero que nos fiziéremos, o nuestro fijo heredero, que aya qui­nientos sueldos; e esto por razón de la cauallería que tomare de nos, o de nuestro fijo que ouiere a regnar depués de nos, e mandamos que estos caualleros puedan auer alcaldías justicias, e ayan todos sus escusados assí como el priuilegio dize que les diemos sobresta razón, e los otros escusados por razón / de la hueste, e parte en la fonssadera, e que ayan la parte de las caloñas de sus paniguados que auíen los alcaldes, e todas las otras franquezas que les diemos por nuestros priuilegios, o al­gunos de los otros que tengan cartas de nuestro otorgamiento; e que aya su mugier quinientos sueldos, e quando la mu­gier enbibdare e mantouiere bibdedat, aya los quinientos suel­dos. E si casare con ca/uallero que non fiziéremos nos o nues­tro fijo heredero, que pierda los quinientos sueldos e non los aya.
§ Otrossí por fazerles mayor merced otorgamos que los otros caualleros que fueron fechos fata el día del era deste priuilegio, de los infantes o de los rricos omes, que quisieren uenir a nos e que nos diéremos nuestras cartas de otorgamiento como los nuestros uassallos, que ayan aquesta onrra de los /30 quinientos sueldos, e todas estas franquezas e las otras que han por nues­tro priuilegio. E los que desta guisa non uinieren e nos non les diéremos nuestras cartas, e fueren uassallos de los inffantes o de los rricos omes, que non ayan los quinientos sueldos, nin nengún portiello en la villa, nin nengunas destas franquezas que en esta priuilegio dize, nin de las otras que ante les ouiemos dadas.
§ Otrossí / por fazer onrra e merced a los caualleros que nos fiziéremos, o nuestro fijo heredero, o a los que diéremos en esta razón nuestras cartas que son nuestros uassallos, si alguno fi­ziesse alguna cosa porque mereciesse en el cuerpo justicia de muerte o de esternamiento, tenemos por bien e mandamos que si non matare seyendo en tregua, o sobre saluo, o non fiziere tray­ción o aleue e ma/tare en otra guisa, o fiziere cosa porque deua morir o auer otra justicia en el cuerpo, quel recabden e que nos lo enuíen dezir, e nos enuiarles emos mandar aquello que touiéremos por bien e por derecho. Pero si acaeciesse cosa por que nos fuéssemos fuera de nuestros rregnos, mandamos que lo cum­pla aquel que nos dexáremos en nuestro logar. E por fazer a los caualleros más /33 bien e más merced, porque en el nuestro priuilegio que les diemos en razón de como ouiessen sus escusados non dize ý que ouiessen mayordomos, dámosles e otorgámoles que ayan los caualleros seños mayor­domos, e que los escusen de la quantía que han los otros escu­sados, segunt dize en el otro nuestro priuilegio que les diemos.
§ E otrossí por fazer bien e merced a los caualleros que de suso dixiemos, / dámosles que ayan de sus paniguados la parte de las caloñas que auíen los alcaldes.
§ E por fazerles más bien e más merced, otorgámosles los nues­tros priuilegios e el libro del fuero que les diemos.
§ E de lo que nos dixieron que quando uiniedes a nos que non uos libráuamos tan aína como auiedes mester, tenemos por bien que si nos non uos libráremos tan aína, que dedes las peticio­nes / a los escriuanos que nos pusiemos que las recibiessen, e si ellos non uos las libraren luego, que lo mostredes a la rreyna e ella mostrarlo a nos. E mandamos e deffendemos que ninguno non sea osado de yr contra este priuilegio para crebantarlo nin para minguar­lo en ninguna cosa, ca qualquier que lo fiziesse auríe nuestra yra e pecharnos ýe en coto mill maravedís, e a los que el tuerto recibiessen todo /36 el daño doblado. E porque esto sea firme e estable, mandamos seellar este priuilegio con nuestro seello de plomo.
            Ffecho el priuilegio en Seuilla, por nuestro mandado, martes, ueynt e nueue días andados del mes de abril, en era de mill e e trezientos e dos años.
E nos, el sobredicho rrey don Alffonso, rregnant en uno con la rreyna doña Yolant, mi mugier, e con nuestros fijos, el inffan/te don Ferrando, primero e heredero, e con el inffante don San­cho e con el inffante don Pero e con el inffante don Johán, en Castiella, en Toledo, en León, en Gallizia, en Seuilla, en Cór­doua, en Murcia, en Jahén, en Baeça, en Badalloz e en el Al­garue, otorgamos este priuilegio e confirmámoslo.
Yo, Johán Pérez de Cibdat, lo escriuí por mandado de Millán Pérez de Aellón, en el año doze/no que el rrey don Anffonso rregnó.



E nos, el sobredicho rrey don Sancho, rregnant en uno con la rreyna doña María, mi mugier, e con nuestros fijos, el inffante don Fferrando, primero e heredero, e con el inffante don Alffonso e con el inffante don Anrrique, en Castiella, en Toledo, en León, en Gallizia, en Seuilla, en Córdoua, en Murcia, en Jahén, /39en Baeça, en Badalloz e en el Algarue, otorgamos este priuilegio e confirmámoslo e mandamos que uala assí como ualió en tienpo del rrey don Alffonso, nuestro padre. E porque esto sea firme e estable, mandamos seellar este priuilegio con nuestro seello de plomo.
Ffecho en Palencia, lunes, catorze días andados del mes de febrero, en era de mill e trezientos e veynte e siete años.
(Signo rodado. Castillos y leones): Signo del rey don Sancho.
(En círculo): Don Alfonso, alfiérez del rey, confirma.- Don Iohán Fernández, mayordomo mayor del rey, confirma.
Don Mahomat Aboabille, rrey de Granada e vasallo del rrey, conf. La eglesia de Seuilla, vaga. La eglesia de Sancti[ago, vaga].
(Encima de la rueda): Don Gonçaluo, arçobispo de Toledo, primado de las Españas e chançeller de Castilla, conf.
/ (1ª col.) Don Iohán Alffonso, obispo de Palencia e chanceller del rrey, conf.- Don fray Ferrando, obispo de Burgos, conf.- Don Almorauid, obispo de Calahora, conf.- Don García, obispo de Sigüença, conf.- Don Iohán, obispo de Osma, conf.- Don Blasco, electo de Segouia, conf.- La eglesia de Áuila, vaga. Don Gonçalo, obispo de Cuenca, conf.- Don Domingo, obispo de Plazencia, conf.- Don Diago, obispo de Cartagena, conf.- La eglesia de Jahén, vaga. Don Pascual, obispo de Córdoua, conf.- Don Suero, obispo de Cádiz, conf.- Don Aparicio, obispo d’Aluarrazín, conf.- Don Rroy Pérez, maestre de Calatraua, conf.- Don Ffernant Pérez, grand comendador del Hospital, conf.- Don Gómez Garçía, comendador mayor del Temple, conf.
/ (2ª col.) Don Nuño Gonçáluez conf.- Don Iohán Alffonso conf.- Don Diago López de Salzedo conf.- Don Diago García conf.- Don Ferrnando Pérez de Guzmán conf.- Don Vela conf.- Don Rroy Gil de Villalobos conf.- Don Diego Martínez de Ffinoiosa conf.- Don Gonçalo Gómez Maçanedo conf.- Don Rrodrigo Rodríguez Malrrique conf.- Don Diago Ffróyaz conf.- Don Gonçalo Yuañes de Aguilar conf.- Don Pero Anrríquez de Harana conf.
/ (3ª col.) Don Martín, obispo de León, conf.- Don Pelegrín, obispo de Ouiedo, conf.- Don Pero, obispo de Çamora, conf.- Don frey Pedro Fechos, obispo de Salamanca, conf.- Don Antón, obispo de Cibdat, conf.- Don Alffonso, obispo de Coria, conf.- Don Gil, obispo de Badaioz, conf.- Don ffrey Bartolomé, obispo de Silues, conf.- Don Áluaro, obispo de Mendoñedo, conf.- La eglesia de Lugo, vaga. Don Pero, obispo de Orens, conf.- Don Pero Fferrnández, maestre de la cauallería de Sanctiago, conf.- Don Ferrnando Pérez, maestre d’Alcántara, conf.
/ (4ª col.) Don Sancho, fijo del inffante don Pero, conf.- Don Esteuan Fferrnández, perteguero mayor en tiera de Sanctiago, conf.- Don Ferrnando Pérez Ponz conf.- Don Iohán Ferrnández de Limia conf.- Per Áluarez, fijo de don Per Áluarez, conf.- Rrodrig Áluarez, so hermano, conf.- Don Iohán Alffonso d’Alborqueque conf.- Don Diago Ramírez conf.- Don Arias Díez conf.- Don Ferrnando Ferrnández de Limia conf.
            (Merinos, adelantados y notarios): Don Sancho Martínez de Leyua, merino mayor en Castiella, conf.- Don Iohán, fijo del inffante don Manuel, adelantado mayor en el rregno de Murcia, conf. Don Fferrnando Pérez, electo de Seuilla e notario mayor en el rregno de Castiella, conf.
(Debajo del signo rodado): Don Martín, obispo de Astorga e notario mayor en el rregno de León, conf.- Don Pero Díez e don Muño Díaz de Castañeda, almirantes de la mar, conf. Don Rroy Páez, justiçia mayor de casa del rrey, conf.
(Merinos, adelantados y notarios): Diago Gómez, merino mayor en el rregno de Gallizia, conf.- Esteuan Pérez, merino mayor en tierra de León, conf. Don Iohán, obispo de Tuy e notario mayor en el Andaluzía, conf.
            (Cancillería): Yo, Rroy Martínez, capiscol de Toledo, le fiz escriuir por mandado del rrey en el quinto año que el rrey sobredicho rregnó.
Episcopus Palentinus. Episcopus Astoricensis.


           E(e)ste es traslado de un priuilegio que era ffecho en esta manera:
Et yo, Sancho García, escriuano público en Cuéllar por Velasco Pérez, de la Cámara de nuestro señor el rrey, ui e leý vn priuillejo del rrey don Sancho, onde fue sacado este traslado que sacó Gómez García, escriuano; e yo por mandado del / conçejode Cuéllar, pus aquí este sig(signo)no en testimonio.







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 IMAGEN GÓTICA DE LA MAGDALENA EN LA FACHADA DE LA CAPILLA DEL HOSPITAL
 Juan Carlos Llorente Mínguez

Portada del Hospital de Santa María Magdalena

 En la fachada de entrada a la Capilla del Hospital de Santa María Magdalena de Cuéllar, se conserva una imagen de la santa titular, situada bajo el arco toral que sostiene el alero y sobre el alfiz de bolas que enmarca el escudo de los Cueva, la piedra fundacional y los escudos del fundador, el arcediano de Cuéllar en la catedral de Segovia don Gómez González. La imagen se cobija bajo armazón de madera rematado en frontis clásico renacentista.

Del siglo XV,  representa a la Magdalena con "toca" y con túnica talar. Se aprecian, a pesar del deterioro que sufre la imagen, los símbolos de identificación de la santa: el rosario,  el salterio en su mano izquierda y el tarro de los perfumes en la derecha, en recuerdo de su retirada del mundanal ruido, tras abandonar su vida disoluta, o tras la muerte de Cristo, y el episodio evangélico de las lágrimas y ungüento sobre los pies de Jesús.




La imagen estaba situada bajo rico doselete pétreo, en el ábside Este de la Capilla. 
 














 





En el siglo XVI, al adosarse a este ábside la casa de la Cilla del Concejo, se la colocó bajo  el citado arco toral sobre la entrada a la capilla y se la ubicó en esta hornacina de madera.









Tras la reciente y muy notable restauración de la fachada a cargo del Ayuntamiento de la Villa, el prestigioso restaurador Carlos Sanz Velasco, hizo un estudio de la imagen con propuesta de futura restauración, en el que hace, entre otras apreciaciones, las siguientes:

"… Es una imagen gótica labrada en piedra caliza de color ocre amarillento. Aparentemente es el tipo de caliza dolomítica que se explotaba en los alrededores de Segovia y el mismo tipo que la piedra usada en la lápida con restos de inscripción que hay en esta portada, y la usada en el dosel de la hornacina que se encuentra en la fachada Este de la capilla.
La imagen conserva restos de policromía y dorados. Ha sido objeto de una restauración en la que se rehicieron los pliegues que enmarcan la cabeza y toda la parte del cuello. Debajo del material empleado para estas reconstrucciones, se ven restos de piedra.


La figura actualmente mide 84 cm de altura, 37 cm de ancho máximo y 19 cm de fondo máximo. Está ahuecada por la parte posterior para reducir el peso de la imagen…
La hornacina de madera en que se encuentra la figura es claramente un elemento posterior a la escultura. Tiene algunos restos de dorado en las molduras de la tapa superior y una decoración muy sencilla de estrellas doradas."

La propuesta del restaurador es clara: reproducir la imagen para colocarla en el lugar de la original y trasladar la original, tan expuesta a los accidentes atmosféricos y medioambientales degradantes, a alguna de las dependencias del interior del edificio.

Obras consultadas:
-  Iconografía de los Santos; Juan Ferrando Roig; Omega . Barcelona Ediciones 1950.

- PORTADA DE LA CAPILLA DEL ANTIGUO HOSPITAL
DE LA MAGDALENA  de CUELLAR
CONSOLIDACIÓN Y RESTAURACIÓN DE DIFERENTES  ELEMENTOS EN LA
PORTADA DE LA CAPILLA DE LA MAGDALENA, EN CUELLAR.
TRABAJOS REALIZADOS Y PROPUESTA DE INTERVENCIÓN PARA LA
CONSERVACIÓN DE LA ESCULTURA GÓTICA DE MARÍA MAGDALENA.
JUNIO DE 2013       RESTAURADOR: CARLOS SANZ VELASCO.


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AQUEL TRISTE DÍA DE LA ROMERÍA DEL HENAR DE 1956
Unos días antes de la última celebración de la Romería del Henar el pasado septiembre, tuve la ocasión de tener afable charla con Jesús Minguela Pascual, este hombre de la vecina localidad de Torrescárcela, localidad que, aunque en la provincia de Valladolid, es desde antiguo de la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar, lugar pues, con infinidad de lazos comunes, tanto históricos como de sus gentes, con la Villa cuellarana.
Jesús es un pozo de inquietantes aguas costumbristas de su Torrescárcela y localidades circundantes. Pacientemente va recopilando datos y más datos de tantos y tantos aspectos de lo vivido en su pueblo que, si no fuera por ello, ya habrían quedado sepultados en el tiempo.
Durante nuestro encuentro y conversación salió a relucir lo del trágico accidente de un autobús en las cercanías de su pueblo el día de la Romería del Henar de 1956, y él, aunque muy jovencito, ha tenido la capacidad de recordar mucho de lo sucedido aquel día que puso de luto a toda la comarca y que llegó a tener trascendencia en los medios de comunicación incluso a nivel nacional.
El domingo 16 de septiembre de 1956, recuerda Minguela, amaneció húmedo, triste y con lluvias intermitentes. La Fiesta de la Romería del Henar era para las gentes de Torrescárcela, como para tantos y tantos pueblos comarcanos, un día grande que se esperaba con impaciencia sobre todo para los niños y jóvenes. Yo tenía once años, comenta Jesús, y como tantos congéneres, me había acostado el día anterior elucubrando y soñando cómo lo iba a pasar "el día del Henar" con mi familia. En ello estaba cuando, sobre las ocho u ocho y media de la mañana, con gran ruido se abrió la puerta de la habitación donde dormía con mis hermanos, y fue mi abuela Sira la que con voz enérgica nos dijo: "levantaros inmediatamente que a lo mejor tenemos que poner en las camas a algún herido…"
Fotografía del estado en que quedó el autocar (Cortesía de D. Jesús Minguela)

Ya mi padre, sigue, había ido al lugar del accidente y había vuelto al pueblo con algunos de los heridos; en la Plaza había reunión general de vecinos que se preparaban para lo que hiciera falta a favor de los accidentados… Un autocar procedente de varias poblaciones del Valle del Cerrato (sureste de la provincia de Palencia) con destino al Santuario de la Virgen del Henar, traía la ruta de la carretera de titularidad de" Villafuerte-Cuéllar". Había pasado Quintanilla de Onésimo y Cogeces del Monte. Poco antes de llegar al cantón del kilómetro 10 en dirección Cuéllar, en el Pago del Arriero, nada más empezar a bajar una empinada cuesta, camino del puente del Arroyo Valcorba, por algún imprevisto desconocido, se salió de la carretera por la derecha y se precipito y despeñó por la ladera abajo…"Aquello fue horrible", dice Jesús estremecido… La carretera no tenía pretil, era una carretera, como decíamos entonces, "blanca" con muchísimos baches y encima lloviznando, casi seguro que habría creado "babilla" en las rodaduras…" Las voces de alarma se corrieron como el fuego. Tanto los habitantes de Cogeces del Monte como los de Torrescárcela se movilizaron como cuando tocaban las campanas "a arrebato". Recuerdo que enseguida se corrieron las voces de que una mujer había fallecido: al parecer la señora había salido despedida desde el habitáculo y había chocado con una gran piedra que aún se ve en el lugar. La mayor parte de los heridos fueron atendidos en el Ayuntamiento de Torrescárcela, y quizá algunos en Cogeces. Los médicos de las dos localidades atendieron diligentemente a los heridos con los medios a su alcance como lo hizo también la Farmacia de Cogeces. Con bastante celeridad, la familia de los Granicero de Cogeces, prestó un camión de su propiedad para trasladar heridos a Cuéllar, heridos atendidos en el Hospital de la Magdalena. La autopsia de la mujer que se tenía por única fallecida, tuvo lugar en un pequeño local que se había inaugurado recientemente dentro del Cementerio de Torrescárcela. Un poco después, ya nos dijeron que había otro fallecido como lo señala un letrero que se colocó en el lugar del accidente, en el que se da cuenta del fallecido: Pedro Ordejón Ocasar, policía de tráfico de 31 años… Poco a poco, nos fueron diciendo que eran aún más los fallecidos. Respecto al autocar, recuerdo se había casi en su totalidad se había desprendido del chasis al estar compuesto preferentemente de madera. Los asientos desprendidos estaban diseminados por la ladera, los enseres que portaban los accidentados, aparecieron en un radio bastante grande en torno al lugar del siniestro. Luego fuimos sabiendo que la empresa propietaria del autocar se llamaba "Empresa Tejedor" que parece que tenía su sede en Castrillo de Don Juan y que era la empresa que diariamente recogía viajeros del Valle del Cerrato en línea hacia Palencia. De este hecho trágico, concluye Jesús Minguela Pascual, Torrescárcela y seguro que los pueblos adyacentes, quedó consternada durante muchos años. Aún es hoy y creo que no hay convecinos de las nuevas generaciones que no hayan oído hablar en sus casas del referido suceso…"
Fotografía publicada por los medios de comunicación de la época (del fotógrafo Rafael)
Hasta aquí la sencilla y sentida narración de Minguela, que seguro hará refrescar la memoria a muchos de nuestros lectores de Cuéllar y Comarca e incluso de Segovia y Valladolid, porque, aun y a pesar de los precarios medios de comunicación de aquella época, la noticia se reflejó suficientemente tanto en los diarios segovianos como vallisoletanos y palentinos. Elijo, como referencia de todos ellos, la noticia que apareció en el ABC el martes 18 de septiembre de 1956 (página 43):

UN AUTOCAR LLENO DE VIAJEROS SE PRECIPITÓ POR UN PROFUNDO BARRANCO ENTRE SEGOVIA Y VALLADOLID.
Valladolid 17. Entre los pueblos de Cogeces del Monte y Torrescárcela se ha producido un grave accidente de autocar que ha costado la vida a cuatro personas y en el que cincuenta más han resultado heridas de mayor o menor gravedad.
Un autocar que había salido de Palencia con viajeros para asistir a las fiestas en la ermita del Henar, al llegar a una pendiente se precipitó por un barranco de unos 500 metros de altura. El autocar quedó completamente destrozado y se desprendió el techo del mismo con lo que varios viajeros al salir despedidos se libraron de una muerte cierta.
Un grupo de heridos de menor gravedad se trasladó al pueblo de Torrescárcela desde donde pidió ayuda al Gobierno Civil de Valladolid.
De esta capital salieron el gobernador civil, presidente de la Diputación, delegado provincial de sanidad y el doctor Zapatero que con toda prontitud llegaron al lugar del suceso. La circunstancia de ser médicos los cuatro hizo que muchos de los heridos pudieran salvarse ya que tomaron toda clase de medidas. De la Residencia del Seguro de Enfermedad "Onésimo Redondo" salió para el lugar del accidente un equipo de ambulancia, así como de la Cruz Roja y Delegación Provincial de Sanidad y distintos equipos médicos. Alrededor de las tres de la tarde llegaron los primeros heridos a Valladolid que fueron internados en la residencia "Onésimo Redondo" del Seguro de Enfermedad, donde se habían preparado cinco quirófanos con otros tantos equipos de médicos y transfusiones y cincuenta camas.
Resultaron muertos en el accidente Pedro Ordejón de treinta y un años policía armada y de tráfico de la plantilla de Valladolid; Isabel Zamora Zamora, de cincuenta y tres años, casada vecina de Cubillas de Cerrato; un niño de seis años hijo de Gerardo Fernández y Elvira Alolza, vecinos de Cubillas de Cerrato (Palencia). En la residencia sanitaria "Onésimo Redondo" donde había ingresado gravemente herida, ha fallecido Secundina Torres Salazar, vecina de Cerrato (Palencia).
Heridos graves, Virgilia Ortega de cincuenta y dos años, casada, natural de Cubillas de Cerrato; Palomo Morato de cuatro; Gerardo Ovejón de setenta y nueve años, ambos de Cerrato; Marcela Sánchez de cincuenta y dos, casada; Rafael Calvo Sánchez de veintitrés, soltero, ambos de Cubillas de Esgueva; Elvira Alolza de treinta y dos, casada, madre del niño muerto; Gerardo Fernández, casado, padre del niño muerto ; Juan de la Fuente, de treinta, casado; Pedro Gozalo Ortega , de treinta y cinco casado, ambos de Esguevillas; Feliciano Sanz Cano, de cuarenta y cinco, casado, de Encinas de Esgueva; Julián Cervera, de sesenta y cinco, casado, de la misma localidad.
De pronóstico reservado, Filomena Hernández Escudero de cincuenta y tres años, casada; Adela Triviño, de sesenta, casada; María del Carmen de la Fuente, de veintitrés, soltera; Felisa Garrido de sesenta, casada, ambos de Cubillas de Cerrato; Santos Orvejón, de setenta, soltero, de Población de Cerrato.
Y menos graves y leves, los siguientes: Heliodoro Fernández González, Feliciano Sanz Cano, Visitación Molinero, Antonia Ortega Palomo, Florentino Ortega, Antonio Ortega Ortega, de seis años, Domiciano Ruiz, Amalia Torres, Esperanza Torres, Pedro Lazarón, Pedro Fuentes Arce, Mercedes Torres, Teresa Fernández, Teresa Sebastián, Alfonso Ozores Arranz, María Luisa Coloma, Vicente Simón, Adelaida Santiago, Ángela Simón, Celsa Ozores, Juliana Ozores, de tres años, Isaías Palomo, Julián Palomo, Edelina Palomo, Felicísimo Revilla, Anunciación Moratinos, Domitila Pozazal, Ángeles Orvejón, Águeda Orvejón, Apolonia Orvejón, Ángeles Odecha, Federico Rafael Calvo, Anastasia Sánchez, Jaime Rodríguez, Alfredo Medina, Epifanio Serrano, Felipe Valdivieso, Martina Tejerino, Aurora Ruiz, Pedro García y la niña de ocho años, Milagros Ozores.
El conductor, Francisco Armendáriz, de veintinueve años, natural de Linares del Arroyo (Segovia),resultó con heridas leves, así como su ayudante, Francisco Tejero de diez y nueve años.- Cifra.
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Segovia 17. (Crónica telefónica de nuestro corresponsal).
El gobernador Civil interino de la provincia, ha dirigido hoy a través de la prensa y de la "radio" locales, una felicitación a cuantas personas intervinieron en la prestación de auxilios a los heridos de accidente de automóvil ocurrido ayer por la mañana entre Torrescárcela y Cogeces, de la provincia de Valladolid, al caer por un terraplén de quinientos metros y volcar un autocar que desde Palencia se dirigía a la romería de la Virgen del Henar. Ha subrayado dicha autoridad el admirable comportamiento del vecindario de Cuéllar, a donde nada más ocurrir el trágico accidente, fueron llegando hasta cincuenta heridos, algunos de extrema gravedad, que quedaron instalados en el Hospital de Santa María Magdalena. Fueron practicadas más de un centenar de transfusiones de sangre, para cuya operación ofrecieron suya generosamente numerosos vecinos de Cuéllar.
También se facilitaron por dicho vecindario ropas de cama, mantas y otros enseres, así como todos los vehículos disponibles para el transporte de heridos y personal sanitario. Médicos, practicantes y Hermanas de la Caridad trabajaron incansablemente en la asistencia a las víctimas, secundados por el vecindario y autoridades de Cuéllar en admirable ejemplo de abnegado civismo, hasta el momento en que se dispuso el traslado de los heridos a Valladolid, después de realizada la primera cura.
De Segovia, al recibirse las primeras noticias del accidente, salieron para Cuéllar el gobernador civil interino, Sr. Díaz Miguel Moraleda; el teniente coronel de la Guardia Civil y el jefe provincial de Sanidad con personal médico y sanitario y tres ambulancias.
En el Santuario de la Virgen del Henar, por la tarde, durante la solemne y tradicional procesión de la romería, se rezaron preces por las víctimas de la catástrofe.- Mariano GRAU.
En términos semejantes, se hicieron eco, como decía más arriba, los diarios provinciales de Segovia, Valladolid y Palencia.
(Salvo el cartel referido sobre el fallecido Pedro Ordejón Ocasar, que yo sepa, ningún testigo conmemorativo se hizo en recuerdo de la tragedia y de sus afectados, aunque, eso sí, la retentiva colectiva, por el tremendo impacto recibido, aún lo mantenga en la memoria de las gentes de los pueblos afectados, a pesar de los cerca de sesenta años transcurridos.)

JUAN CARLOS LLORENTE MÍNGUEZ
Profesor emérito de Geografía e Historia.




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DOCUMENTO SOBRE EL REPARTO DE LAS OFRENDAS DE LOS FUNERALES ENTRE LOS FRAILES DE SAN FRANCISCO Y LOS CLÉRIGOS DE LA VILLA
1501, enero, 15. CUÉLLAR

Conçierto dentre el monasterio de San Francisco e la clerezía sobre la ofrenda de los difuntos que se enterraren en el dicho monesterio.


1r. En la villa de Cuéllar quinse días del mes de enero año del Señor de mill e quinientos e vno en presençia de nos Juan Velázques e Frncisco Aluares, escriuanos públicos en la dicha villa e escriuanos de los hechos de ella e de los testigos de yuso escriptos, estando en la casa del consistorio, que es en la plaça de la dicha villa, ayuntados los señores justiçia e rregidores e procuradores de la dicha villa e su tierra, conuiene a saber: el señor bachiller Juan de Lilio, alcalde, e Gil Sánches e Alonso Velásques e Pedro de Oyado e Rrodrigo de Vallejo, rregidores e Francisco Gómez e Gonzalo Rodríguez de Córdoua, procuradores del estado de los caualleros y escuderos e Pedro Sánches rregidor e Ferrán Nuñes, procurador e mayordomo e Juan Romo de Montemayor e Juan Criado de Chañe, procuradores e rregidores del estado de los onbres buenos pecheros que paresçieron ende presentes de la vna parte el rreuerendo y deuoto padre fray Antonio de Hontoria, guardián del monesterio de Sant Francisco extra muros de la dicha villa en nonbre del dicho conuento e de la otra parte Pedro Martínes, cura de Santa Marina e Alonso Martínez, cura de Sant Miguel, yglesias de la dicha villa e Pedro Sánches, cura que fue de Traspinedo, en nonbre de todos los clérigos de la dicha villa e sus arrauales e dixeron a los dichos señores que bien sabían commo seyendo guardián en el dicho monesterio el rreuerendo e deuoto padre fray Francisco de Çamora, con su acuerdo e consejo ellos avían hecho çierta yguala entre si çerca de la quenta de los funerales e después avía avido entre ellos çiertas diferençias, las quales agora están ygualadas entre sy, segund que más largamente por vna escriptura de yguala entre ellos fecha, su tenor de la qual es este que se sigue: En la villa de Cuéllar a ocho días del mes de enero año del nasçimiento de nuestro saluador ihesu christo de mill e quinientos e vn años en presençia de mi Juan de Santisteuan, notario apostólico e notario público en la dicha villa por la autoridad episcopal e de los testigos de yuso escriptos, estando los honrrados Gómez García e Pedro Martínez e Pedro Sánchex e Alonso Martínez, cura de Sant Miguel e Francisco García, capellán de su señoría e Juan Sánches, cura de Sant Sebastián e Antonio Bermúdez e Alonso López, cura de Santisteuan e Andrés González, cura de Arroyo, clérigos del cabildo de la dicha villa, en nonbre de los absentes clérigos curas e beneficiados en las yglesias de la dicha villa a canpana tañida, segúnd que lo han de vso e costunbre, dixeron que por quanto sobre çiertos debates e diferençias que entre los rreuerendos padres el guardián e frayles del monesterio de señor Sant Francisco extra muros desta villa, sobre rrazón de la quenta e funerales de los que murían y se enterrauan en el dicho monesterio, con el rreuerendo e deuoto padre fray Francisco de Çamora, guardián que a la sazón era en el dicho monesterio, en nonbre del conuento del dicho monesterio se avían echo çier


2v. to asiento çerca de las dichas cosas que los dichos clérigos curas e benefiçiados de las dichas yglesias avían de llevar por rrazón de la dicha quenta, la qual dicha concordia se hizo mediantes los señores justiçia e rregidores desta dicha villa e que por entonçes no se otorgó la escrptura dello e agora nosotros somos conuenidos e ygualados con el rreuerendo e deuoto padre fray Antonio de Hontoria, guardián del dicho monesterio de estar y quedar por el asiento e yguala, su tenor del qual es este que se sigue. 
Que por quanto en esta dicha villa es costunbre que por las personas que mueren hagan honrras e obsequias por tres días e algunas personas acostunbran lleuar ofrenda de pan e vino y carne y candelas e dinero todo junto elprimer día y non más e otros lleuan la dicha ofrenda en pan cozido todos los tres días, era la diferençia en que manera se avía de llevar la dicha quarta, fue asentado que todo el pan e vino e carne e dignero e candelas e de toda otra cosa qualquier que se traxere en el primer día de los tres, agora venga la carne biua agora muerta que de todo ello lleue el cura de la perrochia e benefiçiados della la quarta parte e si por ventura en los otros dos días después del primero le lleuare más ofrenda por el tal defunto que de la tal ofrenda lleue el cura perrochial e benefiçiados la quarta parte de lo que viniere en pan agora sea cozido agora en grano e no de otra cosa alguna. e otrosí que si acaso fuere que alguno hiziere más de los dos días segundo e terçero los treynta días passe commo los passados que es que non puedan lleuar sino del pan en grano o cozido. e otrosí que del anal que se truxere en todo el año el dicho cura e benefiçiados lleuen la quarta parte del dicho pan e çera e non de otra cosa, e que de toda la ofrenda que se truxere en el cabo del año o se diere al dicho monesterio en qualquier manera, el dicho cura e benefiçiados non lleuen parte alguna ni menos del dos anal si alguno lo hiziere.  e porque lo sobre dicho sea firme e se guarde entre ellos de aquí adelante hizieron tres escripturas en un tenor para cada una de las partes la suya y otra que quedasse en el arca del consistorio, las quales otorgaron los dichos frayles estando en su casa e los dichos clérigos estando allegados en su cabildo a canpana tañida segund que lo tienen de vso e de costunbre, e los señores del conçejo e justiçia e rregidores en su consistorio e casa de ayuntamiento e rrogaron a los escriuanos e notarios de yuso contenidos, las signasen de sus signos. por ende contentos de la dicha yguala dixeron que la aprobaban e tenían por buena de agora para sienpre jamás e se obligauan e obligaron por si e por sus bienes en nonbre del dicho su cabildo de non yr nin venir contra


3r ello nin contra parte dello en juyzio nin fuera del nin de se llamar lesos nin danificados en la dicha yguala e si en algund tienpo veniesen de echo contra ello que non fuesen oydos, antes pedían e suplicauan al señor obispo que agora es e al que fuere de aquí adelante o a su prouisor e vicario general que se la hagan conplir e tener e de commo lo dezían pidieron a mi el dicho notario ge lo diese signado e a los presentes que fuesen dello testigos Fernando de Cuéllar, sacristán, e Áluaro de Briuiesca e Ferrand Áluarez, vezino de Villoria; e yo el dicho Johan de Santisteuan notario público sobre dicho, presente fuy en vno con los dichos testigos al otorgamiento de lo sobre dicho e de rruego e otorgamiento del dicho rreuerendo padre fray Antonio de Hontoria, guardián del dicho monesterio, en nonbre del conuento e frayles del e de los  honrrados clérigos del dicho cabildo, de suso nonbrados, que están presentes por ei e por los absentes, que les pedían por merçed que aquello quisiesen aver por bueno e firme e valedero para sienpre jamás e luego los dichos señores, vista la dicha escriptura dixeron que la avían e ovieron por buena e les plazía de la guardar para sienpre e de commo pasó los dichos guardián el clérigos lo pidieron por testimonio e signado, e fueron testigos dello Garçia Despinosa e Juan Vázquez e Diego de Cuéllar e yo Françisco Áluares escryuano público en la villa de Cuéllar e de los fechos del conçejo della a la merçed del duque de Alburquerque, mi señor, fuy presente en vno con el dicho Juan Velázques, escryuano e con los dichos testygos e por rruego e otorgamiento de los sobre dichos esta carta fyçimos escreuyr e por ende fyse aquy este mio sygno en testymonio de verdad . Juan Áluares.
Transcripción: Julia María Montalvillo García.

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LA DESAPARECIDA IGLESIA DE SAN GIL: 
SOBRE EL SANTO TITULAR.


La iglesia de la parroquia de San Gil, arruinada y desaparecida en torno al último tercio del siglo XVII, parece ser que se ubicaba en lo que hoy se denomina Plazuela de San Gil, dentro de la ciudadela de la Villa de Cuéllar, próxima al arco llamado de la Judería. 





La primera cita documental del Archivo Parroquial, da la fecha de 1363. Era una parroquia más bien pobre y quizá por ello, en  1642 el Obispo de Segovia decretó su anexión a la próxima de San Martín. En 1667, el Obispado otorga provisión al párroco de San Martín y San Gil para que trasladara retablos, imágenes, pila bautismal y ornamentos a la de San Martín, porque la iglesia amenazaba ruina…Ningún documento escrito o pictórico nos hablan de cómo era el templo, aunque algunos historiadores, como Balbino Velasco, en su Historia de Cuéllar, presupone que fuera una iglesia más de las numerosas que se construyeron del  denominado románico de ladrillo. En el Archivo Parroquial la documentación parroquial de San Martín y San Gil, arranca en 1604 y termina en 1840; todos los beneficios de la iglesia de San Gil, por ejemplo las Tazmías, lo administraba la parroquia de San Martín, aún después de desaparecida físicamente la iglesia. La imagen del denominado Cristo de San Gil (s.XIV) que se venera actualmente en la iglesia de San Andrés, procede de la desamortizada iglesia de san Martín, que, a su vez, la recibió de la de San Gil, cuyo apelativo nos delata su origen. 




Pero ¿qué sabemos del Santo Titular…? Numerosas parroquias de la Edad Media, recibieron el nombre de éste santo cuya vida, desde diferentes fuentes, nos llega con la siguiente descripción que me parece una de las más completas de las publicadas y que ha sido redactada por la Parroquia de Motilla del Palancar, cuyo Patrón y titular es San Gil:

 San Gil Abad fue un abad benedictino y eremita de origen griego.



Los conocimientos que tenemos sobre su vida hacen que nos movamos entre leyendas de carácter piadosas y relatos basados en hechos e historias de carácter popular que se divulgaron entre las regiones y países que frecuentó. No está claro cuál es el significado de su nombre, tal vez el más aceptado es el de “ protector “: San Gil o Egidio del latín “ el protector o defendido “; o de origen griego “Aighido “ que significa “ hijo de Egeo”. Nació en Atenas en el año 640 y murió el 1 de septiembre de un año en el que las fuentes consultadas no se ponen de acuerdo pues se habla del 720, 721 o incluso hay quien retrasa su muerte hasta el año 725.De familia acomodada – algunos lo relacionan como descendiente de sangre real -, fue educado en las letras humanas. Escritor, maestro y brillante estudioso de la ciencia del momento. Al morir sus padres – Teodoro y Pelagia -, siendo aún muy joven, se sintió atraído por la doctrina de Jesús, por lo que según se dice se deshizo de todo su patrimonio y repartió sus bienes entre los necesitados, recibiendo a cambio el don de hacer milagros (calmó tempestades, curó enfermos y realizó otros prodigios como provocar una lluvia de rosas). Rápidamente se extendió su fama por toda Grecia, y las gentes se dirigían a él como "el santo". Abrumado por la popularidad emigró a Francia. Allí se estableció al borde de la Camarga, cerca de Arlés en el sur de Francia, siendo discípulo de Cesáreo arzobispo de Arlés. Allí fundó un monasterio benedictino, siendo él su primer abad, por lo que recibió el nombre de St.Gilles. Con el paso del tiempo se vio nuevamente desbordado por la popularidad... “ Puesto que los hombres se obstinan, en rodearme de respeto, iré a vivir entre las fieras “, comentó, por ello atravesó el río Ródano y en una de sus riveras se encontró un santo ermitaño llamado Veredimo con el que permaneció algún tiempo. Por último, se retiró como eremita en una cueva de un frondoso bosque de la Provenza francesa, donde según se describe no había nada qué comer. Moviéndonos ya en el terreno de la leyenda, se dice que diariamente una cierva lo alimentaba de leche. Se le atribuye un buen número de milagros, y el sentimiento religioso del medievo, hizo que fuera conocido como abogado de los pecadores – por haber ayudado en la conversión del rey Carlos -, protector de los pobres, tullidos, arqueros – al haber sido herido por una flecha -, abogado del miedo y defensor contra las enfermedades del cáncer y la epilepsia, llamada “ mal de San Gil “.Como ya hemos comentado, el año de su muerte no está confirmado, pero sí que fue sepultado en la iglesia conventual de St.Gilles. Su sepulcro se ha conservado, y durante la Edad Media se convirtió en un lugar famoso de peregrinación, ya que estaba situado en el trayecto del Camino de Santiago. Las reliquias de San Gil o Egidio se encuentran en la actualidad en su mayor parte en St-Sernin de Toulouse. También en los países de lengua alemana Egidio fue un santo muy venerado, por lo que muchas de las ciudades alemanas hacen referencia a él: St. Gilden, Gilldenberg, St.Ilgen, St.Ägyd...Se le considera como uno de los “catorce santos auxiliares “. En el calendario Romano reformado en 1969 ya no lo menciona. Es representado como un anacoreta en una cueva, con una cierva o como abad benedictino con báculo, cierva, libro, flecha clavada en el brazo, lirio, perros, y un mensaje celeste en una filacteria por haber descubierto un pecado oculto del Rey Carlos y hacérselo confesar. Su leyenda es la siguiente: ya en su retiro en una cercana cueva al río Ródano, era visitado diariamente por una cierva que lo alimentaba con su leche. Cierto día en una cacería organizada por el rey Childeberto, entonces rey de Francia, los perros acosaron a la cierva, y ésta se metió en la gruta de San Gil, donde misteriosamente los perros no pudieron acceder al estar cercado de árboles y malezas. Sorprendidos los arqueros lanzaron flechas al interior de la cueva y una de las cuales hirió al ermitaño en el rostro. Otros relatos afirman que fue herido en una mano o en el brazo. Al ser hallado desangrándose, el rey quedó tan impresionado por el suceso que dijo: “Si este hombre es capaz de exponer su vida por salvar la de un animal, ¿qué no hará por la salvación de los hombres?“. Para reparar su culpa, se personó en el lugar y le ofreció dinero y toda clase de bienes pero San Gil no aceptó, pidiéndole a cambio que construyera un monasterio en ese lugar. El rey aceptó la propuesta y edificó un monasterio. Así surgió St. Gilles, donde murió. También se cuenta otra leyenda del siglo VIII en la que, San Gil, abad benedictino, atravesó el Pirineo y se estableció en el Valle de Nuria, término de Caralps (Ripollés) para evangelizar y cristianizar a los pastores. Eran convocados al son de una campana y los alimentaba cocinando en una olla. Perseguido por el rey Witiza tuvo que regresar a Francia. En la actualidad se celebra en Nuria la Fiesta de los Pastores. Se sigue venerando la gruta milagrosa donde vivió San Gil, y cada 1 de septiembre los pastores de la comarca se concentran para celebrar el día del patrón. Hacen una concentración de ganado – ovejas, cabras, corderos, vacas, bueyes... – y durante la misa celebrada por el obispo de la Seu, ofrecen los productos típicos del oficio: leche, quesos, cuajadas.. .San Gil además de ser el patrón de Motilla del Palancar, es el de Carintia, Estiria, Nuremberg, Osnabrück... Es el patrón de los cazadores, de los pastores, de los tratantes de caballos, de mendigos, abandonados, leprosos, de madres lactantes, favorecedor de la fertilidad, y apaciguador de tormentas, fuegos y sequías.

Pero, ante la posibilidad de que éste no fuera el santo titular de la desaparecida parroquia e iglesia cuellarana (posibilidad sugerida desde unos datos sueltos en medios de la red de Facebook), debemos analizar la posibilidad de que se tratara de otro santo con el mismo apelativo, y por ello ver las posibilidades de que fuera un Santo Leonés, cuya referencia biográfica que encuentro como más completa es la siguiente:

 Gil de Casaio (Bierzo?, ca. 1170 - Casaio, Carballeda de Valdeorras, ca. 1250).
"No se sabe donde nació, aunque tradicionalmente, se dice que éste fue un monje benedictino, abad de San Martín de Castañeda. Se retiró a una ermita donde murió. Es venerado como SANTO por la Iglesia en la comarca del BIERZO, hacia 1170, pero podría ser en algún otro lugar Galicia o incluso de Castilla. Monje benedictino o cisterciense en el monasterio de Santa María de Carracedo (Bierzo), fue al monasterio de (Galende, Zamora), que restauró y del cual fue ABAD. De todas maneras, tampoco hay pruebas documentales de que fuese realmente el abad. Buscando la soledad para hacer oración , se retiró con otro monje, Pedro Fresme, en el priorato de Santa Cruz de Casaio (Carballeda de Valdeorras), no muy lejos de Castañeda, pero ya en la comarca de Valdeorras, en Galícia, donde hizo de rector del pueblo.Marcharon después a hacer vida eremítica a Casaio (también en el municipio de Carballeda de Valdeorras, en el valle de Valdeorras), donde cada uno de los dos monjes viven en una ermita. Cuando Gil murió, a mediados del siglo XIII, el otro monje lo enterró en la misma ermita.
Sobre la ermita se edificó una iglesia, que se convirtió en lugar de peregrinaje, con romerías el 1 de septiembre. Tiene mucha devoción en la comarca de Valdeorras y en otras partes de Galicia. Se estableció una cofradía de San Gil en Casaio, a quien el papa Benedicto XIV concedió en 1746 indulgencias para los que visitasen la ermita.
No se conoce el día de la muerte; se eligió como festividad el 1 de septiembre porque ese mismo día se conmemora la festividad de San Gil. La coincidencia y la ignorancia hizo que se mezclasen elementos, y que el santo de Casaio fuese representado, como el occitano, con una diana al lado".

Se insinuaba también en el citado suelto en las redes sociales, que el santo titular podría haber sido el Beato Gil de Vaozéla, cuya biografía pertinente podría ser la siguiente:

En Santarem, en Portugal, beato Gil de Vaozéla, presbítero, que como profesor de medicina en París se entregó a una vida disoluta, pero, una vez convertido, ingresó en la Orden de Predicadores, en la que se esforzó en rechazar, con lágrimas, oración y sacrificios, todas las tentaciones.

Nació en Vaozela (diócesis de Viseo, Portugal), siendo su padre el noble Rodrigo Pelagio Valladares, que al ser un segundón lo dedicó a la carrera eclesiástica. Gil estudió en Coimbra, donde se distinguió mucho por su brillante inteligencia. El rey le concedió una canonjía y otros beneficios. Pero el joven se interesaba más por las ciencias experimentales que por la teología y decidió estudiar medicina en París. Poco después de emprender el viaje, le alcanzó por el camino un forastero (el beato pensaba más tarde que era el demonio en persona), quien le invitó a ir a Toledo en vez de proseguir el viaje a Francia. Gil se quedó, pues, en Toledo, donde no sólo estudió alquimia y física, sino que se interesó también por la nigromancia. Según parece, se entregó ahí a todos los vicios y llegó incluso a hacer un pacto con el diablo, firmado con su propia sangre. Siete años después, pasó a París, donde practicó la medicina con gran éxito. Allí conoció a santo Domingo de Guzmán y su ejemplo hizo que la voz de su conciencia empezó, por fin, a hacerse oír. Una noche Gil tuvo un sueño en el que un espectro gigantesco le gritó: « ¡Cambia de vida!» « ¡Cambiaré de vida!», exclamó Gil al despertar. Y cumplió su palabra, ya que al punto quemó los libros de magia, destruyó los frascos de ungüentos y emprendió, a pie, el viaje a Portugal.
Con los pies ensangrentados y medio muerto de fatiga, llegó al fin a la ciudad de Valencia, donde los dominicos le recibieron hospitalariamente. Gil aprovechó la ocasión para confesarse. Poco después, tomó el hábito. El resto de su vida fue de lo más edificante. Naturalmente, no le faltaron ataques del demonio y el recuerdo del pacto que había hecho con él le hacía temer mucho por su salvación; pero, con la gracia de Dios, perseveró en la oración y la mortificación. Siete años después, tuvo una visión en la que Nuestra Señora le devolvió el pacto que había firmado con su sangre y, a partir de entonces, vivió en paz. Poco después de su profesión, los superiores le enviaron a la ciudad portuguesa de Santarem. 
Más tarde, estuvo en un convento de París, donde se hizo muy amigo del beato Humberto de Romans, futuro maestro general de la Orden de Predicadores. Tuvo una gran familiaridad con el beato Jordán de Sajonia siendo ya Maestro de la Orden. De él habla abundantemente fray Gerardo de Frachet en “Las Vidas de los frailes”
Vuelto a su patria se dedicó a la predicación con gran asiduidad, llevando una vida ejemplar con lo que atrajo a muchos, especialmente a los más descarriados, al camino de la salvación, donde llegó a ser provincial de Coimbra y Santarem. Fue prior provincial de la provincia de España dos veces entre los años 1233-1249. Fue un fraile de eximia santidad, autoridad y gran formación intelectual. Dios le favoreció con frecuentes éxtasis y con el don de profecía. Al momento de su muerte en el convento de Santarem, pidió ser revestido de cilicio y puesto sobre el pavimento y así dirigió a los frailes palabras de mucho consuelo. Sus reliquias se encuentran hoy en San Martino do Porto, cerca de Lisboa, en una casa particular. Su culto fue aprobado en 1748.


La posibilidad de que sea el Beato Gil de Vaozèla parece la más remota, porque no fue beatificado hasta el siglo XVIII, y por tanto, la consiguiente veneración como santo no se podía hacer práctica. El hecho de que la iglesia de san Gil de Cuéllar estuviera situada cerca del barrio de la judería no avala la insinuada pretensión de que tuviera que ver con prácticas de alquimia y ciencias semejantes que atañen a los judíos, más por las leyendas de voluntad difamadora que pesaban sobre ellos que por una objetiva visión  de su cultura y religión.
Poco posible sería que una repoblación leonesa, que no se puede documentar en estas tierras en las que se registran poblaciones venidas de la primitiva Castilla, de la Rioja o de Navarra, en la ocupación de lo que fue la Extremadura Castellana (Soria, Segovia y Ávila) nos llevara a concluir que el San Gil de Cuéllar fuera el San Gil del Bierzo.
Considero por estas razones, que el San Gil de la parroquia cuellarana, era el tradicional San Gil Abad o Egidio, cuya devoción se detecta en Castilla y León y el resto de España desde el siglo XII, plasmada en numerosas parroquias como San Gil de Burgos, de Sevilla, de Zaragoza, de Segovia (desaparecida), de Zamora, de Granada, de Guadalajara…por citar unas pocas entre muchas más….
Juan Carlos Llorente Mínguez


FUENTES CONSULTADAS

BALBINO VELASCO BAYÓN, HISTORIA DE CUÉLLAR, Gráficas Andrés Martín Valladolid 1981.
UBIETO ARTETA, COLECCIÓN DIPLOMÁTICA DE CUÉLLAR, Segovia 1961. Diputación Provincial.
JUAN FERRANDO ROIG, ICONOGRAFÍA DE LOS SANTOS, Ediciones Omega Barcelona 1950.
JUAN ALONSO VALCARCE
 Memorias para la historia de San Gil de Casayo, monje cisterciense del Real Monasterio de Ntra. Sra. de Carracedo, abad del Real Monasterio de San Martín de Castañeda, anacoreta en el Valle de Casayo.  
JOAQUÍN  LORENZO VILLA
Año cristiano de España, Madrid, imprenta Real, 1793 "San Gil de Casayo.  
CRISTINA HUETE GARCIA, HAGIOPEDIA, EN FACEBOOK.



CASAS BLASONADAS EN LA VILLA DE CUÉLLAR.
El insigne segoviano, el Marqués de Lozoya, exponía, en palabras que recoge el eminente heraldista Alfonso de Ceballos Escalera y Gila, Marqués de la Floresta en su obra "Armorial de Segovia", las siguientes consideraciones:
" La Heráldica debiera figurar entre las "Bellas Artes". Los blasones pintados en alfarjes, esculpidos en piedra o forjados en hierro, son el decoro y el prestigio de los viejos recintos urbanos esparcidos por toda España. Los blasones ennoblecen el caserío y son, al cabo, poesía y belleza. En mi larga vida he visto desaparecer no solamente a los habitantes de las casas blasonadas, sino también el derribo o el derrumbamiento de estas mismas casas que los fundadores pensaban que serían cabeza de su linaje "hasta el Juicio Final". He visto también cómo se quedaban cerrados y desiertos palacios que vi en todo su esplendor. Destinados a diversos usos, vieron desaparecer tapices y retratos familiares, arañas y cornucopias doradas. Pero, único testimonio de los fastos de antaño, queda el blasón, la piedra heráldica".
Bellas consideraciones las de don Juan de Contreras que nos pone en contacto con una necesaria atención sobre lo que nos queda de aquellos caserones de tanta historia y de gran interés, casi siempre, arquitectónico.
En Cuéllar se han perdido un número indeterminado de estas casonas bastantes de ellas durante el siglo pasado, cuando una mal interpretada prosperidad conllevaba el derribo de "lo viejo" por nuevas construcciones de ladrillo y cemento que se presentaban como signo de prosperidad. Pero, aún, un singular conjunto de ellas, si bien no todas en buen estado, lucen como testigos de un rico pasado constructivo embellecido por galanas piezas heráldicas.
El elenco de las casas blasonadas que han llegado hasta la actualidad aparecen a veces de forma aislada o esporádica, para agruparse en otras ocasiones en señaladas calles del casco viejo. Para enumerarlas tomo como base el nombre de las calles por orden alfabético:
CALLE CARCHENA.
- La casa número 6 está blasonada en la clave del portalón de dovelas. Las armas son "engolado de cabezas de jabalí , en el "jefe" una torre y "en punta" un oso o un jabalí"; armas de familia desconocida, pero quizá de los de la Torre y los del Puerco.
- En el Centro Cultural Carche-Casa joven, en el zaguán hay dos escudos que pertenecieron a la casa de Don Martín López de Hinestrosa-Córdoba y de Doña Isabel de Zuazo, los dos enterrados en los sepulcros mudéjares de San Esteban, cuya casa de la calle de los Herreros fue derribada para construir el Cine de la Muralla. el de Don Martín presenta cinco leones puestos en aspa, el de Doña Isabel, la de las bulas de san Esteban, es un escudo cuartelado, primero y cuarto tres banderas, segundo y tercero, dos lobos pasantes puestos en palo.
CALLE DEL COLEGIO
- En el número 8, un escudo en la clave de un portalón de arco de medio punto; las armas son eclesiásticas, con las llaves de San Pedro superadas en el centro por una corona ducal.





- En el llamado Palacio de Pedro I el Cruel, o el Justiciero, Casa solariega de los Velázquez de Cuéllar, sobre las arquivoltas románicas ostenta tres escudetes siendo el del centro el de los Velázquez de Cuéllar: "trece roeles (o bezantes)"; el situado a su derecha, es el de los Velasco, Condestables de Castilla, atravesado por un palo, por no ser de línea directa en la posesión del título; el situado a su izquierda tiene por armas cinco flores de lis puestas en sotuer; en los capiteles de la citada puerta, también hay figuras heráldicas: en el de la izquierda un sol, una luna y un trébol de cinco hojas, y en el de la derecha un águila exployada.
CALLE DEL DUQUE DE ALBURQUERQUE
En la fachada de las llamadas "paneras del Duque, un escudo que se repite en la fachada de la Casa, en la Calle de la Solana alta :
escudo cuartelado bajo corona ducal y arropado por manto de grande de España, abrazado por la cruz de la orden de Santiago; en el primer cuartel, las armas del condado de Siruela, en el segundo las armas de Enríquez de Navarra, en el tercero las armas de Espínola y en el cuarto las armas de Guzmán; en el escusón (centro del escudo) las armas de los Cueva. El escudo está abrazado por el collar de la orden de Carlos III, y acompañan símbolos de tropa: tambores, cañones y lanzas.
El escudo fue mandado colocar por XIII Duque, Don Miguel de la Cueva, entre los años de 1788 y 1790.
CALLE DEL PALACIO
En el edificio que fue Estudio de Gramática y desde principios del siglo XX Cárcel, hay un escudo desubicado de su lugar con armas de los Toledo: ocho puntos de azur(azul) equiparados a otros ocho de plata, correspondiente a las armas de la esposa del segundo Duque de Alburquerque , doña Francisca de Toledo
CALLE DE LOS HORNOS
- En el edificio número 20, un escudo en el dintel cuartelado, primero y cuarto, cruces como las de Calatrava, y el segundo y tercer cuartel están picados aunque se adivinan dos leones rampantes. Es posible que fueran las armas de los Ruiz y Silva, que tuvieron su casa solariega en la calle de Segovia.





- Justo en frente, en la fachada lateral del actual Palacio de Justicia, sobre portalón de dovelas, hay un escude totalmente picado y que pudo responder a las armas de los Rojas, pues este gran edificio fue su casa solariega.
CALLE DE SAN ANDRÉS
- en el número 40, actual restaurante de san Basilio, en la fachada
de lo que fue aquel monasterio, hay un escudo con las armas de los Cueva, desubicado de su origen que al parecer era el claustro desaparecido de aquel convento.


CALLE DE SAN PEDRO
- En la vivienda número 8, dos escudos a los lados de la puerta adovelada. El de la derecha es el de los Herrera: dos calderas con cabezas de sierpes en las asas y por orla, once calderas más pequeñas. El de la izquierda lleva armas de los Daza: "una cruz hueca y floreteada, cargada de cinco veneras, cantonada de cuatro calderas con tres cabezas de sierpe cada asa".
- En el número 12, un escudo (quizá movido de su lugar original: partido con armas de los Corral de Arellano a la izquierda:" en campo partido, dos flores de lis y en punta otra flor de lis; en el capo de la derecha las armas de los Águila y de los Velázquez".
- En el número 16, un escudo esculpido en el dintel: una "bicha" con rostro de Solís, abraza las armas de un partido de Águila traspasada de palo y bajo ella flores de lis, y de ortigas sobre ondas marinas (Vivero-Ortigueira).
En la misma vivienda, un escudo nuevo con las armas de "Iglesias" cuya leyenda reza: "a pesar de todo venceremos a los moros".



 


- Justo en frente, en el número 17, a los lados fachada de arco apuntado, dos escudos; el de la derecha es de los Hinestrosa-Córdoba, pero la disposición de los leones está contrariada; 



 


el de la izquierda ostenta las armas de los Velázquez del Puerco: trece roeles y por orla ocho cruces; debajo de los roeles un puerco orlado por ocho medias lunas".


- En el dintel de la puerta del actual Palacio de Justicia, en la llamada Casa de las Bolas, hay un escudo "picado", cuyas desaparecidas armas serían las de los Rojas: "cinco estrellas de ocho puntas de oro en campo de azur (azul). (Continuará)
CALLE DE SANTA CRUZ
- En el llamado Palacio de Santa Cruz, a los lados del portalón adintelado, se exhiben dos escudos, siendo el de la derecha el de las armas del Marquesado de Cadrehita, que incluye las propias de "Torre", "Afán de Ribera" y Enríquez, y otras…; el de la izquierda es el de los Cueva, tan profuso en la Villa.
- En la fachada de servidumbre del Palacio, que recorre toda la calle de Santa Cruz, a la altura de la actual cafetería Dori, dos escudos desubicados de su lugar de procedencia, presentan las armas del Concejo ( cabeza de caballo cortada hasta el pecho), y las armas de "Girón" escudo cortado, el jefe partido de Castilla y León y en punta tres girones. Estos dos escudos estaban sobre la puerta de la antigua Alhóndiga en el Mercado del Pan; un tercero con armas de los Cueva está custodiado en dependencias municipales.
CALLE DE LA SERRANILLA
Un escudo timbrado de corona ducal amparando al emblema Jesús, Hombre, Salvador, orlado por el cordón de los franciscanos.
CALLE DE SANTA MARINA
- En el inmueble número 3, sobre portada de dovelas, un escudo con las armas del Concejo (esta casa tendría algún destino municipal).
CALLE DE SEGOVIA
- En el número 7, un escudo-dintel partido con las armas de los Velázquez de Cuéllar y dos lobos pasantes puestos en palo que pueden ser de los Maldonado o de los Ayala.
- Cercana, En la misma acera se ubica la Casa-palacio de los Herrera, que luce dos escudos; el de la izquierda , bajo capelo eclesial, un abanderado que sostiene y recuerda el estandarte que concedió Carlos I a Alonso Ruiz de Herrera en 1523 por haber hecho preso a un general francés, al que arrebató el estandarte en las batallas de la Cuenca de Pamplona; debajo, el escudo es un partido con la cruz de los Ruiz y los trece roeles de los Velázquez de Cuéllar. El escudo de la derecha presenta un cuartelado: el primer cuarto es de Ruiz, el segundo de Herrera, el tercero es Velázquez y el cuarto es un moral sobre ondas que es de "Morales".
- En el número 19, en la cave del arco hay un escudo de los "Águila" y por bordura ocho escudetes; por cima, otro escudo con las armas de los Girón, que en su día estuvo colocado en una casa vecina, (aún se aprecia color en el castillo de primer cuarto superior).
CALLE DE LA TRINIDAD
- En el número 1, tres escudos bajo cimeras emplumadas muestransus armas picadas, pero se distinguen algunas de ellas: en el escudo de la derecha las armas de los Hinestrosa-Córdoba, en el del centro tres flores de lis con los cinco leones de los Hinestrosa-Córdoba y en el de la derecha , los roeles de los Velázquez de Cuéllar.
- En un inmueble de la misma acera, en una portada adintelada, hay un escudo con las armas picadas, pero en el que aún se distinguen las conocidas armas del Concejo; a esta casa se la denominaba desde antiguo la Casa Grande, y fue en su día del Ayuntamiento.
CALLE DEL ARCO DE SANTIAGO
- En el número 11, en una casa de notable antigüedad, un escudo de los Cueva; la casa sería propiedad de los Duques para servicio de los "cargos" de su Casa.
PLAZA DEL CAMPO
- En una gran casa de corte renacentista, hay dos escudos, en el de la izquierda se adivinan las armas de los Castro, seis roeles o bezantes, las de los Águila, el tercero y el cuarto cuartel apenas se pueden identificar; en el escudo de la derecha hay armas de Bazán (escaques blancos y negros), de los Águila y Herrera, sin que pueda identificar las del último cuartel.
PLAZA MAYOR
- en el edificio de la Casa Consistorial, un escudo, como no podía ser menos, con las armas del Concejo, señalando que el caballo representado está contrariado, es decir, mira a nuestra derecha cuando debiera mirar a la izquierda como determinan las normas de la Heráldica.
PLAZA DE SAN GIL
- En la casa número 9, donde estuvo ubicado el Hospital de las Llagas o de la Cruz, había un escudo y una lápida fundacional que fueron vendidos en el pasado siglo, dándose por desaparecidos, aunque sospecho que el escudo de los Daza, de armas ya descritas y que conocemos por documento gráfico, es el que está en la fachada del Mesón de Cándido en Segovia, en la calle Emperador Teodosio.
En la misma fachada de lo que fue Hospital, adosada a la muralla de la ciudadela, hay un escudo-dintel con las armas de don Agustín Daza que da cuenta también de algunas de sus fundaciones. El escudo está bajo capelo eclesial.
PLAZUELA DE SANTO TOMÉ.
En la casa donde, según reza una lápida de principios del siglo XX, residió el poeta Espronceda durante su obligado alejamiento de la Corte, hay un escudo de armas sin identificar, aunque pudieran ser eclesiásticas: una cruz en aspa (San Andrés) y de bordura cuatro veneras o conchas.
PLAZUELA DEL ESTUDIO
- En lo que fue fundación de don Gómez González en el siglo XV, el noble caserón que albergó el Estudio de Gramática, sobre su puerta, desfigurada por obras posteriores, hay tres escudos, el superior es el de los Cueva, y los dos, debajo y a sus lados, son los del fundador: seis cruces conformadas por luneles y en el escusón (centro) una cruz más de luneles con cruz incluida de brazos iguales; por orla ocho luneles.
Por supuesto, son muchas piezas heráldicas más, las que conforman el total de las mismas en la Villa que suman unas trescientas; he hecho mención de las que podemos ver dispersas por el caserío y que muchas veces pasan desapercibidas para vecinos y visitantes y que debieran ponerse en valor. Tengo que hacer referencia a las que también están ahí presentes en las fachadas de los edificios religiosos, en las murallas, en las fuentes y en el propio Castillo que no son objeto de este trabajo.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Balbino Velasco: " Cuéllar, Reportaje gráfico de su historia", Gráficas Martín, Valladolid, 1972.
Balbino Belasco: " Historia de Cuéllar". Gráficas Andrés Martín, Valladolid, 1981.
Escalera y Gila: "Armorial de Segovia", Segovia, 1986.
Olmedo Álvarez Julio: "Heráldica", Perea Ediciones, Madrid,1989.
González-Doria Fernando: "Diccionario enciclopédico de los Reinos de España", Madrid,1987.
Larios Martín Jesús:: "Nobiliario de Segovia", Segovia 1956-67.
Schnieper Campos Jacques: Armorial de apellidos españoles", Auryn Ediciones, Madrid, 1999.
Juan Carlos Llorente Mínguez




TRANSCRIPCIÓN DEL DOCUMENTO
Archivo del convento de Santa Clara de Cuéllar (A.C.S.C.C.)

1527, marzo, 7. Cuéllar

 


En la villa de Cuéllar a siete días del mes de março año del nasçimiento de nuestro señor e salvador ihesu christo de mill e quinientos e veynte e siete años ante el señor bachiller Pedro de Çeballos, teniente de corregidor en la dicha villa de Cuéllar e su tierra por el señor dottor Garçia Rrodríguez de Herrera, corregidor en la dicha villa de Cuéllar por el duque nuestro señor, que estaba oyendo e librando pleitos en el avdiençia e lugar e ora acostunbrado y en presençia de mi Garçia de Lezcano, escribano público en la dicha villa de Cuéllar a la merçed del muy yllustre señor don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque, conde de Ledesma e de Huema, etc., e mi señor, e ante los testigos de yuso escritos paresçió y presente Pero Vermúdez, vezino de la Caveçuela, lugar de la villa de Sepúlveda, ansi como testamentario de Mari Vermúdez, vezina que fue del lugar de Hontalvilla e presentó un testamento sinado de mi el presente escribano y un codeçillio sinado de Francisco Beltrán, vezino del dicho lugar de Hontalvilla e ansi mesmo presentó a Juan de Bartolomé e a Frutos Herrero e a Frutos Sacristán e a Juan Martín e a Pero Benito, vezinos del dicho lugar de Hontalvilla que estaban presentes que fueron testigos del dicho otorgamiento del dicho codecillio e pidió al dicho señor teniente que rresçiba de ellos juramento en forma devida de derecho e so cargo del juramento que ansi hizieren sean preguntados acerca de lo que se contiene en el dicho codeçillio e lo que dixeren e declararen se lo mande dar en pública forma rreduçiendo el dicho codeçillio poniendo en ello su abtoridad e decreto judicial e que lo pide ansi por testimonio para en guarda de su derecho. E luego el dicho señor teniente tomó e rresçibió juramento en forma devida de derecho de los dichos Juan de Bartolomé e Frutos Herrero e Frutos Sacristán e Juan Martín e Pero Benito sobre la señal de la cruz donde cada uno de ellos pusieron sus manos derechas corporalmente diziendo que juraban a Dios e a Santa María e a la señal de la cruz donde avían puesto sus manos derechas e a las palabras de los santos quatro ebanxelios do quier que más largamente están escritos que, como buenos e fieles e verdaderos cristianos, que dirán e declararán la verdad acerca de lo que se contiene en el dicho codeçillio y echada la confusión del juramento dixo cada uno de ellos si juro e amén, testigos que les vieron jurar Diego Çorrilla e Pero Álvarez e Juan de Sant Rromán, escrivanos públicos en la dicha villa de Cuéllar, e seyendo leydo e publicado por mi el dicho escrivano el dicho testamento e ansi mesmo seyéndoles leydo por mi el dicho escrivano el dicho codeçillio a los dichos testigos de suso nonbrados e jurados e seyendo preguntados por el dicho señor teniente so cargo del juramento que tenían echo acerca de lo que se contiene en el dicho codeçillio e conforme a ello lo que dixeron e declararon cada uno de ellos por si es lo siguiente
(Al margen) testigo. El dicho Juan de Bartolomé, testigo jurado, e siendo preguntado por el dicho señor teniente conforme a lo que se contiene en el dicho codeçillo e dixo que este testigo se alló presente al tienpo que la dicha Mari Vermúdez otorgó el dicho codeçillio e que le otorgó segund e como se contiene en el dicho codeçillio e que estaba en su buen juizio natural quando le otorgó, que le otorgó antes Francisco Beltrán, el qual escribió el dicho codeçillio e que esto es la verdad para el juramento que hizo, e no firmó porque dixo que no sabía firmar.
(Al margen) testigo. Frutos Herrero, testigo jurado, e seyendo preguntado por el dicho señor teniente conforme a lo que se contiene en el dicho codeçillio dixo que al tiempo que la dicha Mari Vermúdez otorgó el dicho codeçillio que este testigo se halló presente al tienpo que le otorgó e que le otorgó segund e como se contiene en el dicho codeçillio e que estaa en su buen juizio natural quando le otorgó ante el dicho Francisco Beltrán, el qual le escribió e que esto es la verdad para el juramento que hizo e no firmó porque dixo que no savía firmar.
(Al margen) testigo. El dicho Frutos Sacristán, testigo jurado, e seyendo preguntado por el dicho señor teniente conforma a loque se contiene en el dicho codeçillio dixo que este testigo se alló presente al tienpo que la dicha Mari Vermúdez otorgó el dicho codeçillio e que le otorgó segund e como se contiene en el dicho codeçillio e que estaba en su buen juizio natural quando le otorgó ante el dicho Francisco Beltrán e que esto es la verdad para el juramento que hizo e no firmó porque dixo que no savía escrevir.
(Al margen) testigo. El dicho Juan Martín, testigo jurado e seyendo preguntado por el dicho señor teniente conforme a loque se contiene en el dicho codeçillio dixo que este testigo se alló presente al tiempo que otorgó la dicha Mari Vermúdez el dicho codeçillio e que le otorgó segund e como en él se contiene, ante Francisco Beltrán e que estaba en juizio natural quando le otorgó segund e como en él se contien ante Francisco Beltrán e que esto es verdad para el juramento que hizo e que esto es verdad ara el juramento que hizo e no firmó porque dixo que nos savía escrevir.
(Al margen) testigo. El dicho Pedro Benito, testigo e seyendo preguntado por el dicho señor teniente conforme a lo que se contiene en el dicho codeçillio dixo que este dicho testigó se alló presente al tiempo que otorgó la dicha Mari Vermúdez el dicho codeçillio, que estaba en su buen juizio natural quando le otorgó e que le otorgó ante Francisco Beltrán e que esto es la verdad para el juramento que tiene hecho e no firmó porque dixo que no savía firmar.
E luego el dicho señor teniente dixo que visto el pedimiento y testamento e codeçillio e juramento e declaración de los dichos testigos que avía e obo por publicado el dicho testamento y el codeçillio por rreduzido e que mandava e mandó a mi, el presente escrivano, que sacase un traslado o dos o más, los que menester fueren, en linpio del dicho testamento e codeçillio originales e los diese sinados de mi sino en pública forma al dicho Pero Vermúdez, como testamentario, o a otras qualesquier personas que les pertenesçiese para en guarda de su derecho y a los legatarios el traslado en el qual dicho testamento o testamentos o codeçillio o codeçillios que yo ansí diese sinados de mi sino dixo que interponía e ynterpusoo su abtoridad e decreto judiçian, tanto quanto podía e devía de derecho para que fagan fe ante qualquier juez que paresçieren y el dicho Pero Vermúdez pidiolo ansí por testimonio, testigos Diego Çorrila e Pero Álvarez e Juan de Sant Rromán, escrivanos públicos de la dicha villa, su tenor del qual dicho testamento e codeçillio es uno en pos de otro, de berbum a verbun es lo siguiente
Yn dey nomine amen. Sepan quantos esta carta de ynstrumento de testamento vieren como yo, Mari Vermúdez, muger que fui de Pedro de Xaramillo, vezina del lugar de Hontalvilla, lugr e jurediçión de la villa de Cuéllar,  otorgo e conozco por esta presente carta, estando sana de mi cuerpo y estando en mi buen juizio natural tal que a Dios Nuestro Señor Ihesu Christo le plugo de me lo dar e temiendo la muerte que todo fiel cristiano deve temer creyendo firmemente en la Santa Trinidad que es Padre e Hijo y Espíritu Santo que son tres personas e un solo Dios verdadero, hordeno este mi testamento e postrimera voluntad a servicio de Dios, mi Señor Ihesu Christo e de la bienaventurada virgen gloriosa Santa María, su madre, a la qual tomo por mi abogada con toda la corte celestial e quiera alcançar que su hijo Ihesu Christo aya misericordia e piedad de mi ánima quando de estas carnes pecadoras saliese e la quiera rreçebir e llevar al su santo rreyno del paraíso, amén.
Primeramente mando mi ánima a mi Señor Ihesu Christo que la crió e rredimió por su preçiosa sangre que derramó en la santa vera cruz por salvar todo el umanal linaje y el cuerpo a la tierra donde fue formado. Yten mando que quando fuere la voluntad de mi Señor Ihesu Christo de me llevar de esta presente vida que mi cuerpo sea sepultado en el monesterio de señora Santa Clara estra muros de la dicha villa de Cuéllar donde la señora abadesa e monjas e convento mandaren.
Yten mando que el dicho día de mi enterramiento me digan çinco misas en el dicho monesterio e me agan el dicho día de mi enterramiento segund e como lo suelen hazer con las rreligiosas, e les den doze libras de çera e quatro honças de ençienso e me lleven mi anal e den al dicho monesterio doze anegas de trigo e dos cántaras de vino para el dicho anal e quatro libras de çera. Yten mando que me digan en el dicho monesterio treinta misas de la pasión de mi Señor Ihesu Christo e me digan en el dicho monesterio nueve misas en onor de los nueve meses y mi señora la Virgen María e çinco a onor de las çinco letras de Nuestra Señora e site a onor de los site dones del Espíritu Santo e honze a onor de las honze mill vírgenes en el dicho monesterio. Yten mando que me digan las misas de Santo Amador en el dicho monesterio e den quatro libras de çera e una honça de ençienso e paguen por las dichas misas lo que es costunbre. Yten mando que den a las dichas monjas del dicho monesterio el día de mi enterramiento a cada una un rreal porque rrueguen a Dios por mi ánima. Yten mando que digan por el ánima de mi madre e de mi agüela en el dicho monesterio veynte misas en el dicho monesterio e por mi padre otras diez misas, que son treinta, e le paguen por cada una misa medio rreal e por mi marido me digan doze misas en el dicho monesterio e den para las dichas misas quatro libras de çera y de ençienso una honça. Yten mando que me entierren con el ávito de señora Santa Clara e paguen por él al dicho monesterio mill maravedís. Yten mando que me digan siete misas del destierro de Nuestra Señora e paguen por ellas medio rreal e den media libra de çera para ellas. Yten mando que en los nueve días me rrezen las rreligiosas del dicho monesterio las horas de la vida de Nuestra Señora, que no falte ningund día de se rrezar entre todas e den a cada una de las dichas monjas dies maravedís. Yten mando que me digan en el cabo del año çinco misas a onor de las çinco plagas de mi Señor Ihesu Christo e den media libra de çera para ello e les paguen las misas a medio rreal e den a cada una de las monjas para el dicho cabo de año medio rreal porque rrueguen a Dios por mi ánima.
Yten mando que si fallesçiere en el lugar de Hontalvilla que me traigan al dicho monesterio e venga el cura e sus sacristanes con mi cuerpo hasta el dicho monesterio e den al dicho cura tres rreales e de comer e a los sacristanes a veynte maravedís a cada uno e traigan tres honbres que vengan con ellos e se lo paguen. Yten mando que den a la yglesia de Santa Margarita un rreal para su hobra e a la yglesia de señor San Pedro del dicho lugar otro rreal para la dicha obra de la yglesia. Yten mando que me diga el cura del dicho lugar çinco misas en la yglesia de señora Santa Margarita e otras çinco en la yglesia de señor Sant Pedro en el altar de señor Sant Andrés e se las paguen a medio rreal e le den una libra de çera para las dichas misas e les paguen lo que es costunbre por el comer. Yten mando que den al dicho monesterio de señora Santa Clara, donde yo me mando enterrar, dos anegas de pan de rrenta, una de trigo y otra de çebada, para siempre jamás por que rrueguen a Dios por mi ánima e se lo den del pan que tengo de rrenta en el lugar del Campo, que es tierra de Maderuelo. Yten mando que si mi hija Francisca Vermúdez fallesçiere antes que tome estado de bebir que la entierren en el dicho monesterio donde yo me mando enterrar e le agan por su ánima otro tanto como yo mando en el dicho monesterio. Yten mando a Santa María la Mayor, donde rreçebimos olio crisma çinco maravedís e a la trenidad e rredençión de cavtibos cada çinco maravedís e a Santa Olalla de Barçelona otros tres maravedís e a todas las otras hórdenes acostunbradas a cada una un maravedí. Yten mando que den a mi hermana Ysabel Vermúdez, monja, quatro baras de paño blanco para una faldilla e çinco varas de lino para una camisa e mando que den a mi jija Beatris de Xaramillo otro tanto como a la dicha mi hermana. Yten mando que den a Ana de Peñaranda, mi hija, quinientos maravedís. Yten mando que den a mi hijo Pedro de Xaramilllo mill maravedís. Yten mando que qualquiera persona que viniere jurando ha esta dos rreales que se los devo que se los paguen e para conplir e pagar e executar este mi testamento e las mandas e legados en él contenidas establesco por mis testamentarios e caveçaleros al señor Alonso López, vicario, vezino de la villa de Cuéllar e a Juan Sedeno, mi hermano, vezino de Navas Dolo e a Pero Vermúdez, vezino de la Caveçuela e a la señora abadesa del dicho monesterio e a mi hermana Ysabel Vermúdez, monja, a los quales e cada uno de ellos por si e yn soligum doy todo mi poder conplido bastante segund que yo lo he para que se apoderen todos mis bienes e los vendan e rrematen en pública almoneda o fuera de ella como a ellos bien bisto fuere hasta ser conplido este dicho mi testamento e las mandas e legatos en él contenidas e aní conplido dexo por mi universal heredero a mi hija Francisca Vermúdez, hija de Pedro de Xaramillo para que herede todos mis bienes muebles e rrayzes que quedaren e fincaren conplida mi ánima e las mandas en él contenidas, rreboco e anulo e caso e doy por ninguno qualquier testamento o testamentos o codeçillio o manda o mandas que yo aya echo hasta el día de oy, agora sea por escritura agora por palabras, las quales quiero que me non valgan en juizio nin fuera del salvo este que agora fago e si no valiere por mi testamento quiero que valga por mi codeçillio e si no valiere por mi codeçillio quiero que valga por mi húltima e postrímera voluntad como mejor puede e debe valer de derecho en firmeza de lo qual otorgué esta carta de testamento e postrímera voluntad ante Garçia de Lezcano, escrivano público de la dicha villa de Cuéllar, estando en el dicho monesterio de señora Santa Clara a veynte e çinco días del mes de mayo año del nasçimiento del nuestro señor e salvador Ihesu Christo de mill e quinientos e veynte e seys años, testigos que fueron presentes, llamados e rrogados para ello, fray Juan de Herrera e fray Juan de Velásquez frailes de señor San Francisco e Bernaldino de Penilla e Hernando de Rrivera e Antonio de Rrivera e Pedro de Santa Clara, vezinos de la dicha villa. Fray Juan de Herrera / fray Juan de Velásquz / Bernaldino de Penilla / Hernando de Rrivera/ va testado do diz y e do diz no le enpesca. E yo Garçia de Lezcano, escrivano rreal e público, uno de los del número de la dicha villa de Cuéllar a merçed del duque mi señor, fuy presente a todo lo suso dicho en un con los dichos testigos e de rruego e otorgamiento de la dicha Mari Vermúdez fize escrevir esta carta segund que está asentada e otorgada en mi rregistro, por ende fize aquí este mio sino a tal en testimonio de verdad. Garçía de Lezcano, escrivano.

 
E yo Francisco Beltrán, notario apostólico doy y fago fee como en primero día del mes de hebrero de mill e quinientos e veynte e siete años, la señora Mari Vermúdez no rrevocando su testamento que ante Lezcano, escrivano, tiene echo más antes dexándole por fuerte e firme e valedero otorgó e hizo este codeçillio en la manera que se sigue
Digo que por quanto yo en el dicho testamento obe mandado que quando Dios Nuestro Señor me llevase de este mundo diesen a mi hermana Ysabel Vermúdez, monja en Santa Clara de Cuéllar, quatro baras de paño y çinco baras de lienço y agora es defunta mando que las den a mi hermana la de Guzmán, que bibe en Sepúlveda, y ansi mismo ove mandado en el dicho testamento que se den a las dichas monjas dos fanegas de pan de rrenta que yo tengo en el Campo, tierra de Madereuelo, agora mando y es mi voluntad que den a las dichas monjas dos mill maravedís en dineros y las dichas dos anegas sean para mi heredero y estos dos mill maravedís no de rrenta sino una vez pagados y no más, y en lo demás mando y es mi voluntad, que el dicho testamento sea cunplido segund en él se contiene eçebto esto que dicho tengo en este codeçillio y ansi quiero que valga como mi postrímera voluntad y para todo lo que dicho es rruego a Juan de Bartolomé Sánchez y a Frutos el herrero y a Pero Benito y a Frutos Sacristán y a Juan Martín, vezinos del dicho lugar de Hontalvilla que de ello sean testigos y a vos, el dicho notario, que lo escrivays de vuestra mano y lo firmeys de vuestro nonbre de manera que aga fee e yo, el dicho notario, a rruego de la sobredicha Mari Vermúdez lo escrivy y presente fui en uno con los dichos testigos a todo lo
Documento incompleto.
Transcripción realizada por Julia María Montalvillo García

 

 

ALONSO GÓMEZ DE ENCINAS

No es muy conocida ni se le hadado una justa importancia a la vida del cuellarano Alonso Gómez de Encinas, a pesar de que el Cronista de la Villa, Balbino Velasco, le dedica las notas suficientes, en su Historia de Cuéllar, como para que la vida de este hombre, lograra un lugar preferente entre tan destacados y señalados que la misma ha dado para Cuéllar.
El Padre Alonso Gómez de Encinas había nacido en Cuéllar "circa" a 1.575 en torno a esas décadas finales del siglo XVI en que la Villa era un emporio, cuando artistas de "escuela" como la de Pedro de Bolduque y o la de los Maldonado servían la muy significada demanda de iglesias, conventos, nobles y sobre todo, de la Casa Ducal, marco florido pues, que propiciaba el acercamiento al mundo de los estudios, en la casa que fundara Gómez González, el Estudio de Gramática, señalando que al mismo podían acceder nobles y pueblo llano, no sólo de la Villa, sino de toda la Tierra. En ese ambiente siempre acrecentado por un abundante sector clerical, secular y regular, que tenían el gran privilegio de saber leer y escribir y que acercarían sus saberes a aquellas gentes humildes que mostraran buenas maneras para los estudios y adquisición de saberes. Según Balbino Velasco, es probable que Alonso Gómez de Encinas naciera en el barrio de San Andrés, pues en una nota marginal del libro de "Bautizados, desposados y difuntos" de la parroquia de San Andrés, se hace referencia a un tal Pedro de Encinas, difunto en 1.616, como "padre del mártir fray Alonso" En la misma nota se advierte de su condición social: pobre.
En este ambiente, un Alonso de Encinas cursó sus primeras letras, como tantos cuellaranos, en el Estudio de Gramática, para después estudiar en Salamanca desde donde pasó al convento de Mercedarios de Valladolid donde hizo su carrera conventual y donde fue ordenado sacerdote. De nuevo en Salamanca, aparece matriculado el curso 1597-98 como fray Alonso Gómez, presbítero, teólogo.. Según fray Guillermo Vázquez, en su obra "Mercedarios ilustres" (Revista "La Merced",1932) en el curso 1599-1600 figuraba al frente del Colegio propio como presbítero, teólogo, vicario de tercer año. Pedro Nolasco Pérez, en su obra "Religiosos de la Merced que pasaron a la América española " (Sevilla, 1914), sigue el rumbo de nuestro Alonso que en 1609 pasó a Nueva España, como secretario y predicador, con el vicario general Antonio de Mendoza; Alonso Gómez figura en el registro de pasajeros en Sevilla como " de unos cuarenta y cuatro años, alto, lampiño y tres lunares en el carrillo derecho". Pasados seis años del mandato del vicario, no quiso regresar a España y pidió que le consagrasen a las misiones entre los indios. Fue nombrado doctrinero de la isla de Puná, en la bahía de Guayaquil, del Virreinato del Perú, hoy en Ecuador. Los habitantes de la isla eran muy temidos (eran antropófagos) y sembraban el terror en las costas vecinas. En torno al 1624, llegó a estas costas el pirata holandés Jacobo L´Hermite que había atravesado el estrecho de Magallanes con doce navíos, asolando las costas españolas del Pacífico. Intentó asaltar Guayaquil, en la Bahía de su nombre, y al no conseguirlo por la defensa que se encontró, el corsario se retiró habiendo sufrido grandes pérdidas, y en su retirada recaló en la isla de Puná que está en la boca de la Bahía. El pirata desembarcó el 2 de Junio de 1624 haciendo huir a sus habitantes aterrorizados por la crueldad de sus métodos. Fray Alonso, enfermo, sufrió cruel martirio por parte de los piratas que abrieron sus entrañas para buscar en ellas la Eucaristía. Fue el día de san Antonio de 1624. El 10 de Julio la Audiencia de Quito daba cuenta detallada de lo sucedido al rey Felipe IV.
Al año siguiente, prueba de la repercusión que tuvieron los hechos, fray Alonso Remón, célebre maestro y poeta de aquellos tiempos, publicó su "Relación verdadera del martirio que dieron los herejes al observante y religioso varón Fr. Alonso Gómez de Encinas, religioso de la Orden de Nuestra Señora de la Merced y natural de la Villa de Cuéllar" (En Madrid, por Diego Flamenco, año 1625. Reproducido en el Boletín de la Orden en febrero de 1914).
Al final de la relación, se incluye un poema-romance que, entendiéndolo como obra literaria de su tiempo (barroco), transcribo aquí para conocimiento de propios y extraños, por su curiosidad en el contenido y narración de los hechos acontecidos al fraile mercedario:
"El día que el grande Antonio
que ilustró su nombre a Padua
goza el triunfo que la Iglesia
le da con su fiesta santa,
este año de veinte y cuatro
un jueves por la mañana
enemigos de la fe
cercan las islas indianas.
Sobre la isla de Puná
armados en tropa saltan
cuadrillas de gelandeses
y otros herejes de Holanda,
no tan blandos como ella,
de más ásperas entrañas,
más fieros y más crueles
ciegos como están sus almas.
Buscaban estos en Puná
el Papaz, que así le llaman,
al que bautiza y confiesa,
el predica almas cristianas.
Era un santo religiosos
aquel que allí ministraba
aquellos indios bozales
ganando para Dios almas.
Del Orden de la Merced,
Fray Alonso se llamaba
y sobre Gómez Encinas
y Cuéllar era su patria.
Profesó en Valladolid,
de allí pasó a Nueva España
de Nueva España a esta isla
que el Pirú Puná llaman.
Cuando entraron los herejes
enfermo estaba en la cama
retirose como pudo
y escondiose en la montaña.
Engañaron a los indios
con sus melosas palabras
los embusteros herejes
y así donde está declaran.
Y vendiéronle como Judas
que se pareció esta causa
al discípulo engañoso
pues éste los enseñaba.
Asiéronle los herejes
y tras de muchas puñadas
le abrieron todos los pechos
y sacaron las entrañas
Padecía el santo mártir
con paciencia soberana
y rogaba por aquellos
que la vida le quitaban.
¡Dichosa su religión
y venturosa su patria!,
y a Dios que le hizo suyo
se den infinitas gracias.
Al parecer, su imagen llegó a recibir culto algunos años en la iglesia de la Merced de Barcelona.
Según Balbino Velasco, han llegado hasta nosotros dos representaciones de Fray Alonso, una, actualmente en paradero desconocido, se ubicaba en un cuadro en la sacristía de la parroquia de San Miguel, pero de la que se conserva una fotografía. La otra representación se trata de un grabado que realizó Alardo de Popma para la obra de Alonso Remón Predicador y cronista de la Orden que estaba dedicada al Duque Don Francisco de la Cueva del Consejo de Estado de su Majestad y reza: "Este es el verdadero retrato del glorioso Mártir Fray Alonso Gómez de Encinas de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, natural de la Villa de Cuéllar. Padeció a 13 de Junio de 1624".
Por último, encuentro esta referencia de Alonso Pérez Pimentel, historiador ecuatoriano, que no he visto publicada en ningún otro lugar y que estimo muy interesante para ir completando la historia vital de fray Alonso :

SACERDOTE.- En 1.624 una balsa indígena que salía del Golfo de Guayaquil divisó a la flota pirata de Jacobo L'Hermite Clerk que estaba entrando y se regresó a dar la alarma a los pobladores. La escuadra de L'Hermite nueve meses bloqueaba el puerto de Callao, pero destacaba flotillas, a los sitios más cercanos del Pacífico, en busca de presas.
Nuestro puerto estaba empobrecido porque no podía exportar cacao pero el Corregidor Diego de Portugal y Botti tomó las medidas del caso y se aprestó a la defensa, sacando a las personas inhábiles, las joyas y demás objetos de valor, entre los que se encontraban 250.000 pesos del erario fiscal. "Luego improvisó trincheras, dispuso a su gente y esperó".
Mientras tanto los piratas hacían horrores en la Puná donde asaltaron un barco y echaron por la borda a los tripulantes, amarrados por las espaldas y de dos en dos para que no pudieran nadar y se ahogaran. Además incendiaron tres buques, saquearon las casas, quemaron la iglesia y se robaron todo cuanto pudieron encontrar de algún valor. De manera que con esta invasión pirática desapareció todo rastro de civilización en la Isla, que fue abandonada desde entonces. Al anciano cura mercedario que se había ocultado en el bosque, lo martirizaron sacándole las entrañas cuando aún estaba vivo. Este valeroso sacerdote, cuyo proceso eclesiástico se inició después, es un desconocido en la historia de nuestra ciudad y merece ser recordado. Su vida fue como sigue:
"Fray Alonso Gómez de Encinas era natural de la Villa de Cuellar, diócesis de Segovia, Castilla la Vieja, en España, hacia 1.564; se educó en la Universidad de Salamanca, fue presbítero en 1.597 y profesó en el convento mercedario de Valladolid, viajando al nuevo mundo a fines del siglo XVI con el ánimo de ganar almas para la fe de Cristo. "Huía de las ciudades y villas que estaban muy pobladas y gustaba pasar sólo en partes donde no hubiesen más que indios rústicos que catequizar, bautizar y atraer al gremio de la Iglesia. Fue de los trece presentados por el maestro General de Quito y en 1.600 continuaba allí asistiendo a las Juntas convocadas por el padre Fray Andrés de Solá.
En la Puná encontró amplio campo para su doctrina y obtuvo del Provincial de Quito que lo mandase a esa isla, donde vivió casi un cuarto de siglo en apostólicas labores. En 1.624 era un anciano querido y venerado de los naturales, cuando arribaron los piratas holandeses capitaneados por un tal Chermicio. Encina se metió a lo montuoso con sus indios y aunque los holandeses entraron a buscarle no pudieron hallarlo porque estaba muy retirado. Entonces la capital de la isla era la población de Bou hoy conocida como Puná vieja, situada muy cerca de la actual Puerto Roma, en el canal de Jambelí, donde abundan las ciénagas y los manglares que dificultan cualquiera marcha.
Los holandeses, viendo que no podían hallarle, trataron de atraerse a los indios dándoles cosas de comer y cuando los tenían pacíficos, les pidieron que enseñen el sitio donde estaba escondido el "papa ", porque él los había engañado y querían castigarlo y quitarle la vida. Los muy bárbaros dieron fáciles oídos a tales mentiras y fueron al lugar donde estaba el Padre Encinas, a quien hallaron muy flaco y enfermo y puesto de rodillas en oración, rogando a Dios y así que le vieron sus enemigos, le echaron mano y empezaron a burlarse de él, maltratándolo de palabra y obra.
Uno de ellos le preguntó si era sacerdote y él respondió que sí, que era "hijo obediente de la Iglesia Católica Romana y religioso de la Orden de nuestra Señora de la Merced, confesor y predicador de la Ley evangélica" y aquí la cólera les subió de punto a los holandeses que se las traían con los católicos, por los muchos crímenes que habían cometido en las guerras de Flandes, entre las tropas de Guillermo de Nassau y los tercios de Felipe II y volviéndose a los indios les decían, que Encinas era un engañador y otras cosas más que no vienen al cuento, tras lo cual, el más atrevido pirata sacó un puñal y cogiéndole al padre exclamó:
"Estos cada día se comen a su dios, saquémosle de la barriga, que allí le tiene" y ayudado por los otros le abrieron desde la garganta hasta el vientre, echando fuera las tripas y por último le arrancaron el corazón en medio de una atroz agonía. Así fue su martirio. El Padre Encinas murió invocando el nombre de Jesús y el de María, según lo relataron los indios al Padre Pedro de Mendoza, enviado semanas después por el Provincial de la Orden, a enterrar el cadáver del mártir, en cristiana sepultura.
Enseguida se hizo una extensa relación de todo lo acontecido, "que sirvió para que durante años recibiera el culto público en varias iglesias de la Orden en España, donde se veneraba como mártir, de cuya acción existen efigies y pinturas del Padre Encinas", pero después la Iglesia revisó la lista de mártires y retiraron a este Patrono de la Isla Puná y personaje histórico de olvidada memoria.
Una relación de su vida fue impresa en Madrid en 1.625 por su autor Diego Flamenco; era alto de cuerpo, completamente lampiño y con tres lunares en el carrillo derecho, alto y cenceño y de buen talante sin ser hermoso".
Datos, todos estos, como para volver sobre la historia de este cuellarano, del que, ciertamente, no sé cómo sigue su proceso de beatificación. Estimo que la Parroquia de Cuéllar y el Obispado de la diócesis, estarán al tanto de ese proceso que desde su proclamación de "Venerable", concluiría en su designación como "Beato", y quizá, en su día, como Santo.
JUAN CARLOS LLORENTE MÍNGUEZ. (Licenciado en Historia).




1390, JUAN I DE CASTILLA CONCEDE DOS FERIAS ANUALES A LA VILLA DE CUÉLLAR



Mañana, 1 de mayo, Cuéllar protagonizará un suceso ancestral, que data de 1390, su Feria. Esta feria tenía lugar el fin de semana siguiente a Semana Santa, su lugar de celebración era el mismo que el actual, la explanada que precede al Castillo - Palacio de los Duques de Alburquerque, conocido popularmente como "El Ferial", término que desgraciadamente se está perdiendo. Hasta el domingo día 4 los feriantes nos ofrecerán sus productos de alimentación, industria y servicios, mueble, automoción, artesanía, antigüedades... todo lo que ustedes se puedan imaginar.
En un principio, Juan I de Castilla, concedió dos ferias anuales que se celebrarían una el 20 de mayo y la otra el 8 de octubre, aún conservamos fotografías de esa feria de octubre, llamada la feria del ganado, publicadas por la Asociación Cultural Peña La Plaga, en el libro que rindió homenaje a Rafael "el fotógrafo". Esta feria perdió su sentido con la mecanización del campo y la sustitución de los carros por los coches. Por eso hoy queremos dar a conocer el documento que acredita su antigüedad.
El original, de 5 de septiembre de 1390, resulta ilegible, debido a que un "listillo", catedrático para más señas, tuvo la genial idea de pasarle un reactivo (zumo de limón), para ver mejor lo que ponía, el resultado fue que nos queda un pergamino emborronado, ilegible, pero que conserva su sello de plomo colgando de hilos de seda. 
 






 










Lo que contenía lo conocemos de la confirmación del privilegio que hace su nieto, Juan II, y que es el que transcribimos a continuación.




1444, marzo, 11. Fuente el Saz.

 In Dey nomine, amen. Sepan quantos esta carta de preuillegio vieren cómmo yo, don Iohán, por la graçia de Dios rrey de Castilla, de León, de Toledo, de Gallizia, de Seuilla, de Córdoua, de Murçia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira e señor / de Vizcaya e de Molina, vi vna carta de preuillegio del rrey don Iohán, mi abuelo, que Dios dé santo Paraíso, escripta en pargamino de cuero e firmada de su nonbre e sellada con su sello de plomo pendiente en filos de /3 sseda a colores, e en las espaldas dél señalado de çiertas señales e rúbricas. E otrosí vi vn mi alualá escripto en papel e firmado de mi nonbre e señalado en las espaldas de algunos de los de mi Conseio, los / quales dichos preuillegio e alualá son fechos en esta guisa:

            En el nonbre de Dios e de la bienauenturada Virgen Santa María, su madre, amen. Sepan quantos esta carta de preuillegio vieren cómmo nos, don Iohán, por la graçia de Dios rrey de Castilla, de León, de Portugal, de Toledo, de Gallizia, de Seuilla, de Córdoua, / de Murçia, de Jahén, del Algarbe, de Algezira, e señor de Vizcaya, rregnante en vno con la rreyna doña Beatriz, nuestra muger, e con el prínçipe don Enrrique, nuestro fijo prim[er]o heredero, en los rregnos de Castilla e de León. Por fazer bien e merçet a vos, el conçeio e alcaldes e alguazil e ofiçiales e omes buenos de la villa de Cuéllar, /6 porque nos enbiastes pedir por merçet e porque la dicha villa sea más honrrada e meior poblada, tenemos por bien e es nuestra merçet que ayades dos ferias en cada año en la dicha villa, e que se fagan la vna a veynte días andados del mes de mayo; e la otra, a ocho días andados del mes de otubre de cada año; e que / dure cada vna dellas veynte días. E que sean aforadas las dichas ferias de la dicha villa de Cuéllar e cada vna dellas segunt que lo es (sic) las ferias de la villa de Valladolit; e que todos los omnes e mugeres, christianos e judíos e moros que vinieren e fueren o enbiaren a las dichas ferias qualesquier mercaderías / e cosas, que vengan saluos e seguros e que non sean presos nin prendados por deudas que deuan de vn conçeio a otro nin de vn lugar a otro o de vna persona a otra por cartas de obligaçiones desaforadas que sobre ellos tengan o ellos ayan fecho sobre sí, de qualequier quantías de maravedís e pan e vino e paño, nin por /9 otras cosas qualesquier que deuan o ayan a dar en qualquier manera e por qualquier rrazón, saluo si las dichas debdas o alguna dellas fueren de los maravedís de las nuestras rrentas e pechos e derechos qualesquier que nos ayamos de auer e los de los nuestros rregnos nos ayan a dar en qualquier manera. Otrosý / por vos fazer más bien e más merçet es nuestra merçet que ayades e vos sean guardadas todas las franquezas e libertades que han e son guardadas a las personas que vienen o van o enbían qualesquier cosas a las dichas ferias de Valladolit e segunt se contiene en el preuillegio e cartas que la dicha villa de Valladolit en / esta rrazón tiene, non faziendo perjuizio a las dichas nuestra rrentas e pechos e derechos. E sobre esto mandamos a vos, los dichos alcalldes e alguazil e a otros ofiçiales qualesquier de la dicha villa de Cuéllar, e de todas las otras çibdades e villas e lugares de los nuestros rregnos, que vos guarden e cunplan /12 esta dicha merçet que vos nos fazemos e que non sean ossados de vos yr nin pasar contra ella nin contra parte della, agora nin de aquí adelante, en qualquier tiempo nin por qualquier rrazón. Ca si non, qualquier o qualesquier que contra ello o contra parte dello fuesen o passasen, avrían la nuestra yra e demás pechar/nos ýan en pena por cada vegada que contra ello fuesen o passasen seys mill maravedís para la nuestra cámara; e a vos, el dicho conçejo de la dicha villa, o a vuestro procurador en vuestro nonbre, e a todas las otras personas a quien ge lo quebrantasen todas las costas e dampnos e menoscabos que por esta rrazón vos rrecresçiesen, doblados; / e demás a los cuerpos e a lo que han nos tornaríemos por ello. E esto que lo fagan e fagades así pregonar públicamente porque todos sean sabidores de las dichas ferias e vengan seguros a ellas e las guarden segunt dicho es. E el dicho pregón fecho, qualquier o qualesquier que las dichas ferias e caminos quebran/15taren, que passedes contra ellos e cada vno dellos e contra sus bienes a las mayores penas que falláredes por fuero e por derecho e por hordenamiento, e los escarmentedes en tal manera que otros algunos non se atreuan a lo fazer. E los vnos e los otros non fagan ende ál, e si non por qualquier o qualesquier por quien fincare / de lo así fazer e conplir, mandamos al omne que vos esta nuestra carta mostrare que vos enplaze que parescades ante nos, en la nuestra corte, del día que vos enplazare a nueue días primeros siguientes, so las dicha pena a cada vno, a dezir por quál rrazón non cunplen nuestro mandado. E de cómmo esta nuestra carta vos fuere mostrada e los vnos e los / otros la cunpliéredes, mandamos, so la dicha pena, a qualquier escriuano público que para esto fuere llamado que dé ende al que vos la mostrare testimonio signado con su signo, porque nos sepamos en cómmo conplides nuestro mandado. E desto vos mandamos dar esta nuestra carta de preuillegio escripto en pargamino de cuero, en que /18 escreuimos nuestro nonbre, e sellado con nuestro sello de plomo pendiente.

            Dada en la çibdat de Segouia, çinco días de setienbre, año del nasçimiento de nuestro saluador Ihesu Christo de mill e trezientos e nouenta años.

            Nos, el rrey.

            Yo, Gutier Días, la escreuí por mandado de nuestro señor el rrey.

            Rregistrada.

            Yo, el rrey, fago saber a vos, el mi chançeller e notarios, e a los otros mis ofiçiales que están a la tabla de los mis sellos, que por parte de la villa de Cuéllar, me fue fecha rrelaçión en cómmo la dicha villa tiene çiertos preuillegios dados por los rreyes de gloriosa memoria, mis progenitores, de çiertas merçedes e franquezas; e dizen que se rreçelan que vos/otros non les queredes dar nin librar nin pasar nin sellar mis cartas e preuillegios de confirmaçión, diziendo que es pasado el tiempo por mí limitado para les ser dada la tal confirmaçión. E pidiéronme por merçet que sobre ello les proueyese como la mi merçet fuese, e yo tóuelo por bien. Por que vos mando que veades los dichos /21 preuillegios, e si tales son que meresçen auer confirmaçión, les dedes e libredes e passedes e selledes mis cartas e preuillegios de confirmaçión en la manera e forma común acostunbrada, non enbargante que el tiempo por mí limitado para las tales confirmaçiones sea passado. Non fagades en ál.

            Fecho diez e siete / días de setienbre, año del nasçimiento del nuestro señor Ihesu Christo de mill e quatroçientos e quarenta e tres años.

            Yo, el rrey.

            Yo, el bachiller Diego Días de Toledo, lo fize escreuir por mandado de nuestro señor el rrey, con acuerdo de los del su Conseio.

            Episcopus Cauriensis. Pedro. Don Ferrnando. Petrus, legum doctor. Iohannes li/çençiatus. Rregistrada.

E agora el dicho conçejo e alcaldes e alguazil, ofiçiales e omnes buenos de la dicha villa de Cuéllar enbiáronme pedir por merçet que porque meior e más conplidamente les valiese e fuese guardada la dicha carta de preuillegio del dicho rrey don Iohán, mi abuelo, que Dios dé santo Paraíso, /24 e lo en ella contenido, que ge la confirmase e aprouase, e sobre ello les mandase dar mi carta de preuillegio de confirmaçión escripta en pargamino de cuero e sellada con mi sello de plomo. E yo, el sobredicho rrey don Iohán, por les fazer bien e merçet, tóuelo por bien. E por esta mi carta de preuillegio confir/mo e aprueuo al dicho conçejo e alcaldes e alguazil, oficiales e omnes buenos de la dicha villa de Cuéllar la dicha carta de preuillegio del dicho rrey don Iohán, mi abuelo, suso encorporada, e todo lo en ella contenido, e cada cosa e parte dello. E mando que les vala e sea guardado para agora e para sienpre / jamás, segunt que meior e más conplidamente les valió e fue guardado en tienpo del dicho rrey don Iohán, mi abuelo, e del rrey don Enrrique, de esclaresçida memoria, mi padre e mi señor, que Dios dé santo Paraíso, e en el mío fasta aquí. E defiendo firmemente que alguno nin algunos non sean ossados de les yr /27 nin pasar contra la dicha carta de preuillegio, nin contra lo en ella contenido, nin contra alguna cosa nin parte dello, por ge lo enbargar o menguar, agora nin en algunt tienpo, por alguna manera que sea o ser pueda. Ca qualquier o qualesquier que lo fiziesen o tentasen de fazer, non les valdría e avrían la mi / yra; e a sus cuerpos e a lo que touiesen me tornaría; e demás pecharmeýan la penas en la dicha carta de preuillegio contenidas; e al dicho conçejo e alcaldes e alguazil, ofiçiales e omnes buenos de la dicha villa de Cuéllar, o a quien su boz touiese, todas las costas e dampnos e menoscabos que por / ende rresçibiesen, doblados. Sobre lo qual todo que dicho es e sobre cada cosa dello, por esta mi carta de preuillegio, o por el traslado della, actorizado en manera que faga fee, mando al prínçipe don Enrrique, mi fijo primogenito, heredero en los rregnos de Castilla e de León, e a los ynfantes, duque e al mi justiçia ma/30yor, e a los del mi Conseio e oydores de la mi Audiencia, e condes e perlados, maestres de las hórdenes e priores, adelantados e rricos omnes, e a los alcaldes e alguaziles e otras justiçias qualesquier de la mi casa e corte e chançellería, e a los comendadores e subcomendadores, alcaides de los castillos e / casas fuertes o llanas, e otros aportellados qualquesquier, e a todos e qualesquier conçejos e corregidores e alcaldes, alguaziles, merinos, rregidores, caualleros, escuderos e ofiçiales e omnes buenos de todas e qualesquier çibdades e villas e logares de los mis rregnos e sseñoríos, ansí a los que / agora son commo a los que serán de aquí adelante, e a qualesquier vasallos míos e otras personas qualesquier, mis súbitos e naturales, de qualquier estado, condiçión, preheminençia o dignidat que sean, e a cada vno dellos, que ge lo non consientan, antes que guarden e cunplan lo que dicho es, e cada cosa /33 dello e defiendan e anparen en todo ello al dicho conçejo, alcaldes, alguazil, ofiçiales, omes buenos de la dicha villa, o a quien su boz touiere; e que prenden en bienes de aquel o aquellos que contra ello e contra parte dello fueren o pasaren por las dichas penas, e las guarden para fazer dellas lo / que la mi merçet fuere; e que emienden e fagan emendar al dicho conçejo, alcaldes, oficiales, omes buenos de la dicha villa de Cuéllar, o a quien su boz touiere, de las dichas costas e dampnos e menoscabos que por ende rresçibieren, doblados, segunt dicho es. E los vnos nin los otros non fagades ende ál / por alguna manera, so pena de la mi merçet e de las penas suso dichas e de diez mill maravedís de la moneda vsual a cada vno por quien fincare de lo ansí fazer e conplir. E mando al omne que les esta mi carta de preuillegio mostrare, o el dicho su traslado signado commo dicho es, que los enplaze que parescan ante mí, /36 en la mi corte, del día que los enplazare fasta quinze días primeros siguyentes, so las dichas penas a cada vno, a dezir por quál rrazón non cunplen mi mandado. So las quales mando a qualquier escriuano público que para esto fuere llamado que dé dello testimonio signado con su signo, porque yo sepa en commo / se cunple mi mandado. E desto les mandé dar esta mi carta de preuillegio, escripta en pargamino de cuero e sellada con mi sello de plomo pendiente en filos de seda a colores.

Dada en la Fuente del [Sauz], honze días del mes de março, año del nasçimiento del nuestro saluador Ihesu Christo de mill e quatro/çientos e quarenta e quatro años.

Yo, Iohán Sánchez de Valladolid, escriuano del dicho señor rrey, lo ffize escriuir por su mandado.

Iohannes legum doctor. Iohannes liçençiatus.

Rregistrada.

Julia María Montalvillo García, Archivera - Directora de la Fundación Archivo Casa Ducal de Alburquerque y coautora de la "Colección Documental de Cuéllar" (Cuéllar.-2010)







EL BLASÓN DE LOS CUEVA Y SUS UBICACIONES EN CUÉLLAR


Dentro del ciclo de conferencias que ha organizado la Fundación del Archivo de la Casa Ducal de Alburquerque, el pasado día 22 de marzo impartí la que se titulaba "El blasón de los Cueva y sus ubicaciones en Cuéllar". Tras hacer un estudio sobre el origen de las armas que lleva: "dos bastones o palos de gules (rojo) en campo de oro (amarillo) y en punta una  sierpe de sínople (verde) saliendo de una cueva; la sierpe lleva una cola con ocho espadas de oro en campo de gules",  pasé a hacer un análisis puntual de los escudos que se ubican en la Villa, cuya considerable  cifra asciende a 92, siendo 300 las piezas heráldicas que se conservan repartidas en el conjunto histórico cuellarano. La distribución y situación, según mi trabajo, es la siguiente:
CASTILLO PALACIO:  de un total de 54, 25 ostentan las armas de los Cueva.
EN LAS MURALLAS Y ARCOS DE LAS MISMAS: 8 llevan armas de los Cueva
CASONAS, IGLESIAS Y  ALMACENES MUNICIPALES: 15 ostentan armas de los Cueva
EXCONVENTO DE SAN FRANCISCO:  8, además hice una reseña de los que conocemos procedentes de la iglesia y claustro de San Francisco  que están fuera de su ubicación: Miami, castillo de Viñuelas de Madrid y otros lugares.

EN EL MONASTERIO DE SANTA CLARA: 34 piezas con las armas de los Cueva.
EN LA CASA Y PANERAS DEL DUQUE: 2, uno en la calle del Duque y otro en la de la Solana Alta.
EN TOTAL: 92.



Aunque hice una descripción de cada uno de los escudos, pues aunque sean de las mismas armas, cada uno tiene su peculiaridad en estilo, estado de conservación y datación, quizá los que más llamaron  la atención del público asistente,  fueron los dos de la Casa y paneras del Duque, ubicada en pleno casco histórico, cuyas armas se pueden describir así:
ESCUDO CUARTELADO BAJO CORONA DUCAL Y ARROPADO POR MANTO DE GRANDE DE ESPAÑA, ABRAZADO POR LA CRUZ DE LA ORDEN DE SANTIAGO; EN EL PRIMER CUARTEL, LAS ARMAS DEL CONDADO DE SIRUELA, EN EL SEGUNDO LAS ARMAS DE ENRÍQUEZ DE NAVARRA, EN EL TERCERO LAS ARMAS DE ESPÍNOLA Y EN EL CUARTO LAS ARMAS DE GUZMAN; EN EL ESCUSÓN (CENTRO DEL ESCUDO) LAS ARMAS DE LOS  CUEVA. EL ESCUDO ESTÁ ABRAZADO POR EL COLLAR DE LA ORDEN DE CARLOS III, Y ACOMPAÑAN SIMBOLOS  DE TROPA: TAMBORES, CAÑONES Y LANZAS.
El escudo fue mandado colocar por XIII Duque, Don Miguel de la Cueva, entre los años de 1788 y 1790.
El considerable conjunto de piezas, sin tener en cuenta las numerosas desaparecidas, nos dice claramente dónde, durante siglos, estuvo la Casa principal de los Duques de Alburquerque, capital de sus Estados y panteón mortuorio de la Familia: la Villa de Cuéllar.


D. Juan Carlos Llorente Mínguez, Licenciado en Historia del Arte y Vocal del Patronato de la Fundación Archivo Histórico de la Casa Ducal de Alburquerque.





TITVLO DE Marqués de la villa de Cadereyta de que el Rey Don Phelippe tercero nuestro señor hizo merced a Don Lope Díez de Aux Armendáriz, señor de la dicha villa y su Palacio y Fortaleza
AÑO 1617


DON PHILIPPE TERCERO DESTE NOMBRE POR LA GRACIA DE DIOS REY DE Castilla, de León, de Aragón, de las dos Sicilias, de Ierusalem, de Portugal, de Nauarra de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galizia, de Mallorca, de Seuilla, de Cerdeña, de Córdoua, de Córcega











de Murcia, de Iaën, de los Algarbes, de Algezira, de Gibraltar, de Las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Occidentales, Islas y Tierra firme del Mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brauante y de Milán, Conde de Habspurg, de Flandes, de Tyrol y de Barcelona, Señor de Vizcaya y de Molina, etcétera.

POR HAZER BIEN Y MERCED a vos DON LOPE DIEZ DE AVX Armendáriz, Cauallero de la Orden de Santiago, nuestro Gentilhombre de la boca, y  General de la nuestra real Armada de la guarda de las Indias. Teniendo consideración a vuestra calidad y a lo que todos vuestros pasados han seruido a los señores Reyes 







nuestros predecessores en los officios de Coperos y Cauallerizos y Mayordomos mayores y Iusticias en los nuestros Reynos de Nauarra y Aragón, de de Capitán general de las dichas fronteras y de los dichos Reynos: y a lo que vuestro padre siruió de Presidente, Gouernador y Capitán General de nuestro Nueuo Reyno de Granada: y a los muchos buenos y agradables seruicios que vos nos aueys hecho desde vuestra tierna edad con entera satisfación mía; y en alguna enmienda y remuneración de ellos, y muestra de la voluntad que tenemos de fauorecer, honrar y sublimar vuestra persona. Tenemos por bien que ahora y de aquí adelante os podays y puedan llamar e intitular y os llameys e intituleys y llamen e intitulen, y os hazemos e intitulamos MARQVES de la Villa de CADEREYTA en nuestro Reyno de Nauarra según y como y con las calidades, preeminencias y otras cosas de que gozan 



los demás Títulos de aquel Reyno
Y POR ESTA NVESTRA CARTA encargamos al Serenissimo Príncipe DON PHILIPPE mi muy charo e muy amado Hijo, y mandamos a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricoshombres, Priores de las Órdenes, Comendadores y Subcomendadores, Alcaydes de los castillos y casas fuertes y llanas y a los del nuestro consejo, Presidentes y oidores de las nuestras Audiencias, Alcaldes, Alguaziles de la nuestra Casa y Corte y Chancillerías, y a todos los concejos, Corregidores, Assistente, Gouernadores, y otros quales quier nuestros Iuezes y personas de qualquier estado, condición o dignidad que sean, nuestros vassallos súbditos y naturales, assi a los que ahora son, como a los que adelante fueren y a cada vno y qualquier dellos y al nuestro Virrey y Capitán general del nuestro Reyno de Nauarra, Regente



 y los del nuestro Consejo del, Alcaldes de la corte mayor y Oydores de nuestra Cámara de comptos reales y otros qualesquier ministros y oficiales del dicho nuestro Reyno ya todos los nobles varones, ricoshombres, caualleros, gentilhombres, hijosdalgo y a los Concejos, Alcaldes, Iusticias, Iurados y regidores de qualesquier ciudades, villas y lugares del dicho nuestro Reyno, y a qualesquier Tribunales, concejos y personas particulares que os ayan, tengan y llamen MARQVES de la dicha Villa de CADEREYTA y que os guarden y hagan guardar todas las honras, gracias, mercedes, franquezas, libertades, preeminencias, ceremonis y otras coas que por razón de ser MARQVES deueys hauer y gozar y os deuen ser guardadas. Todo bien y cumplidamente sin faltaros cosa alguna Y SI  dello quisieredes nuestra carta de priuilegio y confirmación mandamos a los nuestros concertadores y escriuanos mayores de los Priuilegios y confiermaciones y a los nuestros Mayordomo, chanciller y notario mayores y a los otros 


oficiales que están a la tabla de los nuestros Sellos que os la den, libren, passen y sellen la más fuerte, firme y bastante que lespidieredes y menester huuieredes. DADA en Aranjuez A Veintinueue De Abril, De Mil Seiscientos y Diez y Siete años.
Yo El Rey
Y Thomás de Angulo, secretario del Rey nuestro señor la fize scribir por su manado.
Registrada
Juan de Hugarte
Por chanciller
Juan de Hugarte
El Arçobispo de Burgos
Licenciado don Diego Lopez de Ayala
ElLicenciado Gil Ramires de Arellano
TITVLO de MARQVES de la Villa de Cadereyta a Don LOPE Díez de Aux Armendáriz

Transcripción de Julia María Montalvillo García

1 comentario:

  1. A/A de don Juan Carlos LLorente Mínguez.

    Estimado sr. Llorente:

    Me encuentro en este momento realizando un trabajo sobre la Heráldica de la iglesia de San Mateo, de Jerez de la Frontera. En dicho templo, en la Capilla Villacreces se encuentran dos escudos gemelos en los que aparecen las armas de los Villacreces (ajedrezado de quince) y de los de la Cueva. A fin de enriquecer el dicho estudio le agradecería me informase la datación de los escudos más antiguos de los de la Cueva que se conservan en la villa de Cuéllar, y asimismo los de mayor antigüedad conservados en documentación de la Casa de Alburquerque.
    Los escudos jerezanos pueden ser datados en los años 80 ó 90 del siglo XV, poniendo como tope más cercano el año 1502, en que Esteban de Villacreces testa y menciona la capilla.
    Un cordial saludo.

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